Libertad de enseñanza: la atacan simplificando     
 
 Ya.    07/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LIBERTAD DE ENSEÑANZA: LA ATACAN SIMPLIFICANDO

EL órgano oficial del PSOE, "El Socialista", acaba de publicar un editorial en el que se refleja cómo

interpreta este partido la campaña que un numeroso sector de la sociedad española viene desarrollando en

defensa de la "libertad de enseñanza". Creemos que hay dos momentos que resumen la tesis de dicha

postura. Uno, cuando dice: "Salta a la vista cuan pobre es la interpretación de la libertad de enseñanza

reducida al obsesivo e interesado aspecto de la elección de centro y de las subvenciones a los centros

privados." Otro, cuando asegura que son "fuerzas claramente conservadoras, y algunas netamente

reaccionarias", quienes promueven la iniciativa de defender la libertad de enseñanza. La conclusión que

saca de. todo ello es que muchos padres están siendo manipulados por el señuelo de obtener gratuídad en

centros privados que cada vez son más caros.

DA la impresión, en términos generales, de que, para el órgano del Partido Socialista, se trata, en este

problema, más de borrar del mapa a conservadores y reaccionarios y a todos los ciudadanos que, por

cualquier motivo, no se hayan "legitimado" militando en la oposición clandestina durante los últimos

cuarenta años que de establecer, de una vez por todas, un auténtico marco de libertades democráticas en el

que, de verdad, quepan todos, a derecha e izquierda.

TAL vez esa obsesión le conduzca a desfigurar los auténticos objetivos propuestos en la campaña de

libertad de enseñanza "para todos" (¿por qué omite estas dos palabras "El Socialista"?), que se desarrolla

ante los ojos de todos. Por eso mismo, llega a una conclusión errónea. No se trata, en efecto, de conseguir

subvenciones a los centros privados. Los organizadores de la concentración de padres del pasado día 6,

que son los mismos que promovieron el largo proceso de discusión abierta que llevó al documento

"Libertad de enseñanza para todos", con el que se identifican personas de diferentes confesiones

religiosas, ideologías políticas va, rías y hasta personal de centros estatales, dijeron muchas veces y muy

claramente que no les gusta ni cómo está ahora la enseñanza ni el sistema de subvenciones existente. El

meollo de lo que defienden es el derecho de los padres a elegir por sí mismos "el tipo" de educación que

se ha de dar a sus hijos. Eso es algo mucho más amplio que el simple "elegir centro". En efecto, implica,

por lo menos, lo siguiente: que desaparezca la actual división entre enseñanza estatal y privada; que sea

cada alumno —a través de sus padres—el que reciba, como rebote de los impuestos que paga, la cantidad

correspondiente a la financiación pública de la enseñanza de acuerdo con un cálculo de costes igual para

todos; que sea luego el alumno, y sus padres, quien escoja en qué centro se quiere gastar ese dinero; que

haya oferta libre de organizaciones pedagógicas para que el padre que prefiera el sistema de escuela

pública con pluralismo ideológico de los profesores de un solo centro lo pueda tener, y que el que prefiera

un centro ideológico o confesional coherente también lo pueda tener. Y que sea ese libre juego el que,

dentro de los límites materiales que a todos afectarán siempre, defina las preferencias de la sociedad

española. Nadie pide ni espera que, en una localidad pequeña, haya tantas escuelas como, preferencias

paternas, porque eso sería, en efecto, un despilfarro. Tampoco tenemos posibilidad de elegir nuestro

trabajo en una ciudad acorde con nuestras preferencias, porque un urbanismo desquiciado nos ha rodeado

de irracionales bloques de cemento.

POR eso mismo, los defensores de la libertad de enseñanza colocan en primer término la prioridad de la

escolarización total de la población. y allí donde haya una sola escuela disponible tendrá que funcionar la

voluntad de la mayoría junto con ^el respeto y atención a las minorías. Eso parece claro. Porque ese

problema no lo resuelve tampoco el modelo de la "escuela pública"; ¿quién asegura, en efecto, que en una

escuela rural va a haber, entre los profesores, representación de todo el pluralismo ideológico que dicho

modelo propugna? De donde concluimos que no se trata de proteger el interés de ciertos centros privados,

sino de ofrecer un contexto de auténtica libertad (que nunca será ilimitada) en donde sea "posible" que

todos, y sobre todo los de menos recursos "económicos, puedan encontrar la orientación educativa que

deseen. Después de lo dicho, debe quedar claro también que, en el supuesto de escasez de recursos para

extender la gratuidad,´ ésta debe comenzar por los más necesitados de la sociedad, sobre todo mientras no

alcancemos una suficiente justicia en nuestro sistema fiscal. La clave está en que todos los padres tengan

un igual sistema de financiación y que puedan colocar su "bono", o lo que sea, en el centro que prefieran.

Tendremos ahí una garantía de calidad y de participación efectiva en la gestión escolar, ya que parece

lógico que, si el centro no funciona, el padre trate de buscar otro mejor, contribuyendo así a qué las

peores escuelas—sean estatales o privadas—se queden sin clientela o se esfuercen por mejorar. Porque de

lo que se trata es de que los padres elijan "el tipo" de educación que quieren, también en las escuelas

estatales, y no sólo el centro. Como se ve, las cosas no son tan simples como las presenta "El Socialista".

 

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