Autor: Barros de Lis y Gaspar, Jesús. 
 La legalización del partido comunista. 
 Algunas consideraciones sobre su oportunidad     
 
 Ya.    24/04/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 7. 

LA LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA

Algunas consideraciones sobre su oportunidad

"DESDRAMATIZAR" es un buen propósito, que no debe confundirse con "frivolizar"

por eso creo

inevitable calificar de grave y difícil la coyuntura actual, al tiempo que, como

demócrata "ejerciente" de

siempre, me siento preocupado por la posible radicalización de posturas, de la

Izquierda y la derecha, a la

vista de las elecciones y ante un centro que reiteradamente se viene intentando

articular mal, y que da una

pobre imagen hasta ahora al país. El centro parece estar fundamentalmente

pendiente de que el presidente

Suárez lo encabece o no, casi como si ello fuera determinante de su ser o no

ser, y da la impresión de que

esto no depende tanto de la presencia de una figura nacional a su frente, como

de una especie de secreta

esperanza de que con ello el peso del poder va a. estar a favor del centro y de

sus candidaturas; si ello

fuera asi, cabría preguntarse hasta qué punto la igualdad de oportunidades y el

imprescindible "juego

limpio" electoral serian uña realidad.

PERO ahora, lo que más me preocupa, y creo que ello también preocupa a muchos

españoles,

demócratas auténticos, es contestar a la pregunta tan de actualidad, de si la

legalización reciente del

Partido Comunista ha sido o no ´oportuna. Una toma de posición sincera, "y tan

serena como objetiva,

podría contribuir a clarificar algo el confuso panorama que se ofrece a los

españoles. Sorprende, cuando

menos, la actitud expresada por tantos políticos, " que sin más consideraciones

se han apresurado a

aplaudir la legalización del PC y a justificarla en base a argumentos que no me

parecen siempre los más

validos. Quiero decir también que las protestas y argumentos esgrimidos en

contra de la susodicha

legalización han sido en muchos casos desmesuradas y, en mi opinión, mal

fundamentadas.

SI en el orden de los principios, como demócratas, no podemos excluir del juego

político legal a ningún

partido, y por tanto ni a los comunistas ni los fascistas, podría haber razones

de oportunidad para aplazar

esa actitud en el orden legal. La democracia! que sin ser ningún régimen

perfecto, parece ser el mejor de

los hasta ahora ensayados, y el que mejor responde a las condiciones de nuestra

sociedad occidental,

exige para su funcionamiento el cumplimiento de una serie de requisitos o

presupuestos insoslayables,

como la participación de los ciudadanos mediante el voto y previa una

información objetiva, la existencia

de partidos responsables que ayuden a formar y canalizar la voluntad popular,

entre otros, y también

exige la aceptación sincera del sistema democrático por aquellos partidos que a

él se acogen y que

pretenden disfrutar de sus ventajas y posibilidades.

Planteadas así las cosas, cabe preguntarse si los partidos comunistas, o los

fascistas en su caso, en cuya

filosofía política básica está el propósito final, cunea hasta el presente

desmentido con algún ejemplo

práctico, de la conquista y transformación radical del Estado y el desmontar el

propio sistema

democrático, no significan un peligro real para la pervivencia de las más

elementales libertades

democráticas si alcanzasen el poder. Conviene recordar que el Nacional

Socialismo de Adolfo Hitler llegó

al poder tras unas elecciones perfectamente libres, y al amparo de la mas

liberal de las constituciones que

ha conocido nunca Europa, la de Weimar; terminar con aquella pesadilla costó

millones de vidas, como

costaría ahora el liberar a tantos pueblos que soportan el totalitarismo

comunista. La democracia exige »l

respeto de las "reglas del juego", y con ellas el principio de 1$

"reversibilidad" del poder obtenido por las

urnas, lo que viene a significar que el pueblo puede dar hoy el poder y quitarlo

mañana, pero que yo sepa,

ni comunistas ni fascistas han devuelto nunca el poder por las urnas, quizá

porque lo primero que suelen

hacer M romperlas...

