Teniente General Ariza. 
 El ejército permanece vigilante  :   
 Continuaremos fieles a las Leyes Fundamentales. 
 Pueblo.    04/05/1970.  Páginas: 2. Párrafos: 56. 

4 de mayo de 1970

El Principe de España presidió la imposición moción de Estado Mayor

Discurso del general Ariza

Lealtad y disciplina

Libertad

Justici socis

Propiedad privada

La defensa nacional

Teniente general Ariza

El Ejército, custodia del desarrollo económico y social

«Una propiedad privada que ignore sus unciones sociales carece de derecho mo« •al para mantenerse. El

derecho absoluto a límite del disfrute de Jos bienes sólo >uede admitirlo el capitalismo liberal», lijo esta

mañana el teniente general don Narciso Ariza García, director >3e !a Escuela de Estado Mayor, en e! acto

celebrado en dicho ce;>í/ro., con motivo tif; a imposición de tajas de Estado Mayor i la LXVI promoción,

integrada por cincuenta, y seis alumnos (cincuenta de ellos, españoles, y los seis restantes, pertenecientes

a los Ejércitos de Argentina, Estados Unidos, Italia y Marruecos).

El acto fue presidido por el Príncipe de España, don Juan Carlos de Borbón, a quien acompañaban el

vicepresidente del Gobierno, alrflírajite Carrero Blanco; ministros del Ejército, Marina y Aire, señores

Catañón, Baturone y Díez Benjumea, respectivamente; capitán general de la I Región Militar y otras

jerarquías militares.

En primer lugar se procedió a la lectura de la orden correspondiente a Ja promoción a la que se im« ponía

los fajines de Estado Mayor, y a la que siguió la entrega de diplomas e imposición de la gran cruz del

Mérito Militar, com distintivo blanco, ai número uno de la promoción, capitán de Infantete don Rafael

Valenzuela.

Seguidamente, el director de la Escuela de Estado Mayor, teniente generas Ariza, pronunció el siguiente

discurso:

Al pisar por vez primera este hogar solariego del Estado Mayor del Ejército, doy Muestra cordial

bienvenida a su Alteza el Príncipe de España, que nos honra con su presencia en este acto de entrega de

diplomas ei imposición de fajas a la LXVI promoción. Sin ambages, como corresponde al laconismo

militar: muchas gracias, señor.

Agradecemos a las elevadas personalidades del Gobierno y de las Fuerzas Armadas, a los representantes

de los Ejércitos amigos, e todos los queridos compañeros y a los familiares de los nuevos diplomados su

asistencia a este acto, el más brillante y alegre de cuantos al correr del año celebra esta escuela.

Nuestra gratitud a la misión americana y a los representantes de los Ejércitos de Argentina y Chile, que,

una vez más, han distinguido a la escuela con los obsequios entregados al numero uno de la promoción, el

capitán Valenzuela.

Si el servicio de Estado Mayor tuviera que ostentar eji su emblema una divisa, sin duda alguna seria la

palabra LEALTAD. Fidelidad al cumplimiento de la misión recibida; veracidad en los informes, aunque

duelan al que los recibe; entrega plena a las decisiones del mando; sacrificio constante hacia las tropas

para que no les falte lo preciso para "vivir y combatir... Todo esto, y mucho más, encierra esa virtud, que

me atrevo a calificar tan trascendental coma la propia DISCIPLINA, porque si en determinadas

circunstancias puede perdonarse todo, la falta de lealtad en un oficial de Estado Mayor jamás podría ser ni

perdonada ni olvidada.

- Por esto, Alteza, tened la seguridad de que cuantos nos honramos con pertenecer al servicio de Estado

Mayor permaneceremos siempre fieles a las Leyes Fundamentales del Reino, y si, por la gracia de Dios,

llegáis a ceñir la Corona de España como heredero de nuestro Caudillo, nos tendréis entre los más leales

subditos, cuyo ferviente deseo es que seáis ese «buen señor» que en el canto del «Mío Cid» pedía el noble

pueblo castellano, fundamento y bastión de nuestra nacionalidad.

Mas si se nos pide y exige LEALTAD, justo es que sepamos lo que tenemos que defender y por qué lo

tenemos que hacer.

Nadie es más PACIFISTA que el militar; él conoce los sacrificios, las amarguras, las ruinas, la sangre y

las muertes que la guerra produce. Pero nosotros entendemos por pacifismo el deseo de evitar esa

calamidad que de modo continuo y permanente, con tenacidad demoniaca, azota a la Humanidad. En

verdad, no sucede un solo dia sin que la lucha cobre, en uno u otro lugar de la tierra, sus víctimas

propicias, como obligado tributo por nuestros pecados de hombres desterrados del paraíso. Tenemos que

admitir la guerra como fenómeno social. Ya dijo Su Santidad Pablo VI que «el odio es más fácil que el

amor». Pues ahí, sin duda, reside la base de ese problema social Mientras no seamos capaces de evitar que

la envidia, la mentira y el mal prevalezcan en las relaciones humanas, la guerra estará con nosotros, en

nuestra sociedad, como un fenómeno más de nuestra vida.

