Autor: Míguez, Alberto. 
   Francia intentará demostrar en La Granja que no obstruye nuestro ingreso en la CEE  :   
 Quiere reducir el déficit comercial con España. 
 ABC.    01/07/1983.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Francia intentará demostrar en La Granja que no obstruye nuestro ingreso en la CEE

Quiere reducir el déficit comercial con España

Madrid. Alberto Miguez

Francia intenta corregir su déficit comercial con España y convencer a las autoridades españolas de que

no constituye obstáculo alguno para nuestro ingreso en el Mercado Común: la culpa la tiene el

presupuesto comunitario, es decir, «los otros».

Algo más de veinticuatro horas durará la «cumbre» hispano-francesa de La Granja, en la que diez

ministros, dos secretaros de Estado y dos embajadores pasarán revista a los temas que ocupan y

preocupan a los dos países. La reunión se iniciará el sábado, día 2, a las cuatro de la tarde, tras un

almuerzo de confraternización, y se clausurará el domingo a la misma hora. Cena en Casa Cándido y

ágape en el palacio de La Granja completarán las actividades gastronómicas de los reunidos, cuyas

Delegaciones estarán presididas, respectivamente, por el ministro de Asuntos Exteriores, Fernando

Morán, por parte española, y por el canciller francés, Claude Cheyson, la francesa.

En una nota informativa ofrecida por el Ministerio de Asuntos Exteriores se intenta enmarcar la reunión

dentro del «proyecto general seguido por el Gobierno socialista de mantener un diálogo continuado y

estrecho con los otros países a través de contactos e intercambios de opinión frecuentes», lo que en el

caso de Francia ha sido institucionalizado con dos reuniones interministeriales anuales. Se trata, según la

misma nota, de «progresar en unas relaciones de buena vecindad con Francia».

Estas «relaciones de buena vecindad» siguen siendo conflictivas, pese a los esfuerzos más bien

superficiales realizados por los Gobiernos socialistas de ambos países. Las recientes visitas de ministros

franceses (Cheyson y Hernu), así como la del primer ministro, Pierre Mauroy, combinadas con la tesonera

y astuta labor del embajador galo en Madrid, Pierre Guidoni, han logrado, al menos, que la opinión

pública española y, en menor medida, la clase política, no culpe ya de todos nuestros males exteriores al

vecino país del Norte. e incluso llegue a creerse que la inalterable actitud francesa de obstaculizar nuestra

entrada en la Europa comunitaria mientras sus intereses agrícolas no sean salvaguardados, es una fábula.

Los ministros económicos franceses, que componen la mayoría de la Delegación, seguirán abriendo

brecha en esta dirección, al tiempo que intentarán reducir el importante déficit de la balanza de pagos,

desfavorable a Francia en unos 70.000 millones de pesetas en 1982; de conseguir ambos objetivos podrá

decirse sin exageración que el fin de semana en La Granja constituyó un triunfo en toda la línea del

súper-ministro Delors y sus ministros adjuntos, dispuestos a todo con tal de «normalizar» las peligrosas

tendencias deficitarias del comercio exterior galo.

 

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