Autor: Rof Carballo, Juan. 
   El intelectual y el poder     
 
 ABC.    22/06/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL INTELECTUAL Y EL PODER

DESDE un famoso libro así titulado, "El Intelectual y el Poder», de un sociólogo norteamericano, Shlls,

las cosas han variado un poco en todo el mundo. No so/o han variado, sino que varían de mes «n mes a

gran velocidad. Por esta razón e! simposio Internacional que, en f re setapas, han organizado,

conjuntamente, el Instituto Nacional de Prospectiva de España, el Instituto de Ciencias del Hombre, Ja

Universidad de v&rano de Santander y la Fundación de ciencias humanas de París sobre «el papel de!

intelectual en ¡a sociedad futura» está adquiriendo, de día en día, mayor interés. Sirva esto de discuipa a

unas consideraciones marginales que, sin entrar de lleno en el gran tema planeado por las Instituciones

mencionadas, ss refieren al concepto´actual de! Poder y a la Idea que algunos nos formamos del

«Intelectual». En esquema, el "intelectual», da la més variada tipologia, constituye un «grupo» soda! —

y por ello es «ob/efo» efe estudio sociológico- que tiene con el Poder, por lo menos, las siguientes

relaciones.

Ante todo es de forma más o manos disfrazada un «servidor» del Poder. Bien como "asesor» o

"consegero"; bien como ´instrumento», por ejemplo, para preparar mejores planes bélicos, o para

equilibrar la balanza comercial; bien como "asesor" de influencia espiritual», verbigracia, difundiendo un

estilo especial de cultura en países que hablan el mismo Idioma.

En segundo término, el intelectual, ya a més largo plazo, es «producto" del Poder». Sus Ideas y

reflexionas, por ejemplo, sobre la Injusticia social, sobre la marcha d& la Historia, sobra al futuro de la

Humanidad, aunque por el momento parezcan especulaciones limitadas a un pequeño circulo, acaban

veinte o cincuenta años más tarde por dominar el mundo. Creo que éste es uno de ios pensamientos

centrales del discutido libro de Glucksmann ´Les maïtres penseurs". Animado rfe una germanofobia

excesiva e in}usta arremete contra IB "gran familia»; Fichte, Hégel, Marx, Nietzsche, que en manos de un

siglo ha convertido al pensamiento alemán en pensamiento universal, que ha conducido al ´fin de )a

filosofía´ y ai efercicio del Poder sobre Inmensas masas deS planeta; en apariencia, con la intención >/e

liberarlas del yugo ancestral, pero* en realidad Instaurando una nueva y refinada esclavitud.

En otros lugares me he referido a la importancia de esta nueva ola de pensadores franceses, «lanceros* o

avanzadillas de una «nueva filosofía», iconoclastas, disidentes, etcétera, qus, como es natural, han

suscitado la rápida respuesta, también violenta, de los sociólogos y. filósofos marxistes. En ¡os

iconoclastas interviene no poco la influencia del psicoanálisis da Lacon, ias resortanctes, mucho más

inagotables de lo que aquí se ha creído, de la lectura de la multitud de libros publicados sobre ´

y los campos de concentración sovléticos y de los que es paradigma «El archipiélago de Goulag*, de

Solzhenitsln. Y, sobre todo, la simplificación aterradora del pensamiento político marxista, que parece

marchar paralelamente a un empobrecimiento espiritual del «intelectual» de nuestro tiempo. Que puede

ser muy distinguido, experto y sabio en su técnica particular, pero qua cada día parees más limitado de

horizonte y más «masificado". No tan sólo porque acaba por pensar siempre en los mismos tópicos, sino

por ia reducción progresiva de su horizonte al "• enfrentarse con la realidad política, social y psicológica.

Dejemos que otros hablen de este tema, que siempre saré obieto de viva y acerba discusión en tos

próximos años, para llegar al tercer avatar del «Intelectual». De «servidor» del Poder, de «creador» del

Poder, pasa ahora a «vi´ atlante´ y critico del Poder. No sólo de la fachada visible, «consciente», ráelo´ nal

del Poder, s/no de las fuerzas frraclónales que iras el Poder se mueven.

