Bajo el signo atlántico     
 
 ABC.    11/12/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

VIERNES 11-12-81

Bajo el signo atlántico

Después del definitivo paso español, cuando se planteó formalmente la petición de ingreso en la OTAN,

ésta daba ayer el primero de los suyos al firmar el protocolo de la adhesión española. Los respectivos

Parlamentos de los países miembros habrán de ratificar ahora el consentimiento prestado por sus

Gobiernos. El proceso se encuentra, pues, activado y, en principio, al cabo de los próximos noventa días y

antes de seis meses, la participación española en el dispositivo occidental de defensa tendrá un carácter

solemne, formal y plenario.

Decimos que en principio. Queda por en medio una posibilidad y un riesgo en contra: la presión del

PSOE cerca de los partidos socialistas de los países miembros —por más que en muchos de ellos hayan

sido y lo sean aún campeones del atlantismo— y la interior resistencia del PSOE a que nuestro ingreso en

la OTAN se consume. Lo primero tiene más de carácter simbólico que de cualquier otra cosa. Lo segundo

ofrece todas las notas —especialmente la presentación ayer de las 6OO.OOO firmas— de un gesto

testimonial. Ni el endurecimiento de las condiciones sociales deparado por la actual crisis económica es

presumible que lleve a los socialismos democráticos de Europa a la dejación de las transigencias que

demanda un modelo político de libertad —que es el asumido y defendido por la OTAN—, ni la

resistencia del PSOE es probable, tampoco, que rebase en sus manifestaciones finales el propio nivel —

electora-lista— de lo alcanzado por el socialismo griego del señor Papandreu.

Un día, al comentar el triunfo electoral del PASOK ,apuntamos la hipótesis de que el nuevo Gobierno de

Atenas dejaría a estos efectos, en lo sustancial, las cosas como estaban, Y así ha sucedido, finalmente,

pese a lo acaecido después en el seno del Comité de Planes de Defensa, por causa del contencioso

bilateral que los griegos tienen con Turquía. El cuadro que esto depara, de conflictividad, se explica

menos —o nada— desde la condición socialista de Papandreu (un «liberal» norteamericano replantado en

su patria de origen) que desde sus definiciones nacionalistas. Y el parentesco del tema chipriota con

nuestro problema de Gibraltar, aunque es evidente, resultaría difícilmente homologable y asimilable, en

términos de dialéctica política, por parte del PSOE. Habría el partido del señor González de montarse a

paso de carga en una ecuación general nacionalista de la que no sólo carece, sino que, asimismo, la

encuentra situada ahora en las antípodas dialécticas de su internacionalismo.

Señalemos, en fin, porque es preciso, que la firma de] protocolo de adhesión de España oficiada ayer en

Bruselas es de una indiscutible oportunidad estabilizadora para nuestra democracia.

 

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