Autor: Javierre, José María. 
   Los clérigos en las elecciones     
 
 Ya.    24/04/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 7. 

LOS CLÉRIGOS EN LAS ELECCIONES

Era yo un curilla recién salido del seminario y me confiaron aquel verano una

parroquia rural. Coincidió la

convocatoria de un referéndum en el que los españoles debíamos responder si o no

a una pregunta que no

recuerdo cómo estaba planteada, pero que en el fondo significaba si repetíamos

nuestra fidelidad nacional

al Generalísimo Franco. Los párrocos de la diócesis recibimos una carta

confidencial del señor obispo,

que he guardado como pieza maestra de literatura clerical clásica. Su excelencia

decía que votáramos sí y

aconsejáramos a los fieles que votaran que si. La sutileza eclesiástica brillaba

en las sugerencias para

redactar la homilía del domingo: debía quedar perfectamente claro en la .sesera

de los oyentes que el

obispo y el cura eran partidarios, pero al mismo tiempo había que guardar las

formas, explicando que la

doctrina de los escritores católicos exige, la libertad de los votantes para

validez del referéndum. Los

curas de entonces no éramos aún contestatarios, ni siquiera los jóvenes

inquietos como yo. Llevé al

alcalde la carta del obispo. El alcalde me mostró una muy tajante del gobernador

civil. Cura y alcalde

formamos nuestra pequeña coalición local de Iglesia y Estado. Desde nuestros

respectivos púlpitos

adoctrinamos debidamente al personal.

Los emisarios del alcalde visitaron algunas familias sospechosas para

recordarles las realizaciones del

Régimen y asegurarles que dentro de poco el agua correría por un canal cuyas

obras llevaban muchos

años detenidas. Yo elaboré mi homilía echando por delante el carácter sagrado de

la libertad, pero

subrayando que los teólogos recomiendan .acoplar el uso prudentemente a las

circunstancias concretas de

cada país. Los fieles comprendieron. De los trescientos votantes de nuestro

pueblo, la mitad tenían

razones personales o políticas para votar que no. Pues votaron que sí. Sólo una

papeleta negativa se nos

coló en la urna sin que cura ni alcalde adivináramos la identidad de aquel

valiente ciudadano, a quien hoy

rindo tributo de admiración, pero que, desde luego, no hubiera recibido entonces

la gran cruz del Mérito

Civil.

E1 interés de las monjas

He recordado el episodio estos días. Me han invitado en varias ciudades a

conversar con curas y monjas

acerca de la situación política. Quieren conocer a fondo el programa de los

diversos partidos. Y la estatura

política de los líderes. Cualquiera diría que desde mi juventud hasta hoy ha

pasado un siglo. La mayor

parte de la clerecía, masculina y femenina, adopta una postura nítida de interés

por el asunto e

Imparcialidad ante las opciones. Los obispos respaldan la línea neutral del

cardenal Tarancón propuesta

en los. documentos colectivos. El voto de curas y monjas no irá masivamente al

mismo partido, desde

luego. Las monjas bromean a mi costa porque en las charlas me impongo la

obligación de que al final

ninguna sepa cuál será el partido que yo votaré; así la conversación resulta

limpiamente informativa.

Muchos observadores de la vida nacional desconfían, escocidos por experiencias

anteriores, de la sincera

posición que la gente de iglesia adopta en el momento actual de nuestra vida

poli tica. Reconozco que en

el plano de relaciones jerárquicas habrá todavía fermentos inquietantes, y quizá

la realidad para unos y

otros no sea nada sencilla. Pero cometerá un error quien interprete la

religiosidad española sin tomarse en

serio la penetración de las actitudes conciliares características del Vaticano

II y su contorno: Juan XXXI

y Pablo VI.

Al olfato del pueblo llano ha venido el ramalazo de aire nuevo que le trae

posturas religiosas de neta

independencia respecto a los esquemas de poder, y al mismo tiempo de compromiso

leal en la

aventura humana. No son palabras. Ahí está el hecho .a sombroso de que por

primera vez, ¿desde

cuando?, la preparación Inmediata de una campaña electoral en España deja de

lado recursos

anticlericales: los españoles parece que han decidido no mezclar ahora en los

programas el apasionante

dilema de si deben o no deben comerse crudos a loa curas. Por algo será, digo

yo.

En todo el horizonte

Las preferencias de los clérigos no están hoy polarizadas en ninguno de los

grupos que, desde la derecha

hasta la Izquierda, ocupan el horizonte. Hay curas para todos los gustos, lo

cual Impide que los curas

estén formados en. un solo cuadro con caracteres exclusivos. Pero, además, los

clérigos españoles, ocupen

por preferencia personal la zona que ocupen, no son generalmente ariscos,

dogmáticos, duros, como quizá

lo fueron en sus resoluciones políticas tiempo atrás; son, casi todos,

ciudadanos respetuosos de los demás

curas y de los demás ciudadanos. Casi todas, claro, que algunas docenas

defienden tercamente el pelo de

su dehesa particular. La verdad es que, como grupo social, quizá los sacerdotes

españoles merezcamos

una calificación .bastante alta en el examen de conciencia cívica.

Habrá clérigos candidatos en las listas definitivas para las Cortes y el Senado.

La pregunta prende sobre

mi cabeza, porque igual que otros sacerdotes he sido invitado a participar en

varias listas. La semana que

abrimos mañana estará Invadida por los tejemanejes correspondientes. Valdrá la

pena que dediquemos el

comentario de nuestros siete días a contarles por qué pienso que los curas no

debiéramos presentarnos. Y

por qué pienso que algunas monjas sí caerían bien en ciertas candidaturas.

José María JAVIERRE

 

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