Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   Rememorando un acuerdo histórico     
 
 ABC.    05/10/1961.  Páginas: 2. Párrafos: 28. 

REMEMORANDO UN ACUERDO HISTÓRICO

Por ALFREDO KINDELÁN

DEL U DE ABRIL, DEL 31 AL 1 DE OCTUBRE DEL 36

DEL 17 DE JULIO AL 1 DE OCTUBRE DE 1936

LA ASAMBLEA CONSTíTÜYENT* DE SALAMANCA

RELATO FIEL DE UN SUCESO HISTOK1CO

HAN tr a nscu-rrido veinticinco a. ñ o s desde que unos generales y coroneles, reunido^ en un aeródromo

de Salamanca ac o r d aron nombrar al general Franco generalísimo de los Ejércitos del Alzamiento

Nacional, acuerdo del que me correspondió la inic i a t iva. Aunque he relatado mi intervención en aquel

suceso en libros y artículos de Prensa, no puedo desairar el ruego que me hace el director de ABC de

escribir sobre el tena una vez más.

Poco aficionado a la política, las circunstancias me llevaron a intervenir en la de mi país. Mi amistad pe r

s o n al con mi q u e r i do y admirado Soberano Alfonso XIII me hizo visitarle con frecuencia en los pri-

meros meses del año SU* con .propósito de levantar su espíritu decaído ante la ingratitud con que su

pueblo corre sipón día a los desvelos de una vida íntegramente con-sagrada a España. Fui de los Que tra-

taron de disuadirle de renunciar a su Corona, engañado por el sofisma de evitar con ello una lucha cruenta

entre españoles.

Dos días después que el Hey me expatrié yo, ¡permaneciendo en el Mediodía de Francia hasta que

encontré una colocación como ingeniero en 1» casa Saurer, á« Arbon (Suiza). En ella seguía al finar el

año 35, cuando me avisaron de Madrid que se preparaba un alzamiento militar. Naturalmente me apresuré

a repatriarme, enlazándome al llegar con los elementos más activos del Levantamiento en Madrid: Fanjul,

Gallarza, Alvares Remenfcería, García de la Herrán y otros, y con el general Mola, con el que celebré

varias entrevistas, en las que me confió todo el plan de operaciones previsto.

Tuerce el destino con frecuencia la ruta en 5a vida del hombre. Cuando tenia reservadas habitaciones para

los míes y ¡para mí en el parador de Aranda da Duero, donde detoia tomar el mando cié una columna

destinada a operar sobre Madrid, me ordenó Mola me trasladara a Cádiz y Algeciras para tratar de

solucionar el .prr>-blema creado por el destructor "Churru-ca" al cruzar el Estrecho para oponerse a que

lo cruzaran las fuerzas de Mirrue-eos. El ¡18 de julio debía yo dormir en el parador de Aranda, pero lo

hice en el

hotel Cristina, de Algeciras; había salido de la órbita de Mola para entrar en la de Franco, quien me

nombró jefe de Aviación y de su Estado Mayor del Aire. En este doble concepto colaboré estrechamente

con él, siguiéndole en sus traslados sucesivos & Sevilla, Cáceres, Salamanca y Burgos. Me fue así fácil

darme cuenta de la necesidad de que coordinaran sus esfuerzos los grupos de fuerzas militares y cívicas,

unánimes en sentimientos de fervoroso patriotismo, pero dispersos por el aislamiento de los teatros de

operaciones. Existían tres grupos principales: el de Mola, en el Norte; el de Queípo de Llano, en el Sur, y

el de fuerzas de Marruecos, a las órdenes de Franco. El lograr unificar todos los mandos militares llegó a

constituir en mí, como antes dije, una verdadera obsesión.