Se invoca como fundamento social la libertad del hombre. Se respeta esa libertad sólo cuando se le estima

— como nosotros le estimamos— «portador de valores eternos» y cuando está al servicio de la unidad

indiscutida, permanente e insobornable que es la Patria. Porque la grandeza de ésta no es obra de la

malicia, la cobardía o el buen yantar de los sanchopanzas; está forjada en la vida dura, austera, llena de

renuncias y sacrificios de los quijotes, que, gracias a Dios, tanto abundan en nuestro pueblo. En ningún

estamento social como en las Fuerzas Armadas se vive con el sentido ascético y militar esa vida plena de

entrega diaria, permanente, de la labor de paz, que alcanza, su meta más sublime en la propia lucha.

Ante la constante lucha de clases entre las más necesitadas —que son las más numerosas— y las do-

minantes, nuestro Movimiento Nacional se ha caracterizado por una gran inquietud social, para es-

tablecer, entre todos los hombres y las tierras de España, principios de paz y justicia, a la luz del sentido

cristiano de la vida.

A pesar de los años transcurridos no podernos olvidar las enseñanzas morales de esa Cruzada, que duró

tres años y costó a España UN MILLÓN de muertos: El "gscsificio de ellos la salvó de perder su

independencia y su fe bajo el mando de nuestro Caudillo. L´iego, eri los treinta años de paz, se fue ira-

guando ei porvenir político del Estado que culminó con la promulgación de la Ley Orgánica del año

1967, síntesis política y conse cuencia directa de nuestra victoria, y que fue • aceptada plesbicito nacional,

por aplastante mayoría.

Estos, y no otros, son los poderes que tenemos que defender y las razones que nos obligan. Por ellos, los

Ejércitos de Espeña permanecen, como en la guerra, arma al brazo, bajo los luceros, en vigilia, para que

nuestro pueblo —este pueblo español, sufrido, leal, caballeroso, pero que odia la mentira, el engaño y la

doblez, y que no perdona a los traidores— viva en PAZ y TRABAJO.

Hace tiempo ya que e Generalísimo dijo: «Pueden nuestros brazos abrir se al perdón generoso de los

arrepentidos, pero en el servicio de Dios y de 1; Patria jamás permitiremo intrigas, que aspiren a pa tos e

ntre crimina les y sus víctimas o a coloquios en tre los lobos y las ovejas.»

Yo deso que, en ésta, n última lección, os quec grabada en el corazón inquietud espiritual que ii.-

vade al mundo sobre la: «Justicia Social».

A través de la Historia podemos comprobar cómo los hombres se han movido por dos motores espiri-

tuales: libertad y justicia social. Estas han forzada el ritmo pausado, de la vida de los pueblos, y en te

sociedad que nos ha tocado-vivir, se acelera con el gigantesco desarrollo de la´ técnica y la investigación

Y en esta edad científica otras características es la; rapidez de las comunicaciones, que acortan las dis-

tancias y ensanchan la gama informativa de los pueblos; medios éstos que pueden ser —de hecho lo son

empleados con maldad y con error.

Todos aspiramos a mejorar el nivel de vida, ello supone no sólo una más amplia satisfacción de cosas

antes superftuas, sino a la liberación de gran parte del trabajo físico, sin olvidar que el desarrollo del

maqumismo no liberará jamás al hombre de su labor intelectual en el proceso de la decisión y comcepción

de los planes a realizar.

Si a ello unimos el pavoroso problema del hambre en el mundo, que se siente incapaz para acabar con

esta gravísima amenaza, sacamos la consecuencia que es preciso disminuir, hasta que desaparezca, esa

diferencia entre países opulentos y países miserables. Para ello, no se vislumbra otra solución que acelerar

el desarrollo económico y social de los pueblos subdesarrollados, pero no sólo con unas mejoras materia-

les, sino mediante una reforma moral y espiritual, que los eduque y promo-cione hacia metas más e»

consonancia con un orden social justo, según teólogos, filósofos y científicos, para formar el «hombre

nuevo» que corresponde a los nuevos tiempos.

Gravísimo problema el que plantean las desigualdades sociales. Juntó al derecho de propiedad privada

está la labor social de los bienes; una propiedad privada que ignore sus funciones sociales, carece de

derecho moral para mantenerse. El derecho absoluto del disfrute de los bienes sin limitación alguna sólo

puede admitirlo el capitalismo liberal. Ha dicho el Papa: «El camino de la paz social pasa por el des-

arrollo.»

