Autor: Alós, Juan Domingo. 
   La modernización del ejército     
 
 Madrid.    05/12/1968.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Por JUAN DOMINGO ALOS

Anteayer aprobaron las Cortes el texto de una ley sobre ascensos en la Armada que modifica

profundamente el sistema clásico de cubrir las vacantes producidas en cada empleo por riguroso orden de

antigüedad. La antigüedad contará tan sólo para los más idóneos, excluidos previamente los menos

capacitados física, psíquica e intelectualmente. Un número determinado de vacantes se cubrirán por

elección.

En el discurso del ministro del ramo se hace referencia a la extensión del procedimiento a los demás

Ejércitos; extensión a la que, de un modo u otro, se han referido los generales Barroso y García Rebull.

La Marina de guerra, en todo caso, ha sido la que se ha adelantado a implantar esta innovación legal que

rejuvenecerá así en plazo breve sus cuadros de mando. Este rejuvenecimiento no será tan sólo

cronológico, sino también de talante.

La historia de los doscientos años últimos de nuestras Fuerzas Armadas tiene un interés extraordinario

para explicar la Historia misma de España. Desde finales del XVIII podrían señalarse tres inflexiones en

la mentalidad de los mandos de nuestros Ejércitos. La primera sobreviene en la guerra de la

Independencia y se acrisola en la primera guerra carlista. A unas jerarquías militares aristocráticas

suceden unos mandos populares; a unos militares que eran exclusivamente técnicos suceden los militares

politizados, hombres liberales, de partido, que utilizan la fuerza al servicio de su ideología prodigando ese

acontecimiento típico en nuestro siglo XIX cuyo nombre se ha internacionalizado: el pronunciamiento.

Una segunda inflexión se produce tomando como eje cronológico el cambio de siglo. Vicens Vives

advierte sus huellas desde 1890 a 1909. "Los grandes jefes militares son todavía liberales, cuando no de

tradición republicana (Weyler, Luque, Aguilera, el primer marqués de Estella)." Pero la oficialidad joven

inicia "el deslizamiento del Ejército español hacia el campo conservador", que se consolida con la

participación del Ejército frente a la Revolución de 1917; que aplaza, con su fidelidad, la caída de

Alfonso XIII; y que cambia el pronunciamiento por el golpe de Estado: no se alza a favor de un partido,

sino contra los partidos. El vació o el caos producido por éstos se llena o se sustituye por el Ejército. Así

ocurre en 1923 y, salvadas las distancias salvables, en 1936.

La iniciación de la tercera inflexión no queda lejos de esta fecha. La biografía del general Fanjul escrita

por García Venero lo pone ya de manifiesto. Los trabajos de sociología militar de Julio Busquets elevan a

conclusiones científicas el cambio de mentalidad de nuestros militares de carrera, a partir de las

promociones jóvenes de la guerra y contando incluso con la afluencia, en sus orígenes civiles, de los

oficiales provisionales. El cambio nunca ha sido brusco, ni lo es ahora tampoco. Pero más del 50 por 100

de los oficiales de escala activa de las cuatro Armas combatientes y del Estado Mayor—en el Ejército de

Tierra—proceden hoy de la Academia General Militar de la posguerra. Las características principales de

estos oficiales son: "Catolicismo seglar y avanzado, virtudes humanas, espíritu crítico, perfección técnica,

superación del nacionalismo, inquietud social, afán de reformar el Ejército, apertura ideológica y amor al

diálogo". Todo ello, según Busquets, acerca la mentalidad de nuestro Ejército a la de los demás Ejércitos

europeos. La ley de Ascensos en la Armada es probable que acelere el "tempo" de la modernización de

nuestro Ejército.

 

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