Estas siempre fueron tenidas en cuenta. Desde las arengas de un general do la época clásica a los

discursos de fríbunos parlamentarios y las peroratas de los últimos tírenos del mundo, siempre el Poder ha

buscado sus más poderosos recursos en «lo irracional». Pero en nuestro tiempo ocurren dos cosas; en

primer término, este «irracional» que no ha conseguido conquistar a los intelectuales, que es ^rechazado»

de les Universidades, se utiliza por el Podar en forma empllslma, refinada, implacable. Todos los saberes

del moderno psicoanálisis ~~más o menos disfrazados— se emo/ean para la propaganda, tanto de

productos comerciales como de Jefes potrticos. No hay «campaña electoral» bien organizada qua no esté

movilizando saberes sobro al subconsciente propios de nuestro tiempo. Y hasta ¡os «torturadoees» de

nuestra época han buscado en los recovecos de la psicología profunds sus más temibles armas para

«lavarel cerebro» o hacer «confesar» a sus enemigos.

En segundo i u gar, el «Intelectual», frente a esta enorme ampliación de su campo de relaciones con el

Poder, reacciona de trec maneras. La mái difundida es no aceptarla, bagatalizarla, no creer en ella. /San/

¡Esto s/empre se na necno así!, ¡no tiene importancia! Otros, los optimistas, piensan que el rne/or

conocimiento de la intimidad del hombre puede servir, bien manejado, para vo/ver/e más bueno, para

aumentar la comunicabilidad, en capas profundas, entre los diversos seres humanos. Un tercer grupo —al

que pertenece is mayoría de los filósofos franceses sntes • mencionados— piensan que esta

¡Irracionalidad» nueva da lugar a toda ciasa de pesimismos. Es la barbarle técnica, hl¡a espúrea del

capital, la que nos brinda un mundo futuro desolado, gélido de frío boreal, aue va a petrificar nuestro

destino (Dolle), La ciudad moderna, la oficina, el taller moderno, monótonos desiertos, donde la

desilusión no consigue reemplazar ia ausencia de las viejas ilusiones. No sólo Dios ha muerto —dIcen

estos filósofos—, también ia ciencia que pretendía sustituirle y la ilusión suplantadora de una nueva

Humanidad, autosatisfadendo su tedio en e! opio del deporte o de la obedieMlí a sistemas que llegaron al

Poder, ´corno democráticos y se han Instalado í en ai, totalitarios, ya Irreversibles. Pues para eso estén los

campos de concentración, las torturas.

Nada extrañe que vuelva a renacer el Interés, en nuestra época «mas/f/cada», por ¡a «psicologia de las

masas», lo que resulta curioso es que, pese a iodos los Inmensos progresos hechos en ios últimos

tiempos en la «psicología dsl grupo humano», alguien tan experto como mi amigo Mitscherlich,

director del Instituto Sigmund Freud, de Francfort, c«ü sldere conserva aún plens ¿dualidad (1% obra de

Gustavo Le Bon. Yo pienso gke con una correcc/ón importante. Ei mmoso «descenso de/ nivel

manta/ qu\ según Le Bon, se produce cuando fi hombre actúa en rebaño, arrastrado pm la locura

colectiva, hoy habría que da nominarle mas o/en «regresión». Nuestm sociedad tecnlficads y masiUcada

¿pfm pera el advenimiento da un ¡>uavo t i pm de hombre, indeciso, de ambigüedad fm dfímentai, fácil

presa de predicado;» políticos o seudo-religiosos, hambricf de nuevos dómines, de nuevos * pea rem,

esclavo en potencia, balo su disfraz me amante de la libertad? O bien, comowcede en todas /as

«regresiones», ffs muchas veces sirven para /enacersly partir de nuevo hacia lo alto, ¿no h&ra también

en las masas actuales, mfor dicho, en los «grupos» —tal como pcf&ie observarse en las reacciones

co/ecíf vas— potencialidades positivas, de bueft sentido, creadoras, esperanzadoras?.,, El Intelectual se

ha vuelto en nuestro tiempo, además de todo h ya Indicado, un «denunciador» de las fuerzas. ignotas

del inconsciente. Unas veces, con independencia de su credo politico, profundamente pesimista y

desesperació. Otras, encarnando la esperanza del mundo

Juan ROF CARBALLO

 

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