Autor: Míguez, Alberto. 
   España se distancia de la OTAN en la Conferencia de Madrid  :   
 Morán replantea la política exterior española. 
 ABC.    09/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

España se distancia de la OTAN en la Conferencia de Madrid

Morán replantea la política exterior española

Madrid. Alberto Miguez

El ministro de Asuntos Exteriores español, cuya visión, según sus propias palabras, «trasciende el

formalismo esclerótico de la diplomacia tradicional», anunció ayer el «desenganche» del bloque

occidental por parte de España en el curso de unas muy sinceras declaraciones a la Prensa internacional,

tras su discurso ante la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE), cuya séptima fase se

inauguró en Madrid.

Dijo Morán que España, siendo como es un «aliado fiel, sólido y cooperador en la OTAN», no tiene por

qué «sacrificar por ello su capacidad crítica o renunciar a su papel de anfitrión». Para el canciller español,

a nuestro país puede corresponder el papel de mediador entre los dos bloques, lo que significa lisa y

llanamente su alineamiento con los países llamados neutrales tales como Suecia, Austria o... San Marino.

Nueva etapa

Moran se mostró levemente optimista, en el discurso de veinte minutos con que inauguró la nueva etapa

de la CSCE, en cuanto a las posibilidades de conseguir un acuerdo, documento o compromiso para el

futuro de la distensión, en Madrid. Aunque afirmó que «los sistemas políticos y sociales existentes en el

Este y en el Oeste de Europa pueden convivir», no por ello dejó de insistir en el tema de los derechos

humanos, que no parece haber avanzado absolutamente nada en el mundo socialista durante los últimos

meses, pese a las «señales inequívocas de aproximación dadas por el nuevo liderazgo soviético»,

generosamente reconocidas por el ministro español.

Dado que la verdadera paz y seguridad en nuestro Continente «no puede basarse sólo en alianzas

defensivas», Morán ofreció la posible mediación española acorde con el papel de anfitrión que Espada

ostenta y que podría extenderse también a una futura Conferencia de Desarme en Europa.

No confrontación

Alejado, sin duda, de los planteamientos diplomáticos tradicionales estuvo el ministro español cuando se

refirió, durante la rueda de Prensa, a la «nueva cultura juvenil europea», a los movimientos ecologistas y

vecinales, a los pacifistas del Continente: «Debemos ofrecerles, al menos, un horizonte de no

confrontación», señaló el ministro, sin aclarar demasiado cómo es posible conciliar ambas cosas

(pacifismo y distensión) sin que uno de los bloques - donde, por cierto, no existen movimientos pacifistas

- se aproveche del «patriotismo universal» de la juventud europea.

«No tengan prisa. Aquí estamos nosotros para ayudarles», vino a decir el señor Morán a lo largo de su

intervención pública en la CSCE. Para tranquilizar a quienes temían que nuestra diplomacia mantuviese

las constantes anteriores - «excesivamente alineadas con las posiciones americanas» - emanadas de la

política del difunto Gobierno centrista. Morán advirtió, con toda claridad, que el Ejecutivo actual no

sostendría los compromisos de antaño. El tema de la seguridad en el Mediterráneo, olvidado, sin duda,

por los antecesores «atlantistas» del actual ministro, volvió a ser evocado tanto en el discurso inaugural

como en la rueda de Prensa, sin referencia explícita a la iniciativa francesa (la Conferencia de los Seis,

cuyo principio aceptó España a regañadientes tras la proposición de Mitterrand en Marruecos) que, de

alguna manera, la vacía de contenido. Ni Israel, ni Francia, ni Italia, ni siquiera Marruecos o Egipto están

interesados en tal foro. Aunque, desde luego. para Malta y Chipre no deje de tener interés.

Cautela

En el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid el ambiente era mortecino, pese a las perspectivas

relativamente radiantes desveladas por el ministro español. Ahora se inician las aburridas discusiones

sobre enmiendas, sugerencias, compromisos tácticos y mediaciones de pasillos que pueden llevar a un

nuevo fracaso o abrir las puertas de una leve esperanza. Pero como dijo, con toda razón, el propio

ministro de Asuntos Exteriores, el futuro de la Conferencia de Madrid no se juega, desde luego, en

Madrid, sino en Ginebra y, desde luego, en Moscú o en Washington. En esas condiciones, la posible

mediación española conviene asumirla con una dosis considerable de escepticismo o de cautela. El

problema estriba en que España parece haberse embarcado en el camino de la mediación perpetua y

universal: Centroamérica, Magreb, CSCE... Sobran escenarios para desarrollar tan mágicas

potencialidades ¿Sobrará, también, capacidad?

 

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