Autor: Blanco Tobío, Manuel. 
   Nuestro blanco bajo vientre     
 
 ABC.    24/07/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Horizonte

NUESTRO BLANCO BAJO VIENTRE

ES artificioso pretender que un tema que forma parte de la política exterior de un país es separable de los

otros temas de la misma. No son separables, aunque se trate de problemas de muy diversa índole, y en

cualquier caso, si alguien se empeña, son inseparables porque sí.

Al escribir esto, me estoy refiriendo a ese «a propósito de cañonazo» de la señora Thatcher viniendo a

decirnos que si nos portamos mal en Gibraltar no nos dejarán entrar en la CEE. Dicho esto, con

intenciones siempre desmentidas o edulcoradas, pero de esas que pavimentan los infiernos, tan inocente

es dar por bueno el desmentido como creer de verdad que se van a mantener perfectamente separados el

asunto de Gibraltar del de nuestro ingreso en la CEE.

Querámoslo o no, nuestro afán por conseguir algo en Gibraltar y nuestro propósito de salir de la OTAN

son dos puntos flacos que se han presentado debajo de la línea de flotación de nuestra diplomacia. Como

no podía ser de otra manera, quienes quieren apretarnos para que sigamos en la OTAN, y para que no

meneemos el asunto de Gibraltar, presionan con fuerza en el único bajo vientre que por el momento

tenemos vulnerable: el ingreso en la CEE.

Por ahí fuera saben lo ansiosos que estamos de entrar en ella y lo enojosos que podemos llegar a ser en lo

de Gibraltar; de forma que nadie se haga ilusiones. Nos van a apretar por ese lado, ya lo están haciendo.

Por fortuna, los problemas que España tiene con los países de la CEE son pocos, fuera de los que presenta

por sí misma la negociación de ingreso en ella (pesca, hostilidad de los agricultores franceses,

hospitalidad al terrorismo etarra, etcétera), pero podemos estar seguros de que si surgiese algún problema

con cualquiera del grupo comunitario, en lo primero en que pensaría sería en amenazarnos con vetar

nuestra entrada en la CEE. Las cosas son así, y nunca fueron de otra manera.

Quizá en lo de Gibraltar no podríamos haber hecho gran cosa por quitarle esa baza a los británicos, que

justifican con bastante cinismo al argüir que no tendría sentido que uno de los países miembros de la

CEE, España, pusiese dificultades a otro Gran Bretaña en Gibraltar, no queriendo ver que mucho menos

sentido tendría el que un país miembro de la CEE. Gran Bretaña, poseyese una colonia en territorio

nacional de otro país miembro - España. En cambio, lo de la OTAN es un problema que nos lo hemos

inventado nosotros. Nos ha ocurrido lo que a un senador norteamericano del que hablaba Kennedy para

decir de él que era un hombre que tenía más soluciones que problemas, razón por la que inventaba

problemas para irles colocando sus soluciones excedentes. Quiero decir que ningún país puede ir por ahí

ofreciendo flancos vulnerables, sin esperar que haya quien se aproveche de ellos para sacar alguna

ventaja. La idea de que España puede irse de la OTAN sin más, y aquí no ha pasado nada, es una

inocentada; la política exterior es como el cerdo, no tiene desperdicio. Vistas las cosas desde este ángulo,

es nuestro justificado interés por entrar a formar parte del «club» comunitario lo que le ha dado una

plusvalía por decirlo así a lo de Gibraltar y a lo de la OTAN, se entiende, una plusvalía que beneficia sólo

a la parte contraria y con la que seguramente no contaba. Al final, a eso viene a parar toda la trasnochada

retórica de «no podemos concebir a Europa sin España». Y lindezas por el estilo. Gran Bretaña lo ha

reducido todo al Peñón, y mañana cualquier otro puede reducirlo a nuestras berenjenas. La vieja gloria de

Europa ya no son las catedrales góticas, sino las fruterías.

Manuel BLANCO TOBIO

 

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