Autor: Garrigues y Díaz Cañabate, Antonio. 
   La UCD, el PSOE y la gran empresa de la política española     
 
 ABC.    06/07/1977.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

LA U.C.D., EL P.S.O.E. Y LA GRAN "EMPRESA" DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA

Por Antonio GARRIGUES Y DÍAZ CAÑABATE

LO difícil para e! régimen monárquico es incorporar a la izquierda. En Europa.

las Monarquías que

subsisten es porque han sabido hacerlo y las que murieron murieron de ese mal.

En España lo intentó

Cánovas, pero los que le asesinaron a él y a Canalejas hirieron de muerte e)

proyecto. Don Juan Carlos lo

está haciendo realidad, está uniendo en una las dos Españas, está recomponiendo,

restaurando la España

rota.

Los vencedores de la guerra civil no lo supieron hacer. Tampoco lo hubieran

sabido hacer los vencidos si

hubieran sido vencedores. El régimen de Franco restauró no «su» monarquía,

conforme a su designio, que

no hubiera tenido ninguna virtualidad, sino «la» monarquía, y elevó

extraordinariamente el nivel de vida

de los españoles. Pero no dio vida, falto de visión v mal aconsejado, a sus

propias instituciones, que

estaban dea vi I a liza das, muertas, antes de su propia muerte.

El franquismo sociológico, que existe, y al que pertenecen muchos de los que

gobiernan y han de

gobernar España —cuarenta años son muchos años— reconoce el beneficio de la

Monarquía y las

mejoras económicas conseguidas, pero tiene conciencia de que las cosas muertas

no se pueden resucitar.

Todo intento de «vitalizar el franquismo ha fracasado porque estaba condenado al

fracaso.

Pero un reprimen de izquierdas, monárquico o republicano, muere de la misma

muerte si no sabe

incorporar a la derecha. De eso murió la II República española. £1 reloj de U

política se para cuando el

péndulo se queda quieto en cualquier posición de su pendulación natural, v una

política parada es la

antipolítica. Después de las elecciones, esa pendulación natural está ubicada

entre la U. C. D., y el P. S. O. E.; no se puede ni debe llegar a más ni a la

derecha ni a la izquierda.

LOS programas respectivos comparados a dos columnas muestran ante todo lo que

tienen de

«programáticos». Dn programa es una declaración previa de lo que se piensa hacer

en una materia u

ocasión dadas, pero como entre el dicho y el hecho hay un gran trecho —los

italianos dicen más, porque

dicen «entre el decir y el hacer está el mar»—, los programas políticos se

caracterizan frente a la realidad

por su generalidad y sus generalidades; mas, por el momento, es del único

material que se dispone.

En los temas políticos: Constitución. autonomías, religión, matrimonio,

educación, las diferencias

programáticas entre uno y otro grupo político son pequeñas; diferencias más bien

de matiz, de acento y de

redacción; pero salvo en cuanto a la educación y el matrimonio. En lo primero,

lo que el P. S. O. E.

propone es el derecho a una enseñanza gratuita, obligatoria y pública,

eliminando a sensu contrario la

privada, mientras que en la formulación de C. C. D. se propone la libertad de

enseñanza » la gratuidad, al

menos, en el nivel de E. G. B. Y en el matrimonio, el P. S. O. E. habla

concretamente del divorcio, tema

que la U. C. D. omite aludiendo a la regulación civil del matrimonio congruente

con el postulado de un

Estado no confesional.

En los temas económicos es más difícil establecer el paralelismo comparativo,

porque uno y otro grupos

los enfocan con ana óptica distinta: la U. C. D. eleva a la categoría de

principio «1» economía social de

mercado», es decir, la consagración de la iniciativa privada como base de la

actividad económica, aunque

con los condicionamientos —libertad y autonomía sindical, derecho a la huelga,

el trabajo concebido

como participación en la empresa, etc.—, es decir, los condicionamientos típicos

de la economía libre

donde está vigente.

