Autor: Crespo García, Pedro. 
   Socialdemocracia     
 
 ABC.    30/06/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

JUEVES, 30 DE JUNIO DE 1977. PAG. 6

SOCIALDEMOCRACIA

Por Pedro CRESPO

PESE a las indudables relicencias que la lógica acción aglutinadora de los

distintos partidos de la Unión

del Centro Ki despertado en algunos sectores políticos del país —especialmente

entre aquellos que no ven

con buenos ojos la creación de un partido fuerte que resulte representativo de

las tendencias sociales que

ansia este país—, el hecho cierto es que la unificación va por buen camino, con

la constitución da la

asamblea de parlamentarios.

Se trata, en suma, de estructurar sólidamente un contenido ideológico, del que

no estarán exentas las

líneas programáticas que conformarán la acción de la socialdemocracvt española.

No cabe pensar que el

hecho fundamental sea el del bautismo de un conglomerado de grupos políticos

afines. Es una cuestión

mucho más trascendental, tanto para el presente de este país como para su

futuro. En este sentido no

puede ignorarse \i voz del pueblo español, claramente expresada en las urnas,

que Índica su deseo y su

convicción de que España se convierta, por sus pasos, en una auténtica

democracia con fuerte contenido

social.

El Centro, gracias a \i presencia y al Impulso de AdolFo Suárez, pudo presentar

i>na opción clara para el

«lector, una opción renovadora que respaldaban distintos partidos de decidida

vocación socialdemócrata y

demócrata-cristiana, junto a otros de pura afirmación de una voluntad

democrática. £1 peligro que para la

coalición representaba su ausencia de unidad formal, de cohesión interna, era, a

la vez, su primer y

principal acicate para conseguirla.

Ahora todo indica que. dejando a un lado personalismos y posibles discusiones

sobre primarías en el

registro de denominaciones políticas, el conglomerado va a decantarse en un solo

grupo, en un único

partido. Los primeros pasos ya han sido dados y las líneas principales de la

estructura parecen

lógicamente establecidas.

Se pretende, en definitiva, un socialismo no marxista, un socialismo no

republicano, un socialismo que

pueda identificarse realmente en la práctica cotidiana con la Libertad y com

todas lao pequeñas y grandes

libertades que conforman ía existencia de los pueblos que viven en la

democracia; un socialismo que no

imponga al Estado ni el papel de un paternalismo trasnochado ni el autoritarismo

de un Estado

propietario; un socialismo que permita y que aliente las empresas mixtas, que

huya de f.is

nacionalizaciones a ultranza y que. en suma, considere a. los ´españoles en

posesión >Je sus derechos

para, manifestarse, para ser considerados individualmente como personas libres y

responsables.

Indiscutiblemente son muchas las diferencias y los desequilibrios a corregir,

tantas que no bastaría el solo

propósito de vivir en una democracia, como no basta el simple apelativo de

demócrata. Ambas

denominaciones necesitan del apellido. Democracia social, porque ése debe ser &u

principal acento, y

socialdemócratas por idéntica razón.

España sigue siendo el país con mayores desigualdades dentro del conjunto de la

O. C. D. E. Se calcula

—como no hace mucho subrayaba, con gallardo realismo uno de nuestros empresarios

más relevantes—

que en España el diez por ciento de la población de renta más alta percibe *•!

cuarenta por ciento de la

totalidad de la renta nacional, mientras en Francia e Italia, que nos siguen

entre los plises de la

organización con la distribución más desigual, la cifra equivalente es del

treinta por ciento. Y en los

Estados Unidos, el diez por ciento más afortunado de la población percibe el

veintisiete por ciento de la

renta nacional, en Gran Bretaña el veinticuatro por ciento, y en Suecia, el

veintiuno.

Junto £. estas desigualdades en lo económico hay otras que corregir en el ámbito

de lo social, en el canino

de la educación y en el de la cultura. Todo un mundo que debe evolucionar hacia

una sociedad más justa,

mas equitativa, pero sin revanchísmos ni autoritarismos, sin arbitrariedades

cometidas en nombre de lo

social.

Por todo ello, porque queremos una nueva sociedad y amamos la libertad por

encima de otras muchas

consideraciones, porque estimamos que la mejor vía para su consecución —con la

consiguiente

erradicación de injusticias e ineficiencias, con la implantación de una reforma

fiscal dictada desde

presupuestos cerebrales y no cardíacos y el logro de una redistribución que 110

tenga «nos costes sociales

y económicos que la hagan inviable— es la social demócrata, saludamos con

esperanza estos

prometedores indicios que apuntan a la próxima cristalización de un partido con

el que, estamos seguros,

se sentirán identificados y representados los más de los españoles de hoy y de

mañana.—P. C.

 

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