€5n Tez de confiar a mi memoria las ín-eidfincijjs de las reuniones celebradas en el aeródromo de San

Fernando, de Salamanca, en que la alta representación, del Ejército Nacional acordó el mando único y

designó a Franco como generalísimo, escribí a las pocas horas de terminarse la segunda reunión unas

cuartillas, con lo oue dejé constancia del hecho, al que consideré desde entonces con categoría ds

histórico. Las extracto a continuación con. el epígrafe que les di.

iC b n v e neldo de que el mando único >Se los Ejércitos Nacionales co n s titula una necesidad in-apl a z

a b le, insistí una y otra vez con Franco en varias conversaciones celebradas en Oá c e res acerca de la

urgencia de ipl a n te ar y ´dejar resuelto el $>rotokma. Ma oía el general con afable atención e interés, y

conforme en principio conmigo no acababa de decidirse a (nacerlo >P o r varias ra 2 o nes: modestia,

•temor a iierir sus-cepti b i 1 idades o a sufrir un desaire.

Tuve que apelar para vencer la resistencia pasiva que franco oponía a mis propósitos a concretar éstos por

escrito, y días más tarde los precisé aun inás, so-> spaetiendo al general «na p r o p ueste de co n v o c

atoria que debía él dirigir, a mi juicio, a t o d o s los generales con mando y a la Junta de Burgos para

cele-torar una reunión, en la que habían de tratarse va r ios asuntos trascendentales para la conducción de

la guerra, .con areglo a un orden del día que en la propuesta también ñjaba. Para adelantar todo lo posí-

tole la resolución acompañaba, una lista nominal de los que, a mi juicio, debían ser invitados a la reunión,

y fijaba el lugar de ésta: aeródromo de San Fernando, próximo a Salamanca, y la 13 de

septiembre, a las once.

El .general,- hostigado por mi insistencia, después de meditar un par de días, decidióse al fln a firmar las

hojas de convocatoria, y aceptada la invitación unánimemente nos reunimos en la fecha, hora y sitio

fijados—en un pequeño barracón de madera de cuatro por ooho metros que servía de oficina dé

información en el aeródromo de San Fernando, amuebbdo con una gran mesa central y una docena de

sillas y adornadas con mapas las paredes—los generales Cabanellas, Queipo de Llano, Orgaz, Gil Yuste,

Franco, Mola, Saliquet, Dávila y Kindelán, y los coroneles de Estado Mayor, miembros d? la Junta de

Burgos, Montaner y Moreno Calderón. Presidia Cabanellas.

Se invirtieron las tres horas y media que duró la reunión matinal en discutir varios asuntos no

desprovistos de interés, pero que no lo tenían tanto como el del mando único. Así lo manifesté por tres

veces, sin conseguir se pusiese a discusión este asunto primordial, a «pesar de haber sido apoyado

activamente en este deseo por el general Orgaz. Pero seguí firmemente decidido a perseverar en ellos,

actitud en que Orgaz coincidió conmigo a la salida.

Mientras tomábame» el aperitivo en una finca próxima al aeródromo, perteneciente a don Antonio Pérez

Tabernero, en la que comimos invitados por éste, Orgaz y yo convinimos en que era imprescindible

plantear y discutir en la sesión de la tarde el tema del mando único. Reanudada. la junta a las cuatro

¡planteé resueltamente el asunto, sin ambages ni rodeos, teniendo la satisfacción de oir de labios de Mola,

con su hablar de ruda franqueza castrense, la siguiente frase:

—Pues yo oreo tan Interesante el mando único que si antes de ocho días no se iha nombrado generalísimo

yo no sigo. Yo digo: "¡Ahí queda eso!", y me voy.

Con este refuerzo decisivo nuestra causa quedetoa ganada, aunque el general Ca-banellas sostenía que la

cosa era aún (prematura y que no era imprescindible para el mando único que éste recayera en una sola

persona; que había dos modos de dirigir la guerra: por un generalísimo o por un Directorio o Junta, a lo

que ¡hube de asentir precisando:

—En efecto: existen esos dos modos de dirigir las guerras; con el primero se ganan, con el segundo se

pierden.

Por fin el presidente puso a votación mi propuesta, que fue aprobada con el solo voto en contra del

presidente, fiel a su leal convicción. Pasóse a votar en seguida el nombre de la persona que había de ser

nombrada generalísimo, y como al comenzar dé moderno a antiguo los dos coroneles se recusaban como

votantes ¡por su grado, yo, para evitar situaciones violentas y romper el hielo, pedí votar el primero, y lo

hice a favor de Franco, adhiriéndose inmediata y cordialmente a mi voto Mola, Orgaz y, sucesivamente,

los demás asistentes, salvo Cabanellas quien dijo que, adversario del sistema, no le correspondía votar

persona para cargo que reputaba Innecesario.

