Autor: Rupérez Rubio, Francisco Javier. 
   Seguridad y desarme (I)     
 
 Diario 16.    04/12/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

JAVIER RUPEREZ

Secretario de relaciones internacionales de UCD y embajador español ante la Conferencia de Seguridad y

Cooperación Europeas

Seguridad y desarme (I)

Las Naciones Unidas acuñaron la expresión casi litúrgica: «Desarme universal y completo bajo control

internacional eficaz.» Como expresión de un desiderátum, la fórmula encierra equilibradamente lo que en

el mundo de la idealidad lógica —y ciertamente en el mundo de las aspiraciones humanas— debiera

constituir la definición de una realidad desarmada.

La constatación de la historia inmediata es, por el contrario, descorazonadora, si se mantiene como

horizonte el marcado por las Naciones Unidas. Del «desarme universal y completo» hablan pocos: la

noción de unas entidades nacionales por completo desprovistas de fuerzas armadas —y, sin embargo,

seguras— parece corresponder a una visión poética de la inexistente realidad.

Del «control internacional eficaz» todavía hablan menos y desde luego nada aquellos que, como la

U.R.S.S., más a menudo utilizan la referencia al desarme. En el abundante panorama de las negociaciones

desarmamentistas no pocas de las soluciones que hubieran podido ser alcanzadas encontraron como

obstáculo infranqueable la negativa soviética a permitir en su territorio la realización de los

correspondientes controles sobre la puesta en práctica real de las medidas ofrecidas.

Múltiples reuniones

De manera que hoy, en la peculiar y grave dimensión que al tema del desarme otorgan las armas

nucleares, la humanidad sigue tan distante del sueño desarmamentista —del sueño de la seguridad

desarmada y total— como en otros y más oscuros momentos.

A pesar de los continuos y no siempre estériles esfuerzos que se han venido desarrollando, desde hace

decenios y bajo el patrocinio de la ONU se viene reuniendo en Ginebra el Comité para el Desarme; desde

1973 tienen lugar en Viena las conversaciones sobre la «reducción mutua y equilibrada» de fuerzas

convencionales en Europa; en 1972 los Estados Unidos y la U.R.S.S. firmaron el primer tratado SALT

sobre la limitación de armas nucleares estratégicas (el segundo tratado de la serie no fue ratificado por el

Senado americano como consecuencia de la invasión soviética de Afganistán).

Y se anuncian con diverso grado de certeza nuevas negociaciones en nuevos foros; por un lado, el

comienzo de los contactos en Ginebra entre americanos y soviéticos sobre las armas nucleares de teatro

—los euromisiles—; por otro, la eventual y nada improbable convocatoria de una conferencia europea

sobre los temas militares de la seguridad que habría de constituir uno de los acuerdos de la reunión de la

CSCE, actualmente en curso en Madrid.

La multiplicidad de foros y esfuerzos reflejan, al menos, un indudable estado de ánimo en el que, por

diversas consideraciones, confluyen una conciencia compartida: la de eliminar o al menos reducir las

posibilidades catastróficas de un conflicto a través de unos ciertos mecanismos de entendimiento y

control armamentista.

Otros factores

Todos esos esfuerzos, sin embargo, no serían comprensibles desde parámetros puramente literarios o

propagandísticos. Es fundamental tener en cuenta al menos estos otros factores:

1. Subsistencia de una profunda desconfianza. Que por supuesto juega en las dos direcciones de la

dinámica Este Oeste para cuya comprensión, desde la orilla occidental en que estas líneas se

escriben, tiene unos elementos precisos: Cuba, Angola, Etiopía, Vietnam, Camboya, Afganistán,

SS20...

2. Divergencias sobre las mismas causas de las tensiones. Dice la U.R.S.S. que la misma

acumulación de medios destructivos supone en sí un peligro de guerra. Dice el Occidente, y con razón,

que los conflictos potenciales se encuentran también, y sobre todo, en la misma sustancia de ciertos

comportamientos: olvido de los derecho humanos personales y colectivos, conculcación de las normas

básicas de derecho internacional, práctica sistemática de la amenaza o la extorsión en las relaciones

interestatales...

3. Búsqueda y definición de la paridad, hoy con vertida en equivalente de la seguridad. De la medida

en que un afán razonable de estar por lo menos en disposición de igualar la capacidad ofensiva del

adversario posible se puede convertir en puja por la supremacía hoy es ejemplo de excepción —lo ha sido

en el curso de los últimos diez años— la U.R.S.S.

Los análisis recientes señalan cómo en el ejemplo soviético, y aun admitiendo los condicionantes que a

unos y a otros imponen las percepciones puramente psicológicas, se ha producido un despliegue de

sistema de armamentos únicamente comprensible en función de doctrinas ofensivas.

Complejidad técnica

4. Extremada complejidad técnica. El conocimiento de las complicaciones envueltas en las

negociaciones desarmamentísticas alcanza niveles talmúdicos. Tanto es así que muchas veces el

proceso decisorio en los altos niveles de responsabilidad política queda notoriamente enturbiado.

Resulta particularmente interesante, por ejemplo, las experiencias que Kissinger narra en sus

memorias cuando se trataba de explicar a Nixon el contenido de las negociaciones SALT (y del

presidente americano dependían las últimas decisiones).

Esos cuatro factores, con diversas alternativas de intensidad, han estado presentes en todos los meandros

del desarme. Hoy su comprensión debe ser contrastada con otras variantes. Entre ellas, y

fundamentalmente, con la aparición relativamente reciente de los movimientos pacifistas. Su dinámica, al

menos en sus manifestaciones más radicales, altera profundamente el enunciado de las Naciones Unidas

para el desarme y podría formularlo así: «desarme unilateral y completo».

Ese tipo de desarme no necesita contrapartidas ni, consecuentemente, controles. Los que lo piden confían

en que la sola determinación de renunciar a los armamentos —principalmente nucleares— convenza a la

U.R.S.S. de hacer lo propio.

 

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