Autor: Álvarez Álvarez, José Luis. 
   Últimas noticias sobre la CEE     
 
 Diario 16.    09/07/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

9 julio-83 / Diario 16

JOSÉ LUIS ALVAREZ ALVAREZ Diputado y dirigente del PDP

Ultimas noticias sobre la CEE

Los intentos de los Gobiernos anteriores por entrar en la Comunidad Económica Europea han sido tan

vigorosos como los que hoy hacen los socialistas, pero sin la sumisión a Francia que ahora exhibe la

diplomacia española. Es peligroso - afirma el articulista - que innecesariamente se sacrifiquen sectores

económicos españoles por plegarse a los caprichos de París.

El ingreso de España en la CEE es un viejo asunto en el que los españoles hemos puesto muchas ilusiones

y sufrido grandes decepciones por la actitud de los países comunitarios, más de unos que de otros, como

todos sabemos.

Primero fue la falta de instituciones democráticas; luego, la necesidad de estudio de nuestra realidad

económica, los informes que van y que vienen, la lentitud de. la burocracia de Bruselas; más tarde, la

amenaza de nuestra capacidad agraria y exportadora ante la «modesta» agricultura francesa y las

necesidades electoralistas de los Gobiernos de ese país, de izquierdas o derechas, y, por fin, ahora parece

que a todo eso se unen los conflictos interiores entre los «diez» y que es imposible pensar en que entren

nuevos miembros mientras no se resuelvan esos conflictos, cosa que, totalmente, nunca sucederá.

Todos los Gobiernos españoles - y en ello no creo que haya diferencias - han tratado de lograr la

incorporación. Pero la verdad es que después de ocho años la Monarquía y democracia seguimos viviendo

del acuerdo preferencial de 1970. Los egoísmos de los intereses nacionales, comarcales o sectoriales, de

uno u otro de los países comunitarios, han prevalecido sobre algo tan natural como el deseo de España de

incorporarse, y sobre los intereses de Europa de integrar a cuarenta y cinco millones de europeos de la

Península que, a medio plazo, van a representar más ventajas que inconvenientes para el resto de la

Comunidad.

A veces ha parecido que más que construir la Europa que soñaron Adenauer, De Gasperi y Schumann

(tres democristianos), se han quedado algunos en la Europa de los negocios o de los mercaderes. Que no

han sido capaces de mirar más allá de sus narices o de pensar más allá de unos pocos meses o de

problemas muy concretos. Todavía recuerdo en mi época de ministro de Agricultura las conversaciones

con la ministro Cresson, en las que sólo le interesaban las escarolas del momento, los votantes del Midi,

los problemas minúsculos de su interés presente, y era casi una lucha poder hablar de temas de más

enjundia.

Sumisión a Francia

Insisto en que todos los Gobiernos españoles, y también el actual, estoy seguro, han hecho lo posible para

impulsar la adhesión de España. El Gobierno socialista, sin embargo, se diferencia en que ha adoptado

una posición de sumisión a Francia, creyendo que eso iba a resolver el problema. Y las bofetadas que se

está llevando, en la cara de todos, naturalmente; son más espectaculares. Mauroy viene a Madrid a

reunirse con nuestro presidente González, y el mismo día que nos cuenta en la TV oficialista su deseo de

colaboración, nos vuelcan los camiones. Mitterrand viene de invitado oficial y nos hace un discurso que a

algunos les parece, más que sincero, impertinente. El embajador Guidoni - que lleva camino de pasar a

los anecdotarios históricos - nos dice que el español que no ama a Francia es que no ama la libertad, y

deja convertido a De Gaulle en un antichauvinista. Y para remate, después de las mil idas y venidas del

ministro Morán a todos sitios, y de vendernos la idea de la fijación de fecha para la adhesión, Francia, una

vez más, se opone en Stuttgart y nos quedábamos como estábamos, o peor.

Y la espectacular e ineficaz, para nosotros, reunión de La Granja sirve sólo para que los ministros

franceses intenten convencer a nuestros ministros, no a los españoles, de que la entrada de España pasa

porque los alemanes e ingleses paguen las insuficiencias de la agricultura francesa, ya que en ningún caso

van a permitir la libre competencia de los productos españoles, que producimos en mejores condiciones

que ellos, aunque esto representaría una ventaja para todos los consumidores europeos de la CEE.

Para colmo, los representantes españoles: Felipe González, Morán, Marín, etcétera, nos intentan decir que

las cosas van bien, que lo de Stuttgart es un progreso, ¡porque no se ha roto la CEE!, que Francia desea

nuestra entrada y que es nuestro mejor amigo porque hay un «pacto de familia» socialista, y

aprovechando eso hacemos la política francesa en el Magreb, en Guinea Ecuatorial, en Centroamérica, y

hasta se habla en alguna ocasión de llevar las relaciones con Iberoamérica de la mano de la cultura

francesa.

La realidad de estos meses de Gobierno socialista es la siguiente: no ha habido progresos, no se ha

cerrado ningún capítulo nuevo; el que más nos ha ayudado es el democristiano Kohl, no el socialista

Mitterrand; los problemas de transporte en la frontera son los mismos de siempre; el pacto de pesca para

1983 en las aguas comunitarias es el peor de nuestra historia.

Pero lo que es más grave es que los dos documentos de la CEE para la negociación de la entrada de

España en los campos de la pesca y la agricultura son tremendamente duros y significan una reducción

fortísima de nuestro sector pesquero y una desigualdad de trato para nuestros productos agrarios respecto

a los europeos; trabas a lo que podemos exportar - vino, aceite, frutas y hortalizas - y facilidades a los

sectores en que Europa nos domina - carne, leche y derivados, cereales, remolacha.

El precio de entrar

Esto que hasta ahora se oculta es preciso que se sepa. Para defendernos, para negociar mejor. Soy de los

convencidos de la necesidad de ingresar en la CEE, de hacer los sacrificios precisos, de apoyar a

cualquier Gobierno, a éste también desde la oposición, para conseguirla pronto. Y es más, creo que, a

pesar de todo, en esta legislatura se firmará la adhesión y terminaremos entrando. No por las gestiones de

este Gobierno, como se pretenderá contar, sino por el esfuerzo continuado de todos desde la petición

formal de 1977 y, sobre todo, porque los países comunitarios no pueden, para 1986, casi después de diez

años, seguir diciendo que no a una realidad tan fuerte y a más de cuarenta y cinco millones de europeos.

Pero lo grave, en este momento, seria que para apuntarse tantos políticos el Gobierno español quisiera

entrar a cualquier precio y de cualquier manera. Incluso sacrificando a los sectores que haga falta, porque

eso se nota más tarde, y la firma de la adhesión puede ser un buen motivo para adelantar e intentar ganar

unas elecciones. Contra eso conviene advertir en bien de todos. Creo que estamos a tiempo de negociar en

favor de los intereses de España, sin esperar premios ni regalos, que no nos los van a dar, pero sin perder

la dignidad.

 

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