Autor: Galindo Herrero, Santiago. 
   Fascistas     
 
 ABC.    11/06/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

FASCISTAS

LAS situaciones y los hachos se repiten con machacona monotonía. No diremos que hasta el

aburrimiento, porgue e! ser protagonistas, Hinque pretendamos serlo pasivos, nos Obliga a sufrirlas y, por

tanto, a twcc/onar en uno u otro sentido. Las circunstancias ambientales varían, pero Jps planteamientos

ofrecen abundantes coincidencias. Después de tantos años parece que nada ha cambiado aquí, y los

¿Hostigamientos de los grupos políticos ÍTquienes no forman en sus propias filas son los mismos.

Volvemos a oír gritar de nuevo «fascistas», englobando indiscriminadamente a muchas personas que ni lo

son ni lo han sido, y que adoptan posiciones ideológicas y prácticas bien distintas a las del fascismo. A lo

más, a lo más, a los gritos de ´fascistas —como acusaciones, que envuelven una condena, y hasta la

e/ecución de la misma— se une ahora el de franquistas.

Mucha Prensa independiente, en vez de informar a sus lectores, como es su misión, deforma

caricaturescamente los actos de aquellos contra los que se sitúa, hasta crearles una Imagen preconcebida y

falsa. De esta forma, además de contribuir a su solaz, les impide, por un empobrecimiento de la realidad,

¡uzgar imparciatmente, e iniciar el cambio hacia posturas auténticas, decididas por la reflexión y el

convencimiento. Generalizar como •fascistas» a sus contrarios les sirve para delimitar a todos lo que no

son ellos. Creen interesadamente que, para apartarse de tal denominación, unos no se acercarán y otros

abandonarán a quienes pública, reiterada y generallzadamente son asi acusados. fPero también hacen, y

esto no lo comprenden, que otros, al comprobar la fal> sedad de la acusación, se empecinen más en sus

posiciones, y hasta muestren una mayor adhesión a quienes son Infestamente tratados. Recuerdo un

artículo publicado en este mismo lugar de ABC poco antes de nuestra guefra, no sé si firmado por

Honorio Maura o José María Pemán, que mi padre fíoa leyó en familia, y que terminaba, otapués de

denunciar y lamentarse de que se les motefara de fascistas: *¿Faselfta? Bueno, ¿y qué?» Considerar

fascistas* a eatoa escritores y dramaturgos supone tanto como que a mi me titmen delgado, alto y rubio;

pues, bue00, ¿y qué?, si no soy ninguna de las fttw cosas. Sé lo aue soy, y por qué |o soy.

Conocemos bien, y es bueno recordarlo, de donde viene tanto uso de la denominación de «fascistas», y

con qué fines. Para la técnica de la propaganda tt generalización del enemigo, hasta tfdicarie un solo

calificativo, más que una denominación, es el principio esen1W, ya que de esta forma pueden conoptarse

todos los dardos de las acuiteíones, Incriminaciones y repulsas, dirigiéndolos hacia un solo blanco. La

generalización propagandística precisa descubrir un calificativo apropiado, que pueda surtir do$ efectos.

Por un lado, acumular en él todo género de carga negativa, hasta hacerlo odioso, a manera de un chivo

expiatorio en el que poner todas ¡as culpas, y que será levantado a la consideración general como lo más

nefando, odioso, crimina! y enemigo, contra lo que hay que estar siempre alerta, y a lo que hay que

destruir con todos los medios al alcance. Por otro lado, esa carga negativa que acumulan sobre una

denominación, hace que los vacilantes la repulsen con fuerza por temor de ser acusados de ser

simpatizantes y, más aún, de estar adscritos a ella. Nadie quiere ser tenido por componente de la gener

alízaclón que se expresa peyorativamente. De esta forma unos se afilian a lo contrario rápidamente y

atacan duramente a aquello de lo que antes se les acusaba, y otros se apartan, quedando inactivos, en la

sombra, incapaces de reaccionar positivamente contra quienes les acosan.

