Hacia el neutralismo     
 
 ABC.    09/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MIÉRCOLES 9-2-83

HACIA EL NEUTRALISMO

Don Fernando Morán, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno socialista, ha elegido la reapertura de

los trabajos de la «Conferencia sobre la Seguridad y Cooperación de Europa» - CSCE - para dibujar, con

riqueza de detalles, su concepción del papel que España, país anfitrión y a la par país miembro de la

Alianza Atlántica, piensa jugar de aquí en adelante.

El punto de partida de esta nueva concepción del papel de España en la Conferencia hay que situarlo

en la oferta realizada por el ministro de Asuntos Exteriores para aportar nuestra dedicación y nuestro

esfuerzo en buscar un terreno de entendimiento entre las posiciones, hoy en día contrapuestas, con

objeto de que la Conferencia de Madrid pueda clausurarse con un documento de terminación

sustancioso. España se ofrece como mediador entre el grupo de países occidentales y el bloque de

países socialistas, incorporando así sus buenos oficios a los que venían prodigando los países

neutrales.

Hasta ahora, la posición de España en la CSCE se incluía dentro del grupo de países occidentales

que, después de ajustar en sesiones privadas sus variados criterios, operaban en las sesiones plenarias y

en la redacción de enmiendas y propuestas como un frente unido, y esta postura es la que parece

destinada a cambiar, según el anuncio realizado por don Fernando Morán, en virtud del cual España

operará de aquí en adelante buscando un «terreno de entendimiento entre opiniones contrapuestas».

Como está claro que las «opiniones contrapuestas» son, por un lado, las de los países occidentales,

unidos en la Alianza Atlántica, y por otro, las de los países socialistas vinculados en el Pacto de

Varsovia, no cabe duda que España, para ocupar su nueva posición en el tablero de la CSCE, tendrá que

abandonar su emplazamiento diplomático actual entre los occidentales.

Para realizar este espectacular giro diplomático, don Fernando Morán comienza por retirar el apoyo que,

en los últimos días del pasado Gobierno, la Delegación española prestó a las enmiendas presentadas por

los países occidentales en bloque a ciertos puntos del proyecto de documento final y aunque anunció en

su rueda de Prensa que España seguirá participando en las reuniones preparatorias que celebran los países

occidentales, ya ha anunciado también que esta presencia española se cumplirá dentro de un marco

crítico, guardando la integridad de nuestra autonomía, que nunca quedará supeditada al denominador

común que impone por su propia existencia a todos sus miembros la idealidad a una alianza.

Y en este punto es donde parece indispensable reclamar un período de reflexión al responsable de la

diplomacia de España, y a los partidos. Estar en una alianza es buscar un equilibrio entre los propios

intereses nacionales y los generales del grupo al que voluntariamente se pertenece.

 

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