Autor: Rupérez Rubio, Ignacio. 
   El Gobierno y la OTAN     
 
 Diario 16.    02/07/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

OPINION

Diario 16 / 2 julio-83

IGNACIO RUPEREZ Diplomático

El Gobierno y la OTAN

Muchas de las críticas que se hacen al Gobierno son ciertamente superficiales. Sin embargo, en el asunto

de la OTAN, parece obligado reconocer que la imprudencia anterior del PSOE ha colocado a España en

una situación difícil. Lo peor es que dividirá seriamente a la opinión pública española en un momento en

que es necesaria la máxima unidad.

Por desgracia, la OTAN se ha convertido en un conflictivo tema central de nuestra política exterior. No es

un tema como el de Gibraltar, reiterado a lo largo de los años y de solución siempre incierta, ni como el

del Mercado Común, que requiere una actuación constante y firme, en el que la presencia española ha

alcanzado un punto de no retorno y donde entraremos más pronto o más tarde. Respecto a la OTAN, ni

hay consenso, ni, lo que es peor, existe tranquilidad. No parece pertenecer a lo que en lenguaje

eclesiástico se llama «materia opinable». Hipotecado el PSOE por su frenética oposición a nuestro

ingreso, coartada después su libertad de acción en el año de los euromisiles, la dinámica del pacifismo en

España lleva el peligro de crear graves escisiones en la izquierda y de restar credibilidad al Gobierno.

Dos flancos

El puritanismo y la mala voluntad flanquean el problema de la OTAN en la política española. Entre los

que acusan al Gobierno de no cumplir su programa y los que se regodean precisamente por su sensatez en

no hacerlo - «ves, ya lo decíamos nosotros» -, la casa queda sin barrer y el Gobierno aparece como aliado

ambiguo o invitado hortera que, sin embargo, acaba obligado a frecuentar los salones atlánticos. Porque

no aplica su programa, porque compra los F-18 A y porque, en definitiva, responde de la única manera

que hoy parece posible a las exigencias defensivas del país; la izquierda alejada del poder denuncia el

continuismo respecto a UCD. Ignoro si estas críticas al Gobierno le resultarán tan incisivas como las que

recibe de otros sectores. Parece como si cierto maximalismo de la derecha se encaminara a la misma

finalidad puritana, abandonar la OTAN, para entonces cargarse de razón y denunciar la insensatez de un

Gobierno que cumple lo que promete.

Al tratarse de una cuestión fuertemente ideo-logizada, ya desde tiempos anteriores, y de un momento

crítico en Occidente, en que la seguridad condiciona la visión del resto de las cosas, para moverse entre la

izquierda antiatlántica y la derecha desconfiada, el Gobierno ha acabado por reivindicar la conexión de la

OTAN con el Mercado Común y Gibraltar, que antes era anatema en las filas socialistas. Tal conexión se

señaló por anteriores Gobiernos, no para asegurar su solución inmediata, sino para poner en evidencia la

solidaridad occidental y el funcionamiento del binomio seguridad-ayuda económica. Al manejar los

planos diversos de la integración española en Occidente, es posible que el Gobierno realice una fuga hacia

adelante, pero si esto es cierto también es posible que con la fuga se articule un mejor tratamiento de la

realidad.

Críticas

Muchas críticas que hoy se le hacen al Gobierno recuerdan la superficialidad y la inquina de las que

recibieron Niceto Alcalá Zamora («El Botas») y Manuel Azaña («El Verrugas»). Determinadas cosas que

se dijeron cuando el presidente González apareció con frac o el alcalde Tierno bailó con Miss Guinea

tenían la molesta voz de los que consideran al resto del mundo como unos advenedizos.

Diversos elementos pertenecientes a la actual situación internacional aconsejarían nuestra participación

plena en la OTAN; otros, relacionados con nuestra situación económica, política y estratégica, harían

peligroso hoy el desenganche con el Occidente atlántico y la práctica del desarme unilateral. Y todos

ellos, si se contemplan en una perspectiva ideológica y moral, - la de un programa, no necesariamente la

de un Gobierno -, pueden conducir a una mayor ambigüedad misma. Por motivos diferentes, pero

igualmente perjudiciales, el actual Gobierno acabaría donde, literalmente, acabó el anterior; en no aplicar

la política que mandan las circunstancias. Y esto puede resultar fatal, impresentable, tanto desde el punto

de vista de los radicales como de los moderados. En base al tratamiento ideológico de la política exterior

y de seguridad, el PSOE puede dividirse irremediablemente, como los laboristas británicos por la misma

causa. El mundo no es como nosotros quisiéramos y, desde luego, poco tiene que ver con la idea que de él

se hacían los socialistas en España cuando conquistaron el poder. Si se apuran las cosas y en el partido se

sigue viendo el programa como hipoteca de forzoso pago en lugar de ideal que se cumplirá cuando pueda

hacerse, si se llega a extremos aberrantes, resultará, como en el estreno de la obra de Osear Wilde, que

algún día podría decirse de los actores que actuaron muy bien pero que el público resultó un desastre. Mal

público tiene el PSOE y su Gobierno en los que le piden que cumpla a rajatabla su programa respecto a la

seguridad y el desarme, o en quienes lo esperan para que se produzca alguna ceremonia de la confusión.

Por encima de todo ello, sin embargo, también se espera que el Gobierno responda del mejor modo a los

intereses nacionales y a los de Occidente, ante una situación de inseguridad internacional que no ha

creado, pero a la que tampoco puede ser ajeno.

 

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