Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    18/03/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Fernando 0NEGA

péndulo

CON todos ´los riesgos de error del mundo, e! apasionante calendario político inmediato puede ser el

siguiente: 23 de marzo, primer saludo a la libertad de los nuevos amnistiados; 25, pruebas últimas de

juego limpio electoral, con la transformación de la única fuerza organizada que queda dentro del Estado;

7 de abril, anuncio de las elecciones; 14 (¡jo!), plazo último de dimisiones de altos cargos; 18 de mayo,

comienzo de ´la campaña electoral; 8-9 de junio, día grande: ¡Elecciones!

Es un calendarlo como para no dormir. Mientras tanto, y por primera vez en casi medio siglo de historia,

toda la clase política de este país haca frente a un dilema: escoger entre el procedimiento digital que le

puso en el Poder y el discreto encanto de salir catapultando hacia un escaño desde el que se deberá tejer

una parte importante de la nueva Constitución. Abrió el fuego don Modesto Fraile, director general de

Información y Turismo. Le seguirán, en breve plazonombres como Ortí Bordas, Sánchez de León,

Francisco Moran, Fernández Palacios, hasta completar una lista de casi un centenar de directores

generales, cerca de treinta Gobernadores Civiles y un largo etcétera.

Se quiera o no se quiera, este marathón hacia las urnas le va a dar un significado a las elecciones: el

enfrentamiento entre la España que hoy es oficial y la España que aspira a serlo, pero, hasta ahora, se tuvo

que conformar con ser la otra España de muchas marginaciones quizá buscadas, quizá deseadas, pero

reales. ¿Quién va a ganar? A la tercera España —la que vota—, se le notan ciertos aires de voluntad de

cambio en los nombres que conoce. Pero eso no se puede contrastar hasta el mismo instante en que el

ciudadano, provisto de su papeleta y su sobre, decida en las cabinas que va a inaugurar.

Inmediatamente a continuación de estas cábalas está el papel que van a desempeñar los Ministros. Las

últimas especulaciones son que ninguno acudirá al manjar de las urnas. ¿Y el Presidente Suárez? Esa es

otra película. Legalmente, puede hacerlo. Los mismos partidos que opinaron sobre las normas electorales

asintieron a su exclusión de los cargos inelegibles. Hay, pues, un acuerdo tácito para admitir su presencia

en una lista, con una única condición que no expondré yo, sino el secretario general del PSP. don Raúl

Mo rodo: aue se presente como independiente, y no presidiendo un partido. La evidencia de que la FSI no

tiene nada que ver con Adolfo Suárez deja el campo despejado para la posibilidad que apunta Morado. Y

no sería mal ejemplo ni mal ejercicio pora el primer Presidente del Go bierno de la democracia que tu

viese, como cualquier otro diri gente, el respaldo de la confianza expresada en unas elecciones. Piense el

lector que ésa, y sólo ésa, será la tarjeta de presentación válida a partir de la consulta del mes de junio.

Pero la crónica de la jornada no termina en estos cálculos de posibilidades, aunque ocupen las primeras

páginas de los periódicos. Vivimos días de amnistía, y es su alcance el gran factor de concordia que

tenemos entre manos. Ayer apareció en el «BOEi» el primer decreto. Hoy, con cierta seguridad, aparecerá

la regulación del indulto. En el plazo de una semana, y a la vis ta de las órdenes de libertad dadas por los

Tribunales, sabremos con exactitud el alcance de la medida de gracia. Medida de gracia que, por cierto,

no podemos separar de otra medida publicada ayer en el periódico oficial: la restauración de las Juntas

Generales de Guipúzcoa y Vizcaya.

Puede ser simple coincidencia que figuren el mismo día en la «Gaceta de Madrid», pero no lo es su

espíritu. Se está trabajando —y audazmente— en la curación de las más dolorosos he ridas que tenemos

abiertas. ¿Quién duda de que el País Vas co es una de ellas? Después de todos los intentos posibles, el

Gobierno entra en una nueva etapa: pasa a la terapéutica de las medidas de reconciliación. Puede haber

libertad paro noventa vascos y hay ya bases para la autonomía de dos millo nes de hombres de aquellas

tierras. Hay —ya lo sé— recelos ante el perdón ampliamente concedido y ante las concesio nes a las

exigencias regionales. Tarr.bién las hubo a la simple democratización. Frente a ellas. V desde hace

muchos meses, se viene estableciendo una evidencia: normalizar lo normal es la mejor receta. Este país

ha demostrado ser gobernable, perfectamente gobernable, cuando se luego limpio. Si faltaran pruebas, ahí

está la aceptación de las normas electorales.

 

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