NO pretendo, con las consideraciones que anteceden, oponerme por principio a la

legalización de los

partidos "totalitarios", como pudiera parecer. Pese a ,1o que considero

justificadísimas razones para el

recelo que tales partidos inspiran a cualquier ciudadano consciente de lo que se

juega con un triunfo—

siempre posible—de aquellos partidos, yo creo que en la práctica no puede

evitarse su reconocimiento y

legalización, para ser consecuentes con esos ideales de libertad y democracia,

que constituyen base y

fundamento de la sociedad occidental a que nos venimos refiriendo, y ello aunque

entrañe riesgos, pero

sin ligerezas y con plena y vigilante concienciar Por eso pienso que loa

aludidos riesgos pueden H e r

mejor afrontados cuando la democracia está firmemente asentada en un país

cualquiera y cuando para

sostenerla existen ya partidos auténticamente democráticos bien organizados, y

cuando la politización de

los ciudadanos s« ha generalizado en un clima de serenidad y de responsabilidad.

No parece ser el mejor

momento para ensayar graves riesgos la difícil transición de un periodo

histórico de cuarenta años de

autoritarismo, de despolitización y desinformación a otro de democracia y de

participación, y máxime si a

estas, lógicas dificultades se unen las propias de una época de crisis

económica, con su secuela de

tensiones sociales.

VEMOS todos los días cuáles son las dificultades para que los necesarios grandes

partidos

democráticos se organicen de verdad para que se concierten las necesarias

alianzas electorales, para que

los españoles tomen en serio su obligación de participar y de responsabilizarse

políticamente; vemos que

no es fácil hacer posible, la democracia. Por esto no creo que pueda Sorprender

que haya quienes

considerasen más prudente el aplazar la legalización del" Partido Comunista

hasta después de las

elecciones, para no dar "la prima de la legalidad" a quienes, aparte de ser un

riesgo inequívoco para la

democracia, son hoy por hoy quizá la fuerza política con más medios y mejor

organización.

DESDE luego que ahora se esgrime como tranquilizante de mágicos efectos, el

"eurocomunismo", en el

que yo no creo. Desde las épocas de Stalin ha llovido mucho; el "telón de acero"

marcó una frontera a la

expansión del comunismo, al menos provisionalmente y en lo que a Europa se

refiere, y partidos

comunistas tan poderosos como el italiano y el francés comprobaron las

dificultades que les ofrece la

".vía democrática"; nada extraño es que se hayan planteado la necesidad de

cambiar radicalmente de

estrategia. Una grave crisis económica en Occidente, el desgaste natural que el

ejercicio del poder ha

causado en los partidos democráticos, entre otros factores, hacen que sea aún

mayor el impacto

psicológico de la "cara humanista" del "eurocomunismo". Pero, cuidado, el

comunismo no ha cambiado

esencialmente, sus objetivos se disimulan mas hábilmente, su riesgo para una

sociedad libre es el mismo.

AHORA el Partido Comunista está legalizado, y lo está en una muy delicada

coyuntura para España, sin

dramatizar la significación de este paso histórico dado por, el Gobierno;

tampoco olvidemos sus peligros.

Estoy seguro de que la habilidad d« loe dirigente* del PC continuará en la línea

de presentarlo como el

más moderado de los partidos de la Izquierda; con ello muchos caerán en la

trampa y se acercará a su

inmediato objetivo de romper el aislamiento y d« Integrarse con otros partidos

en empresas comunes de

todo tipo. Sí los demócratas acertamos a constituir los partidos que España

necesita, si sabemos inspirar

confianza a los españoles y los responsabilizamos en la tarea de hacer la

democracia, si superamos

personalismos, ambiciones y pequeños partidismos, el comunismo, legal o ilegal,

no será, tan inmediata

amenaza; al menos, así lo espero.

Jesús BARROS DE LIS Y GASPAR

 

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