Autor: Contreras, Lorenzo. 
   OTAN, conexión Londres     
 
 ABC.    21/07/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Cuaderno de notas

OTAN, CONEXIÓN LONDRES

POCOS serán los que a estas alturas se extrañen de la nueva objeción planteada contra el ingreso de

España en la Comunidad Económica Europea. La señora Thatcher, primera ministra británica, acaba de

inventarse un nuevo condicionamiento: la abolición previa de todas las restricciones fronterizas que

operan todavía entre Gibraltar y su territorio español colindante.

Y no cabe la extrañeza porque esta «salida» de la dirigente conservadora pertenece al repertorio de lo

normal en la delirante historia de nuestra pretensión comunitaria. Normal es, en efecto, que

periódicamente surja algún obstáculo europeo para mantener, frente a Madrid, el hielo de la distancia.

Al Gobierno socialista no le pueden sorprender estas actitudes. En realidad es el primer Ejecutivo español

que se ha planteado, siquiera formalmente, la posibilidad de dar a nuestro empeño un giro revisor.

¿Algo así como el vestíbulo de la renuncia? Es difícil creerlo. El proyecto de integración en la CEE es la

gran carta de recambio para jugar la partida de la OTAN. Permanecer en ésta, previo referéndum

debidamente instrumentado, hallaría cobertura propagandística sobre la base de una mejora de las

perspectivas europeas. Abandonarla podría justificarse no sólo como resultado de una decisión soberana

del pueblo consultado, sino también como fruto de una patente dificultad para aceptar al mismo tiempo la

participación en una organización militar y la ausencia de una contrapartida comunitaria que daría sentido

a la inserción de España en el marco pleno de los intereses occidentales y atlánticos.

Sería temerario descartar que la nueva dureza de la Thatcher resulte rigurosamente ajena a una presión de

esos intereses. A fin de cuentas está en la línea de Stuttgart, ciudad alemana donde los supremos

responsables del Mercado Común hicieron naufragar el calendario de ingreso que para España y Portugal

habían acordado en principio, días antes, los ministros de Asuntos Exteriores del Club, reunidos en

Luxemburgo. Están demasiado cercanas las fechas para no recordar aquella espectacular mutación de

posturas europeas, cuando ya nuestros máximos dirigentes vendían con cierta ostentación la noticia de

que el viaje previo de Felipe González a la República Federal de Alemania empezaba a rendir beneficios.

El mundo occidental juega con España, análogamente a como lo hacemos nosotros, la baza de la CEE.

Cuarenta y ocho horas después de que las declaraciones de Alfonso Guerra, ratificadoras «iuxta modum»

de la postura oficial sobre la OTAN, viesen la luz en un periódico madrileño, ha venido la desabrida

advertencia de Londres. Haya o no relación de causa-efecto, lo cierto es que las declaraciones del

vicepresidente español y de la «premier» británica han quedado yuxtapuestas en el tiempo.

El Reino Unidos es, junto con Estados Unidos y Canadá, una de las potencias mundiales que más

celosamente buscan el perfeccionamiento y blindaje de los flancos atlánticos. Lo que acaba de suceder

tiene una lectura verosímil en esa clave.

En definitiva, las palabras de la señora Thatcher demandan pronunciamiento oficial español y, por

supuesto, alguna que otra precisión desde las filas conservadoras del abanico político nacional. No se

minusvalore el hecho de que la derecha avaló por años el cierre hermético de la verja gibraltareña. Una

política que, pese a las suavizaciones introducidas por el Gobierno socialista en materia de pasos y

controles, late, siquiera como pretexto, en los fondos atávicos de un Gobierno perteneciente a la flamante

Internacional Conservadora.

Lorenzo CONTRERAS

 

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