Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
   El protocolo Madrid - Washington no modifica el convenio  :   
 Clarificación y no variación en las relaciones con EE UU. 
 ABC.    26/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

El protocolo Madrid-Washington no modifica el convenio

Clarificación y no variación en las relaciones con EE UU

Nueva York. José María Carrascal

El tira y afloja Madrid-Washington sobre el convenio firmado, pero no ratificado, entre los dos países, se

ha salvado añadiéndole un protocolo que lo clarifica, pero no lo modifica. Con ello, el Gobierno socialista

español escapa del callejón en que se había metido con su promesa de celebrar un referéndum sobre la

pertenencia de España a la OTAN. A la que se oponen, pero que es la base de dicho convenio.

En cuanto a los americanos, el compromiso les resuelve otra papeleta importante: la ratificación del

Acuerdo. Pues si no se hace antes del 21 de mayo, tendrán que empezar a desalojar las bases españolas.

1. Que el contenido del convenio no coarta la libertad de España sobre sus futuras relaciones con la

OTAN.

2. Caso de que el Gobierno español decida alterar esas relaciones, el convenio se renegociará para

introducir las modificaciones pertinentes.

3. Según el artículo 6 del mismo convenio, si surgiera desacuerdo sobre la interpretación, aclaración o

cumplimiento de lo dispuesto en él, cualquiera de las partes podrá iniciar inmediatamente consultas para

resolverlo.

Protocolo reiterativo

Como ven, todo ello de cajón, sin que modifiquen el espíritu ni la letra del convenio. Jurídicamente es un

protocolo adjunto reiterativo, pues repite lo que en él se dice, más algunas normas y prácticas

sobreentendidas en el Derecho Internacional.

Políticamente, en cambio, sirve el importante cometido de salvar el convenio cuando los dos Gobiernos

firmantes están interesados en que no se venga abajo.

Y tal vez sea ésta la hora de hacer un poquito de historia. Los socialistas españoles iniciaron esta

negociación decididos a alterar el convenio, a «expurgarlo» de toda referencia a la OTAN, y no es

tampoco exagerado decir que. al menos en algunos de ellos, había el propósito de «dar una lección a la

Administración Reagan». Pero tan cortés como tajante, los americanos les advirtieron desde el primer

momento que por ellos no había problema, pero que. cuidado, porque no ratificar aquel convenio

significaría tener que renegociarlo en condiciones muy distintas.

Pues la pertenencia a la Organización Atlántica significa para los países miembros una serie de ventajas

importantes en materias de créditos, material militar, alta tecnología y cooperación con los Estados

Unidos, que el resto de los países, por ley americana, no pueden tener. La cosa cambiaba, y tras mucho

discutir, pero sin moverse apenas del sitio, se ha acordado esta fórmula del protocolo adjunto, que salva la

cara a los unos y el uso de, las bases a los otros.

«Este protocolo - decía el Departamento de Estado - deja claro que el Acuerdo bilateral no prejuicia la

eventual decisión del Gobierno español sobre la integración en la estructura del mando militar de la

OTAN. Por nuestra parte, esperamos que el Gobierno de España envíe el convenio, con el protocolo

anexo, al Parlamento para su ratificación. Naturalmente, continuamos apoyando la pertenencia y plena

participación de España en la OTAN, reconociendo que ésta es una decisión interna de España.»

Virtuosismo conceptual

Dos últimas puntualizaciones al respecto:

Advertirán que no se habla para nada de la celebración de un referéndum sobre la entrada - o más

exactamente permanencia - de España en la OTAN. «Ese es un asunto interno español que no tienen que

discutir con otros Gobiernos», precisan ambas partes.

«Observen también que la nota del Departamento de Estado habla de la integración del Gobierno español

en la estructura del mando militar en la OTAN.» O sea que no se discute la pertenencia a la OTAN (como

si de diera por sobreentendida), a la colaboración con ella (como venía haciéndose ya con el anterior

Tratado), sino sólo la pertenencia a su mando militar. Y debo advertir que hice repetir dos veces al

portavoz del Departamento de Estado esta frase, por si había oído mal. No. no había oído mal,

demostrando que lo acordado, es algo mucho más reducido de lo que parece. Pero una vez más. los

españoles hacemos virtuosismos conceptuales, diferenciando entre la «OTAN» y su «organización

militar», como si la OTAN no fuera la Organización del Atlántico Norte, con fines principalmente

militares y defensivos, aunque haya otros. Pero si con esta sutileza teológica logramos salir del atolladero,

bien.

Y a estas alturas me temo ya que algún lector pregunte: Pero, vamos a ver, ¿qué aclara el protocolo

adjunto? Pues para el Gobierno socialista español aclara que España puede decidir sus relaciones, sobre

todo militares, con la OTAN. Y para el americano, que si hay un cambio de España respecto a la OTAN,

se modificara el presente convenio convenientemente. Si para eso han sido necesarios varios meses de

negociaciones, es algo que pertenece al secreto diplomático.

 

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