«No tendremos justicia - social —dijo José Antonio— mientras cada una de las clases, en régimen de lu-

cha, quiera imponer a las otras su dominación.»

Franco, sentenció: «A toda idea de gobierno ha de ir inseparablemente unida la acción social.»

La Ley Orgánica establece que, «entre los fines fundamentales del Estado está la promoción de un orden

social justo en él que todo interés particular quede subordinado al bien común».

Por último, ha dicho, hace unos días, el ministro de Trabajo: «La Seguridad Social es el más hermoso

instrumento de solidaridad y de vida comunitaria de nuestro tiempo; es también el mejor instrumento, el

más eficaz, para: hacer realidad el principio de la justicia social.»

Si examinamos todas les evoluciones políticas surgidas en el mundo tras la segunda guerra mundial,

vemos que se han caracterizado por un hondo sentido social se quiera o no; lo político interesa a muy

pocos; lo social es preocupación de todos, por eso no puede sorprender que en el fondo de toda acción

política moderna se esconde un ansia de justicia social.

El bienestar material de los hombres es función de la participación que obtienen en el disfrute de los

bienes; para ello lo primero que se requiere es tener cubiertas las necesidades de una existencia digna.

No es posible, ni es lugar ahora, el daros un amplio resumen de la labor social realizada en España desde

1936, pero sí señalaré como muestras algunos puntos de la legislación española.

El Fuero del Trabajo, promulgado en plena guerra, el 9 de marzo de 1938, dice: «Renovando la tradición

católica de justicia social, el Estado acude al plano de lo social con la voluntad de poner la riqueza al

servicio del pueblo español, subordinando la economía a la dignidad de la persona humana, teniendo en

cuenta sus necesidades materiales y las exigencias de una vida intelectual, moral, espiritual y religiosa.»

El Fuero de los españoles, de 17 de julio de 1945, modificado por la Ley Orgánica del Estado, dice, entre

otros preceptos:

«El Estado reconoce y ampara a la familia como institución natural y fundamento de la sociedad, con

derechos y deberes, anteriores y superiores a toda ley humana positiva.» «El Estado español garantiza a

los trabajadores la seguridad de paro en el infortunio y les reconoce derecho a la asistencia en los casos de

vejez, muerte, enfermedad, maternidad, accidentes del trabajo, invalidez, paro forzoso y demás riesgos

que pueden ser objeto de seguro social.

Hemos visto cómo el ansia de justicia social es general . en todos los hombres y de todos los pueblos.

Pero diréis, ¿cómo puede influir la defensa nacional en esa obra de Seguridad Social; y ¿qué se hace

dentro de las Fuerzas Armadas para lograr que sus miembros gocen de los beneficios de esa JUSTICIA

SOCIAL? Intentaré responder a ambas cuestiones:

En un mundo´ donde permanece el riesgo de agresión, la defensa nacional de cualquier país üromociona el

«desarrollo económico y social» del mismo, si bien al valorar la seguridad necesaria ha de estimarse el

grado aceptable de ésta para no hacer peligrar la productividad nacional.

Cierto que los gastos militares, en cualquier país, restan hombres y recursos a la red económica nacional,

disminuyen el consumo y la inversión y pueden incluso tener repercusiones sobre la balanza de pagos, al

imponer determinadas importaciones—no rentables—y frenar las exportaciones de determinadas materias

—muy rentables—. Pero no es menos cierto también que las industrias y los pedidos militares y equipo

que demanda la defensa contribuyen al desarrollo industrial y económico del país, sobre todo cuando gran

parte de los gastos de aquélla repercuten en la producción nacional.

En orden a los conocimientos científicos y técnicos, las actividades militares pueden adelantar en el

tiempo su utilidad, como la aplicación de la energía nuclear en la industria de paz, o ser origen de otros

adelantos, como los ordenadores electrónicos, consecuencia de los sistemas guías de misiles del programa

espacial, que también posee un gran contenido estratégico.

En relación con el elemento humano, la defensa influye en el desarrollo separando una parte de la mano

de obra, pero devolviéndola en gran parte potenciada en el orden técnico - profesional, al conjunto

económico productivo del país. La fijación de los límites de los gastos de defensa, dentro de los recursos

generales de la nación, es una cuestión de naturaleza política, ya que corresponde hacerlo al Gobierno.

Sin embargo, Jos gobernantes deben estar asesorados para que las Fuerzas Armadas en sus actividades

puedan ser también influyentes en el proceso del desarrollo económico-social.

