Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   El contagio del terrorismo     
 
 ABC.    24/06/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

planetario

EL CONTAGIO DEL TERRORISMO

El terrorismo es, ante todo, una enfermedad contagiosa. No hablo de esa enorme conspiración

internacional altamente tecníficada que desde hace anos sustituye a la guerra caliente, demasiado

amenazadora para que ningún gran Estado ose desencadenarlo, y a la guerra fría excesivamente costosa y

sólo por tal motivo sustituida por la coexistencia, y qu« viene a ser una miserable guerra de guerrillas a

escala planetaria. Me refiero, naturalmente, al terrorismo autárquico que en los últimoi tiempos sacude a

nuestro pobre país.

No podemos concebir las gentes normales el frío asesinato del señor Ybarra por sus secuestradores. No

entendemos qué´objetivo, condenable desde un punto de vista, pero positivo desde el de los que cometen

el acto, persignen con él. Se levanta ese país enterizo, lleno de personalidad, fundamentalmente honesto,

que es el País Vasco, Indignado contra una brutalidad que le repugna. Puede estar, lo está, una gran parte

del pueblo vasco al lado de quienes luchan por el establecimiento de unas nuevas condiciones dentro de la

diversidad española. E incluso fuera de ella. No está del lado de quienes asesinan, como se ha asesinado

al señor Ybari´a.

Digo esto por mi cuenta. No estoy anotando los resultados de un sondeo realizado por una de esas

entidades llamadas de (ímarketíng» capaces d« averiguas cuántos van a comprar tal cosmético o a votar a

tal coalición política. Digo esto porque conozco a los vascos, porque bay vascos en mi propia familia

castellana. Porque durante nuestra guerra civil convalecí en Vizcaya, recién ocupada por las tropas

nacionales, d* mis desventuras bélicas. Los vascos no son partidarios del crimen. Ni aun aquellos que

sean, y no pocos habrá, partidarios de la lucha cuando hayan perdido fe en la capacidad de justicia de las

instituciones.

Pero loa terroristas, aunque sean vascos, no lo son en el sentido norjnal, gentilicio, del vocablo Son

terroristas. Es decir, hombres contagiados, infectados de terrorismo. Sin darse cuenta, el terrorista acaba

por convertir el medio de que se vale en su lucha, el terror, en fin en si mismo. Ya no ie importa el

objetivo que inicialmente le sacó de la normalidad, le hizo abandonar su hogar,, le proyectó hacia la

violencia. Lo ha olvidado. Está esclavizado por sus actos. No puede liberarse de ellos. Por eso puede ser

amnistiado, pero es casi imposible que él sea capaz de amnistiar. El Injustificable asesinato del señor

Yharra lo demuestra. ¿Cómo puede admitirse esa tremenda violencia contra un solo individuo como

medio de lucha liberadora? ¿Cómo podría, tan siquiera, explicarse el acto, como culminación de un odio

personal, aue, de existir, lo despojaría de todo valor patriótico o clasista, para reducirlo a simple crimen

personal, individual?

Cuando en 189,1 un anarquista llamado Vaillant lanzó una bomba en la Cámara de los Diputados

francesa, su presidente, Dupuy, herido, ensangrentado, dijo: «Señores, continúa la sesión.» Ejecutado

Vaillant, poco tiempo después, Caserío, otro anarquista, asesinaba de una puñalada al presidente Carnot.

La explosión anarquista acabó por consumir su terrible onda explosiva. La sesión continuaba. Lo que no

puede hacer el terrorismo es que la sesión no continúe.— Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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