¿Un programa de gobierno?     
 
 Ya.    22/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

¿Un programa de Gobierno?

UNO da los más conocidos aforismos de la política parlamentaria, acuñado en la Francia de "la

belle époque", subraya que "un socialista ministro no es necesariamente un ministro socialista".

Con esto se da a entender, en forma ingeniosa, la relatividad de los programas electorales y su

escaso cumplimento en el Gobierno.

Y sin embargo, el programa electoral es la mejor indicación de cuál va a ser la política que se

intente llevar a cabo por el partido triunfante en las elecciones. Lo que justifica, ya desde ahora,

el análisis de esos objetivos y de esa política; y, sobre todo, de los medios que se anuncian

para su realización. Y hace menos de dos meses el flamante y casi recién inaugurado Centro

Democrático comparecía en el congreso de analistas financieros con su respuesta a la crisis

económica,

EN ese auténtico programa de política económica se empieza por definir y enjuiciar la presente

crisis, se valoran acertadamente sus seguras repercusiones políticas y se plantea y enuncia un

programa a medio plazo, con medidas relativamente inmediatas, y otras para aplicar en un

plazo de dos años, de las que se espera un enderezamiento de nuestra preocupante situación

actual.

NO es posible atajar en breve plazo la inflación, que tan profundamente ha calado en la

economía española; la estabilidad de los precios no puede lograrse en poco tiempo, pues sería

a costa de un aumento del paro, inaceptable por razones sociales, más unas tensiones

financieras que pondrían al borde de la ruina a muchas empresas. Por ello se aspira en el

primer año a reducir a la mitad la actual tasa de inflación del 25 por 100, y en el segundo año, a

acomodarnos a lo que hoy es al promedio de aumento de los precios en los países de la

Comunidad Europea: del 8 al 10 por 100.

PROGRAMA moderado en sus apetencias y realista en su planteamiento, requiere, sin

embargo, para su aplicación efectiva de varias políticas, monetaria, fiscal, de rentas y de

precios, de empleo, agraria y comercial, y, sobre todo, de la colaboración de todos los grupos y

entidades sociales para poder reanudar un crecimiento con estabilidad que cree las máximas

posibilidades de empleo.

ES necesario, ante todo, una política monetaria que acomode el crecimiento del dinero a

la evolución deseable de los precios. Y, en consecuencia, un equilibrio más riguroso del

sector público, y que éste encuentre en recursos propios, acrecidos en los próximos años por

una reforma fiscal, la fuente de sus mayores gastos y mayor producción de bienes y servicios

públicos a la comunidad. Y que no necesite de más dinero que el logrado con los impuestos

y recursos ordinarios del tesoro público.

A medio y largo plazo es ínevitable que una reforma fiscal que permita el equilibrio financiero

del sector público y permita que el crédito bancario y las instituciones financieras asistan

preferentemente al sector privado—empresas grandes y medianas, pequeñas o empresarios

individuales—y a las públicas sólo en igualdad de condiciones con las anteriores, sin sectores

prioritarios o reservados a estas últimas.

Y entonces será legítimo exigir un aumento de la inversión y de la creación de nuevos empleos,

sin más limitaciones de las que a una expansión rápida ha de poner necesariamente la balanza

comercial y la de pagos y todo nuestro equilibrio con el exterior, que es otro de los grandes y

urgentes problemas, que mejorará y se suavizará si los demás países mejoran, pero que si

sigue y se prosigue la actual crisis en Europa, nos hará soportar muchas desilusiones con los

convecinos del viejo continente, muy aquejados en su Comunidad de un Innegable egoísmo p r

o t eccionísta.

DEBO al menos, intramuros, *• el problema está debidamente planteado tanto en su

diagnóstico como en su terapéutica. Que el próximo Gobierno lo haga realidad política concreta

y no pura virtualidad técnica.

 

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