Falsificadores intencionados     
 
 Anuario Español del Gran Mundo.     Página: 146-148. Páginas: 3. Párrafos: 10. 

Dice José Antonio Girón, epn el título, de:

Falsificadores intencionados

«Aprovecho la oportunidad para abordar de frente un-tema que ha querido hacerse espinoso y que lia

servido de aspillera para que Muchos «malos inteligentes» hicieran blanco en la candidez de algunos

«buenos simples».

Me refiero a esa, cuestión ,tan traída y llevada del Ejército y la Falange, lo militar y-lo civil, lo castrense

y lo político, qUe-de: todas estas maneras acostumbra a enunciarse, estableciendo ya oií principio una

separació´n Y hasta una presunción de antagonismo.

Todo lo que dentro del Estado Nacional sindicalista cons-titU3´a una fuerza viva y actuante debe

entenderse incorporado a él tan íntimamente como las potencias del alma al alma misma. El afán de aislar

el Ejército de la Falange y la Falange del Ejército, hasta el aceptar que puedan manifestarse lógicas c-e,-

rraclas y diferentes, indica´ un desconocimiento o una. intencionada falsificación dé la doctrina. Cuando

se busca tímidamente eli una sucesión d« pareceres, en un turno de partidos cansados, una postura

provisional para los pueblos, es lógico suponer en el Ejército una actitiud pasiva, separada, de

desesperanza y de incertidumbre; pero cuando la Patria se encuentra de cara con su destino, cuando se

hace de día, en. todas las sendas y grita sus consignas ardientes la misión, la empresa, desaparece la

distancia y la separación, porque iguala, todos los hombros el correaje guerrero de lo heroico.

Estas son las horas que vivirnos, y a esta claridad, que con facilidad ofusca, Bay que acostumbrar la

mirada. Es necesario que algunos «falangistas» se den. cuenta que hay un exclusivismo que quiere ser

puritano, y sólo se nutre de viejas concepciones liberales; el ropaje sugestivo en que a veces se envuelven

tiene algo de la, enredadera que entorpece el sendero.

No puede hablarse^ por ejemplo, del Ejército como término contrapuesto a la Falange, ni siquiera

diferente en esencia. La Falange no es una institución dentro del Estado al lado de otras instituciones. La

Falange es en su doctrina el Estado mismo, y su esencia informa todo lo que es valor activo ecuménico en

la Patria después de la, Victoria. Es la Unidad de los hombres de España, lío están debajo de ella ni sobre

ella —políticamente hablando— lo militar, lo religioso y lo social; están en ella misma. Porque de lo

religioso, de lo militar y de lo social nacieron" sus consignan.

La verdadera intransigencia está en no consentir, en no tolerar que se admita precisamente aquella otra

concepción parcial de la Falange. En no ceder ante esa tendencia, al exclusivismo y a la separación que

lleva ´dentro nuestra generación cerno un atavismo disolvente y antiunitario del último siglo.

Mal camino para culminar las grandes empresas es la disociación, y más en España, «que se justifica por

una voluntad imperial para unir». «Queremos que la Patria se entienda como unidad armónica e

indivisible superior a las pugnas de los individuos, las clases, los partidos y las diferencias naturales.»

«Sueño de unidad y dé común tarea, frente al angosto particularismo y al paso atrás de las

fragmentaciones sufridas.» Esta es la verdad pura, la palabra que para nosotros es dogma.

El Ejército, dentro de la Patria y dentro de la Falange, es soló un servicio, una función diferente. No

imprime carácter de grupo, ni cíe clase; en él se forma cuando la. Patria llama para morir. Cuesta trabajo

creer-, que puede haber alguno incapaz de ver clara la mano traicionera del enemigo, en esta burda

maniobra de querer distanciar en cierto -modo a los falangistas del Ejército, y a los militares de la

Falange. Si alguna profesión, como tal profesión, predispone a la concepción nacionalsindicalista de la

vida es precisamente la de las armas. No es necesario hacer una. apología de lo militar. Todos nuestros

fundadores coincidieron en considerarlo nervio y fibra de nuestra idiosincrasia.

No hace falta insistir más eiL el contrasentido en que incurrirían quienes fuesen capaces de ve? en e!

Ejército otra cosa que unV> de los servicios más honrosos y más bellamente nacionalsindicalistas que

pueden prestarse. Allá, bajo cielos lejanos, de cara a la muerte, hay una legión de camaradas que saben

mucho de estas cosas. Su heroísmo es una garra española hundida en la carne del último enemigo; es el

desplante ibérico, que ha vuelto a reanudar sus citas con la gloria del riesgo. Si alguno tiene aún dudas,

recelos u obscuridades sobre la doctrina pura en los puntos a que nos hemos referido, que vaya a batirse a

su lado pura aclararlos, porque en esta asignatura la mejor aula es el campo ñe batalla. "¡ARRIBA A

ESPAÑA!»

 

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