Convinimos en mantener secreto tí acuerdo hasta que la Junta de Burgos le diera vigencia y publicidad

oficial, pero como ¡pasados varios días no aparecía el nombramiento, manifesté mi impaciencia a Nicolás

Franco, Yagüe y Millán Astray, y juntos los cuatro dimos una nueva y fuerte carga a Franco,

proponiéndole una nueva reunión en la que se precisasen las atribuciones del generalísimo y se propusiera

que este cargo llevara anexo la jefatura del Estado, con objeto de reunir en una mano las riendas del

Gobierno de la entidad nacional.

El domingo, mientras Franco hablaba desde un balcón al pueblo de Cáceres, entusiasmado por la toma de

Toledo, redactábamos un proyecto de decreto que habla yo de someter a acuerdo de k. segunda reunión

proyectada.

•El lunes 31 nos trasladamos en un mismo avión a Salamanca, dispuestos a "conseguir a toda costa

nuestro patriótico propósito", Franco, Orgaz, Yagüe y yo. La noche antes había marchado Nicolás Franco

y había pedido a los jefes de Falange y Comunión Tradicionalista de Salamanca el envío al aeródromo de

una centuria y un requeté, que juntos con una unidad de Aviación que hizo formar Lecea habían de ser las

primeras tropas que rindieran honores al nuevo generalísimo.

Comenzó la reunión como la primera, en el mismo sitio y a la misma hora, y hasta las doce y tres cuartos

no conseguimos ¡poner de nuevo a discusión el tema de mando único, que algunos propusieron se

aplazase por algunas semanas, venciendo por fin nuestra tenacidad, quizá impertinente. ¡Previas unas

ligeras palabras justificativas de la propuesta, leí el siguiente proyecto de decreto:

Preámbulo.—Constituye precepto indiscutible del arte de la guerra la necesidad del mando único de los

ejércitos en campaña. En la nuestra hasta ahora la falta de tal requisito, impuesta por la incomunicación

inicial entre los teatros de operaciones, ha sido suplida por el entusiasmo y buena voluntad de todos y ¡por

la unidad espiritual que es característica destacada del Movimiento.

Realizada la conjunción táctica e incrementadas considerablemente las fuerzas de los ejércitos, se hace

inaplazable dar realidad al mando único, postulado indispensable de la, victoria. Razones de todo linaje

señalan ademas la conveniencia de concentrar en un solo poder todos aquellos que contribuyan a la

consolidación de un nuevo Estado con asistencia fervorosa de la nación.

En su virtud, y en la seguridad de interpretar el sentir nacional auténtico, se decreta:

•Artículo 1." Todas jas fuerzas de Tierra, Mar y Aire que colaboran o colaboren en el porvenir en favor

del Movimiento estarán subordinadas a un man* do único, que desempeñará un general >ie división o

vicealmirante.

Art. 2." El nombrado se llamará generalísimo y tendrá la máxima jerarquía militar, estándole

subordinados los militares y marinos de mayor categoría.

Art. 3.* La jerarquía de generalísimo llevará anexa la gestión de todas las actividades nacionales políticas,

económicas, sociales y culturales, mientras dure la guerra

.

,Art. 4,° Quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a este decreto.

El general Cabanellas prometió para cerrar la discusión que en Burgos se estudiaría la propuesta y se

providenciaría lo necesario con urgencia.

Suspendida la sesión se iniciaron diálogos parciales, en los que brilló el oro más puro del patriotismo y

del desinterés, llegándose a un pleno acuerdo y fijando Cabanellas el plazo de dos días para darle

realidad.

El plazo fue cumplido, y yo, logrado mi propósito, no creí necesario ir a Burgos el día de la proclamación,

cuya efemérides se conmemora hoy,

JUbwdQ KINDELAN

 

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