Autor: Garrigó, Andrés. 
 Se teme que la actitud del Gobierno de Madrid agriete la unidad atlántica. 
 Disgusto en Bruselas por la postura española frente a la Alianza     
 
 ABC.    12/12/1982.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

INTERNACIONAL

DOMINGO 12-12-82

Se teme que la actitud del Gobierno de Madrid agriete la unidad atlántica

Disgusto en Bruselas por la postura española frente a la Alianza

BRUSELAS (Andrés Garrigó, corresponsal). Bajo las frías apariencias de respeto y comprensión de la

nueva y enigmática postura española en la OTAN, los círculos políticos de la Organización abrigan serios

temores de que España se convierta en el «hombre enfermo», el «talón de Aquiles» e incluso la «piedra

de escándalo» de la Alianza.

En conversaciones privadas con diplomáticos aliados de varios países miembros destaca el disgusto por la

actitud - no por previsible más admisible - del ministro Fernando Morán, que, en pleno cambio de poderes

en el Kremlin, muestra al bando adverso una nueva y peligrosa grieta en la unidad aliada. «El momento

no es propicio para estas veleidades secesionistas - nos dice uno de esos expertos - porque, como afirmó

el secretario general Luns, entre otros, 1983 será probablemente el año más crucial para la Alianza y

hemos de afrontarlo unidos.»

¿Cuáles son los peligros de 1983? Ya nos lo había anunciado Alexander Haig aquí, al abandonar su

mando del SHAPE: éste será el último año en que la URSS dispone del monopolio de los mísiles

atómicos SS-20 antes de que la OTAN empiece a desplegar los suyos en Europa. La tentación del

chantaje del terror no puede excluirse totalmente en el hombre que estaba al frente del KGB cuando los

búlgaros planeaban asesinar a Juan Pablo II...

«España debe participar en la obra mundial de paz que la OTAN se esfuerza por promover. Ese era el

gran mensaje a Moscú del Consejo Atlántico, al que Moran no prestó su apoyo», nos dice un funcionario

«sénior» de la Alianza. En efecto, cara a Andropov, la OTAN ha adoptado la política de la mano tendida:

cooperación, reducción de tensiones, más comercio... Todo a cambio de pruebas de la buena voluntad

moscovita. Esa es la cara principal de la OTAN: la «detente», la promoción de la paz. Eso se ha logrado

desde 1949 porque la Alianza se mantuvo fuerte. Ahora lo es menos que nunca. España aportaba algo al

entrar. Ahora introduce dudas e inhibiciones que pueden resultar contagiosas.

LA «OSTPOLITIK» DEL PSOE

«Estar medio dentro y medio fuera no contribuye al equilibrio mundial, ni a la distensión con el Este. Si el

PSOE quiere tener una «Ostpolitik» eficaz, sólo le será posible en el seno de la Alianza», dice otro. «El

PSOE no tiene más incompatibilidades con la OTAN que las que han tenido y tienen los demás

Gobiernos socialistas, que dentro de ella han dado ejemplo de solidaridad.» Confiamos, agregaba otro, en

que el tándem González-Morán se dará cuenta de que los problemas internos españoles - el paro, el

terrorismo - no pueden resolverse sin la condición previa que es la paz y la estabilidad en Europa, las

cuales, a su vez, dependen de la OTAN, de su coherencia y su credibilidad.

Morán aseguró aquí que su gran ilusión es ayudar a Hispanoamérica. ¿No le parece que - en un caso

como la guerra de las Malvinas - España hubiera sido más útil a Argentina dentro de la OTAN que fuera?

De momento, cualquier decisión común podría bloquearse por España, y tal vez hubiera podido mediar en

la pacífica solución de aquel conflicto.

GIBRALTAR Y MARRUECOS

¿Y Gibraltar?, se pregunta un diplomático inglés, ¿no se resolverá mejor el problema entre aliados

sinceros, con ayudas de otros aliados? ¿Y Marruecos? ¿Respetará a España más si está sola o si es un

eslabón de la cadena fuerte de la Alianza? He ahí algunas preguntas que no se le hicieron a Morán aquí,

en parte por respeto a la soberanía de un Estado miembro, en parte para no irritar a un Gobierno que,

después de todo, es prisionero de sus promesas electorales.

 

< Volver