La generalización de! calificativo •fascistas* procede de los Frentes Populares de los años 30, para marcar

negativamente a todos los grupos que no militaban en sus filas, y tuvo un maravilloso efecto

propagandístico, pues paralizó muchas voluntades atemorizadas ante la posibilidad de ser tachados de

tales. No conozco exactamente de dónde procede la idea de «fascistización» de todo lo que no fuera de

extrema izquierda, pero no hay que olvidar que hasta algunos socialistas fueron tachados de ´fascistas»

cuando no se plegaban a la voluntad de quienes otorgaban tal titulo. Es muy probable, pues, que la

inteligente idea de ¡a generalización, que ha actuado y actúa a manera de un estereotipo, proceda de los

grupos más disciplinados, coherentes y me/or dirigidos de la Izquierda.

La linea de pensamiento de ABC es independiente y no acepta necesariamente como suyas las ideas que

nuestros colaboradores vierten en sus artículos, publicados en nuestras páginas literarias

Sería ocioso explicar aquí lo que es el fascismo, y cómo, por no militar en la extrema izquierda, no se es

necesariamente fascista. Pero lo que resulta ocioso recordar es que el ser tachado de "fascista» supuso

para muchos durante la contienda una muerte segura, por muy /e/os que se encontraran de la dictadura,

del régimen monolítico de poder, y. por más que hubieran contribuido a la implantación del sistema

dentro del que eran liquidados. Así fueron asesinados como ´fascistas» personas tan heterogéneas como el

monárquico alfonsino Calvo Sotelo, el ex ministro republicano radical Salazar Alonso, el carlista Víctor

Pradera, el ex ministro gilroblista Federico Salmón, el jonsista Ledesma Ramos, el reformista liberal

Melquíades Alvarez, el falangista Primo de Rivera, el obispo de Teruel, el general tenido por masón

López Ochoa, el autor teatral Muñoz Seca y otros porque llevaban corbata, colgaban al cuello una

medalla o simplemente eran lectores asiduos de ABC o *EI Debate». Ciertamente no puede afirmarse, ni

aún de lejos, que todo este grupo de personas pudieran ser calificados de ´fascistas». Algunos erar iodo lo

contrario, y en un régimen fascista hubieran sufrido persecución y, tal vez, incluso, pudieran haber sido

igualmente condenados.

No sabemos adonde va ahora esta vuelta a la generalización de la denominación de "fascista». Por lo

pronto supone como si se pegara en la frente una etiqueta —ahora que están de moda las pegatínas— para

marcar y aislar a determinadas ideologías y actitudes. No sé si tendrá algo que ver con lo que ya vimos,

para que ocurra igual aue ocurrió en el pasado a los que así fueron llamados. Veamos: ser leal,

consecuente; afirmar una fe y una esperanza; no renegar de la personal biografía; no mancillar la memoria

y la obra de Franco; creer en Dios y en las virtudes del pueblo español para lograr su progreso; ser

partidario de la paz pública y del orden social; querer trabajar en paz y honradamente con el noble afán de

prosperar y de que prosperen los familiares; dar a cada uno la posibilidad de lograr en la comunidad

social el puesto a que tenga derecho por su propio esfuerzo y capacidad, y, para ello, poner a todos en

condiciones de que lo logren; resaltar las actitudes positivas y nobles para conseguir las cosas; rechazar el

rencor destructor y negativo; amar a la región propia, a las regiones de los demás, y, sobre todo, a

España... Nadie puede decir seriamente que esto es fascismo. Pero si lo dice allá él, que sabré con qué

fines siniestros lo dice. Porque nosotros, los que defendemos cuanto acabo de enumerar, yo mismo, no

queremos renegar de creer en la virtualidad y bondad de todo elIo.

Refresquemos la memoria. Es bueno, porque tal vez recordando lo que pasó se evite que vuelva a ocurrir.

Santiago GALINDO HERRERO

 

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