El Gobierno socialista y la OTAN     
 
 Diario 16.    11/12/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El Gobierno socialista y la OTAN

La actitud del ministro de Asuntos Exteriores, don Fernando Morán, en la reunión de otoño del Consejo

Atlántico, no ha causado ninguna sorpresa, entre otras cosas porque la ha explicado en su libro «Una

política exterior para España» (Barcelona, 1980). Cuestiones diferentes, pero no de menor interés, son

saber si con aquélla no se sobrepasan las posiciones del mismo presidente del Gobierno, y si el proceso de

abandono de la OTAN - al que parecemos lanzados - no es en alguna medida la concesión a los

dogmáticos del PSOE o la guinda izquierdista en una tarta gubernamental que no sepa a moderación.

El rechazo de los compromisos militares, la radical puesta en cuestión de nuestra presencia en la Alianza

Atlántica, muy poco tienen que ver con la «solución a la francesa» o la «solución a la griega».

Equivocadamente se ha intentado equiparar lo que España hace con lo que antes hicieron otros socios

atlánticos. Pese a las reticencias francesas el país sigue sólidamente comprometido en la defensa de

Occidente y el ministro Cheysson ha reafirmado el apoyo de Francia a la instalación de los mísiles

norteamericanos de alcance medio en Europa si las negociaciones de Ginebra fracasan. En cuanto a los

griegos, pese al abundante verbalismo y a la espectacularidad que conceden a sus intervenciones, ni

mucho menos sus actitudes han llegado tan lejos como las del Gobierno español.

La instalación en Europa de los Cruise y Pershing es materia opinable, vinculada a los resultados de las

conversaciones en Ginebra. Pero la pertenencia de España a la Alianza parece algo relacionado con los

dogmas del Gobierno español en general, y del señor Moran en particular.

Todos los políticos tienen su psicología. El izquierdismo del PSOE, que hay que controlar, y el grave

enfrentamiento personal al parecer existente entre el ministro de Asuntos Exteriores y el embajador de

España ante el Consejo Atlántico, ayudarían a explicar lo que está ocurriendo en el palacio de Santa Cruz,

aunque no a justificar una retirada de dividendos más que dudosos.

Por ponerlo todo en cuestión, cosa evitable para cualquier persona con conocimientos mínimos de la

escena internacional, por hacer uso parcial de los datos e hipótesis y por confundir lo deseable con lo

posible, España puede situarse en el primer plano de los ejemplos testimoniales, pero en el último de la

defensa de sus intereses nacionales.

Con una economía en precario, unas Fuerzas Armadas cuyo nivel disuasorio es más bien mediano y una

serie de problemas exteriores que, como casi todas las naciones, España es incapaz de resolver por sí sola,

el Gobierno ha puesto en cuestión una adhesión que para nosotros puede ser muy beneficiosa y

perjudicando la cohesión de la Alianza Atlántica, mal necesario, pero único invento posible ante los

mísiles soviéticos.

Un enfoque exclusivamente militar de la OTAN puede perjudicar, y de hecho ha perjudicado, nuestra

pertenencia a la Alianza. Un enfoque ideológico puede llevarnos a olvidar dónde están los intereses

españoles. Tememos que ambos enfoques concluyan en una decisión perjudicial, difícilmente reparable

por nuestro país.

 

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