Pero el P. S O. E,, en la versión electoral de su programa económico no hace

ninguna declaración de

principio sobre ei sistema económico que pretende implantar, así como tampoco

formula una Política de

nacionalizaciones. Se limita a encarar problemas concretos. Por ejemplo, para

solucionar el problema del

paro y la emigración postula estímulos directos a la creación de puestos de

trabajo, por medio de la

disminución progresiva del Impuesto sobre las Rentas de las empresas que

aumentan su plantilla en más

de un 5 por 100. Es una fórmula tomada del Plan Barre para Francia, donde no

parece que ha tenido

mucho éxito. El P. S. O. E., * los efectos electorales, ha evitado todo to que

pudiera ahuyentar a la

pequeña burguesía y, en general, a la clase media; por eso ha obtenido tan alto

consenso.

ESTAS son las «palabras» políticas. Los «hechos» políticos y la praxis están por

ver; pero que en las

palabras haya dominado 1» moderación y la mesura "s muy importante. Pertenecen

también al terreno de

los hechos —no naturalmente de España, pero sí del socialismo europea— el que en

varios países de

Europa hayan gobernado y gobiernen los socialistas respetando básicamente la

economía libre y

realizando una política socializante, no dogmática, sino realista, y sobre todo

respetando rigurosamente el

principio de la rotación en el Gobierno que imponga el electorado. Lo importante

no es el socialismo, sino

la clase de socialismo, porque en el socialismo también hay clases. T lo que no

se sabe es qué «clase» de

socialismo representa hoy el P. S. O. E.

La medida humana que tiene que dar un político es extraordinaria, y si no la da

no sirve para eso; se

convierte en un simple gestor de los asuntos públicos. Hay en muchos países

hombres políticos de esta

clase que gobiernan —es Un decir— sus pueblos a base de dejar hacer, dejar

pasar. Estos. los pueblos,

como los soldados respecto de un ejército, son el elemento pasivo de la

política, pero de una pasividad

inflamable para el bien o para el mal. A los pueblos, como a los ejércitos. los

ponen en forma sus

«líderes». La democracia no es el imposible del gobierno del pueblo por el

pueblo, sino del gobierno por

los líderes libremente elegidos por él. Estos ni deben confundirse con el pueblo

ni distanciarse de é!,

EL pueblo español no puede estar políticamente más propicio. Lo

ha demostrado en la

votación del Referéndum y en las elecciones. Pero económicamente está

muy abatido. Combatir la inflación, remediar el paro, promover la inversión y

demás maravillas son problemas técnicos, pero no

sólo eso. Hace falta generar un dinamismo, una nueva fe en los destinos

del país; un nuevo espíritu, una confianza Que haga el milagro de

que los españoles, que se han unido para imponer la moderador, política, se

pongan ahora también juntos

para la cosa más importante, que es la de ponerse a trabajar.

Cuando un pueblo vive por encima de sus recursos, como es el caso del pueblo

español, puede hacer una

de estas dos cosas ´que son las mismas que puede hacer un particular) : o

restringir sus necesidades al

nivel de sus ingresos, o elevar la producción de los recursos propios no sólo a!

nivel de sus gastos, No

sobrepasar éstos para poder reinvertir, El uso del crédito no puede ser más que

instrumental, el fondo del

problema permaneciendo el mismo.) En el primer supuesto se está en una

regresión, que es como un

cáncer: la salvación está en el segundo la base de la economía está en la

empresa, sea privada sea pública,

y ambas son necesarias. Una empresa —privada o pública— es un conjunto de medios

materiales y

personales para obtener un resultado, un producto. Pero la clave de la empresa

es el empresario: es la

piedra angular; sin él, la empresa decae. Los empresarios son pocos —son siempre

pocos los realizadores

en cualquier actividad humana: ciencia, arte, profesiones liberales, deportes,

etc.— y lo que está fuera de

cuestión es que el empresario í la empresa privada son mucho más eficientes que

el empresario 7 la

empresa pública.

Finalmente, ana empresa es una «especulación» sobre el futuro. Si éste no está

despejado, si el

empresario no sabe a qué atenerse, la actividad empresarial languidece, si no

muere. Estimular la economía es hacer posible y rentable la actividad

empresarial. Esa es después de las elecciones, la gran empresa de la política

española. G. y D. C.

 

< Volver