Autor: Palma, Luisa. 
   OTAN: España no producirá tensiones añadidas a las relaciones Este - Oeste  :   
 Felipe González anunció el retraso del referéndum prometido. 
 ABC.    15/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OTAN: España no producirá tensiones añadidas a las relaciones Este-Oeste

Felipe González anunció el retraso del referéndum prometido

Madrid. Luisa Palma

La comparecencia del presidente del Gobierno, Felipe González, ante los periodistas ofreció ayer la

oportunidad de plantear la mayoría de los temas que preocupan a la opinión pública sobre la gestión del

Gobierno. No olvidó el presidente del Ejecutivo referirse a ella en varias ocasiones para subrayar que el

Gabinete conoce el estado de opinión del ciudadano medio. Sin embargo, Felipe González no concretó, o

quizás no quiso concretar, las soluciones a problemas de todo tipo que tiene planteados el país, aunque se

esforzó en transmitir «esperanza y confianza» en la gestión del Ejecutivo, sobre todo en el sector

financiero.

En dos temas, OTAN y oposición, Felipe González fue especialmente claro. Sobre el primero de ellos

afirmó tajantemente que el Gobierno no tenía intención de «producir ninguna alteración en la política de

la OTAN mientras dure este período álgido en las relaciones Este-Oeste. En estas tensiones, que se van a

agudizar, no querernos nosotros introducir ninguna tensión añadida: «Sería inoportuno —añadió— que

España hiciera ahora un referéndum en cuanto a la integración en la OTAN. Que es un deseo mayoritario

lo sabe el Gobierno, y lo convocará cuando no haya esa tensión.»

Felipe González, quien durante las casi dos horas que duró la rueda de Prensa se mostró distendido y

sonriente, mostró una indignación contenida en su crítica a la oposición, o quizás mejor sería decir

«crítica a las críticas de la oposición». No estuvo de acuerdo el presidente del Gobierno en los modos de

la oposición, que, desde su punto de vista, debieran ser constructivos y no destructivos: «El Gobierno

actúa fuera de la legalidad y la constitucionalidad, dicen. Eso sí que es un sesgo de comportamiento que

me preocupa —dijo frunciendo el ceño—; primero, porque es falso y lo demostrará el Tribunal

Constitucional. Eso es la punta de una estrategia que todavía no ha emergido. Si es para descalificar al

Gobierno y para que no se le obedezca... ¡Si es ésa, que se diga, y si no que se corrija..., que es muy

grave! Ni queremos ni debemos violentar las leyes.» Arremetió también Felipe González contra el

argumento de la oposición de que se funcionaba por decreto-ley: «No hay necesidad del Gobierno, porque

tiene mayoría; es una técnica de opositar, de opositores. Los contactos con los grupos son ahora menos

necesarios y por eso más difíciles, pero no digo que no sea en absoluto necesario.»

Felipe González planteó un balance de los cien días «sin pretender hacer un análisis

triunfalista», pero también, y en esto fue tajante, «sin el menor asomo de pesimismo para el futuro».

Aunque no aportó ni datos ni fechas concretas para la actuación futura del Gobierno, sí puso énfasis en

subrayar el «cambio de usos» operado en la actuación gubernamental. Vino a decir, utilizando el símil

automovilístico ya empleado en la campaña electoral socialista, que se había «frenado» el coche que

marchaba cuesta abajo y hacia atrás. Explicó también así el problema del paro, «la marcha atrás ha sido

detenida-, dijo, pero no mencionó cuándo se pondría «la primera» para la creación de empleo. El tono de

voz del presidente González se endureció considerablemente al hablar del terrorismo. Para el Gobierno, la

cooperación de Francia «debe seguir aumentando, porque es sustancial», pero al margen de ello, el

presidente dejó claro que el terrorismo «no acaba con la democracia ni con el Estado democrático. Eso es

una broma que ningún país se cree. Un Estado es siempre mucho más fuerte que el brote de violencia».

Otro tema, planteado varias veces en el transcurso de la rueda informativa, fue el caso Rumasa. El

presidente González dijo, sin titubeos, que se había tocado el fondo de la crisis financiera y que no habrá

cambio en la orientación de la política programática del Gobierno: «No se trata de la punta, sino del fondo

del iceberg. Hemos tocado el fondo del problema. No creo que sea bueno —dijo—una política de

nacionalizaciones. Al contrario, sería malo, negativo, pernicioso. Nos han movido razones de eficacia y

no la voluntad de incrementar el sector público.»

Felipe González remarcó su opinión de que no hay lugar para la desilusión ni la desesperanza.

 

< Volver