Pero la influencia de la defensa en la Seguridad Social es reversible. . En efecto; es bien sabido que

«bienestar» es contrario a «desorden». De aquí que la Seguridad Social incide en la defensa al reforzar el

principio de autoridad sebee la población. Cuando un pueblo no tiene que luchar directamente contra la

enfermedad, el paro la vivienda, la vejez, el desempleo, etc, por tener resueltos los problemas que estas

circunstancias le crean, ese pueblo no hace de la política su «lucha por la vida».

En el Ejército, el hombre sigue siendo pieza fundamental a pesar, del material y del complicado

armamento moderno; su moral ha de ser estimulada ante los riesgos a que está sometido, y su perso-

nalidad debemos promocionarla al máximo. De ahí la importancia que en las Fuerzas Armadas reviste la

Seguridad Social, y como no podemos olvidar que ésta trata de crear una inmunidad del cuerpo social, sus

efectos son esencialmente de índole familiar.

En los últimos veinte años no cabe duda que nuestra sociedad civil alcanzó un positivo desarrollo y una

eficaz elevación de nivel de vida; esto no ha tenido paralelo en las Fuerzas Armadas, en primer lugar

porque no están dotadas, presupuestariamente, como les correspondía, ya que entre diecisiete países

occidentales europeos, en España se dedica menos «per cápita» a gastos de defensa; de otra parte, ha

desaparecido socialmente la situación que podíamos estimar de privilegio, y al permanecer casi

estacionario nuestro nivel económico, la consecuencia es una regresión social. El desarrollo económico-

social del país no nos ha afectado en forma apreciada. Asi las Fuerzas Armadas disponemos de muchas

menos ventajas sociales en orden educativo, deportivo, de descanso en residencias, e incluso nuestras

instalaciones sanitarias, en otro tiempo aventajadas, han quedado retrasadas en la Seguridad Social.

La conciencia del país tiene que darse cuenta que . el esfuerzo a destinar a las Fuerzas Armadas debe ocu-

par un destacado puesto en los compromisos generales del Estado no sólo en lo concerniente a los medios

materiales, sino al trabajo del personal.

No voy a detallar la eficaz labor social realizada en el Ejército en los últimos veinticinco años, pero en

nuestra visión del futuro se prevé un amplio programa a llevar a cabo. Así la cuestión vivienda ocupa un

primer plano en la previsión social porque el militar forzasamente a través de su vida, ha de cambiar de

domicilio, con los consiguientes perjuicios que a su família supone nueva vivienda, colegios, deterioro del

mobiliario, y todo esto, a veces, con perjuicios económicos.

En este aspecto de la Seguridad Social, nuestra meta la podemos sintetizar en las dos siguientes as-

piraciones;

1ª Que cada guarnición disponga de viviendas, en régimen de alquiler, en número suficiente para todos

los jefes, oficiales y suboficiales en ellas destinados.

2.a Construir, en régimen de propiedad, casa para que todo militar —al alcanzar la edad de retiro— o su

viuda e hijos caso de fallecimiento disponga de vivienda propia, adquirida m e diante una pequeña

aportación mensual de su sueldo en la vida militar activa.

Con estas ideas yo quisiera haber creado en vos. otros la inquietud de problemas de tan honda repercusión

en la moral profesional. Vuestra juventud —-símbolo de empuje y decisión— puede aportar soluciones

realmente eficaces en los puestos que vais a desempeñar.

No quiero cansaros más. Aprovechad siem p r e las enseñanzas recibi das de vuestros profesores; pensad

que en todo puesto que ocupéis trabajáis por España y por el Ejército. Sois exponente distinguido de_

vuestras Armas. y hoy mismo empezáis a escribir .esa página en blanco aue cada uno tenéis en la Historia

del Estado Mayor, Hacedlo con trazos firmes, viriles y rectos para que las páginas anteriores nn tengan

que avergonzarse de las vuestras.

Al expresaros la más cariñosa felicitación por la feliz culminación de vuestra labor en esta escuela, os

oído —como último consejo— que marchéis por la senda de !a vida llenos de optimismo; así seréis

capaces, en momentos de desaliento, de hallar la rosa escondida • entre las espinas que os cierren el paso.

f| Imposición de fajines de Estado Mayor

Terminado el discurso riel teniente rieneral Ariza nn? filé mibraijddn con grandes a-nlausos. se nro-_

cedió a la _ imposición de fn-nnes de Estado Mayor a los i nt e tj mntes d? la LXV1 promoción; ajiaiUn-

nando a los alumnos c/ue han obtenido los seis primeros números el Príncipe de España, el vicenpre-

sidente del Gobierno, los ministros de los tres Ejércitos y el teniente general jefe del Estado Mayor

Central.

 

< Volver