Autor: Contreras, Lorenzo. 
 Derrotada la enmienda de don Blas Piñar. 
 Via libre para regular la objección de conciencia al servicio militar     
 
 Informaciones.    03/07/1971.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 36. 

CORTES

DERROTADA LA ENMIENDA DE DON BLAS PINAR

«Los argumentos en contra nacen más bien del corazón que del cerebro» (teniente general Díez-Alegría)

Por Lorenzo CONTRERAS (Cronista parlamentario de INFORMACIONES.)

EL PELIGRO DE UN ESTADO LIBERAL

LA AMENAZA DE LA OBJECIÓN CATÓLICA

REPARTO DE PARECERES

¿CONTRAFUERO?

HAY QUE BUSCAR UNA SOLUCIÓN

UNA SENTENCIA DE UN CONSEJO DE GUERRA

CAMPASTA

C1ON sólo siete votos a favor resultó ayer derrotada en la ,´ Comisión de Defensa de las Cortes la

propuesta de don Blas Pinar en el sentido de que el proyecto de ley sobre objetantes al servicio militar

activo, en tiempo de paz, -por motivos religiosos, fuese devuelto al Gobierno.

En algún momento imperó en la sala, de la comisión, donde ayer se desarrollaron los debates, la sospecha

o temor a vna repetición de la historia de hace un año, citando el primer proyecto enviado por el Gobierno

fue rechazado y devuelto a su punto de partida.

El señor Pinar, que llegó a la Comisión cargado de papeles y documentos, consumió un turno

extraordinario de más de una hora para exponer sus argumentos en contra de la, aceptación del proyecto,

en cuanto que éste representa el planteamiento del problema como pugna entre una interpretación

subjetiva y la obligación objetiva del servicio, impuesta por las leyes.

El señor Fernández Cuesta, que apoyó a don Blas Pinar, señaló que por encima del valor moral de la

conciencia está el cumplimiento de la norma positiva.

El inspirador del movimiento que se centra en la revista «Fuerza Nueva» comenzó acusando a la ponencia

de haber mantenido, en el texto ofrecido a la vista dé las enmiendas presentabas, una postura «híbrida».

«La solución aportada —dijo el señor Piñar— no es equilibrada, sino equilibrista, que es la mejor manera

de caer en el vacío.»

Según dijo el enmendante, a la totalidad del proyecto no hay modo de comprobar verazmente las

motivaciones de la conciencia. Se refirió luego al contagio que ya a suponer en España el principio de

objeción a las armas.

Don Blas Pinar preguntó si no se está pasando en nuestro país de un Estado de signo nacional que cree en

unos dogmas concretos a un Estado liberal que ya no sirve a esos dogmas.

Argumentó que con el proyecto se pone en quiebra, no sólo el principio de que el Ejército es escuela de

formación ciudadana, sino también el postulado fundamental de la igualdad de los españoles ante la ley.

Lamentó que España —según él— se esté situando en un «gris difuso» compartido con otros países, en

lugar de conservar y preservar su perfil peculiar:

Recordó que el servicio militar en España está concebido como un honor y un deber, según las propias

leyes fundamentales.

Hizo también, después de ser invitado por el general Galera, presidente de la Comisión, a no ser

reiterativo, una relación de casos, refiriéndose al de Beunza —primer objetor católico en España—, como

síntoma de que el problema de la objeción católica puede estallar en el país.

Atacó a diversas publicaciones por sus actitudes a favor de la regulación de la objeción, y dijo que el

pronunciamiento, también favorable, del movimiento «Justitia et Pax» carece de valor, pues la

potestad de decidir corresponde a la Santa Sede.

Calificó al cardenal Alfrink de «o b j e t or de conciencia dentro de la Iglesia». Extrajo conclusiones pro

servicio militar de las palabras de Cristo al centurió, y propuso tres soluciones para el problema de la

objeción: admisión del servicio militar voluntario, elección de cuerpo en los cupos y establecimiento de

un «servicio de reconciliación», en el que los objetores —dijo—podrían «ir a las trincheras a procurar que

los enemigos se abrazasen».

Los argumentos del señor Pinar fueron apoyados por el general García Rebull, capitán general de Madrid,

y por los también generales Lacalle y Barroso, ambos ex ministros.

Igualmente secundaron jas peticiones de devolución de! proyecto los señores Fernández Cuesta,

Hernández Navarro, López Medel, Riestra del Moral, Hernández Gil y don Felipe Solís Ruiz.

Por el contrario, el general Díez-Alegría, jefe del Alto Estado Mayor Central, que ayer debutab como

orador en las Cortes, y los señores Martínez de Salinas, Cabello de Alba, García Bravo, Merino y

Hertogs, defendieron el mantenimiento del proyecto de ley.

El general García Rebull habló del peligro de que pro-liferen los desaprensivos y se inicie la

descatolización de España; el señor Fernández Cuesta señaló la posibilidad de que la futura ley incurra en

contrafuero por violación del mandato del Fuero de los Españoles, que considera un honor y un deber

«servir la patria con las armas»; el señor Hernández Navarro apoyó esta apreciación; el gene ral Barroso

consideró que todo este asunto de la objeción de conciencia es «una maniobra soviética»; el señor López

Medel se pronunció contra el proyecto, en base al sentir joseantoniano de que es preciso ser «mitad

monjes y mitad soldados»; el señor Riestra se sumó a la idea de contrafuero, porque —según dijo— lleva

treinta años dejándose convencer por Fernández Cuesta; el señor Hernández Gil habló de la amenaza de

una fisura o brecha en el servicio del Ejército; el general Lacalle expresó su sorpresa ante el hecho de que

la objeción siempre se dirija contra el servicio militar y no contra el pago de los impuestos, tina parte de

cuyos fondos se destina a atenciones militares; el señor Solís (don Felipe) señaló que, PH conciencia, no

comprende a los objetores de conciencia, dado que el amor a la patria lo han aprendido los españoles ya

en el vientre dé sus madres.

Abrió el frente de los replicantes el señor Martínez de Salinas, quien recordó que Cristo fue el primer

inconformista, y se refirió al episodio de Pedro con el criado Marco en Getsemaní y la famosa sentencia

de Jesús. Indicó que el problema existe y es preciso resolverlo. Frente al artículo del Fuero que insta al

servicio de armas está, en la misma normativa fundamental, el reconocimiento del respeto a la dignid&d

de la persona humana.

«Estamos juzgando —continuó— a unos españoles que tienen la valentía, insensata acaso, de decir «no»

al servicio militar. Para ellos ¿no hay, acaso, mucha piedra que picar en el país?»

El señor Cabello de Alba manifestó su impresión ante log casos por él conocidos de objetantes que se

hallan cumpliendo, sin abdicar de sus convicciones, su tercera condena.

En réplica a los argumentos de contrafuero, manifestó el mismo procurador que el artículo del Fuero de

los Españoles que establece >¿1 honor y el deber del servicio militar tiene un segundo párrafo que dice:

«Cuando sean llamados (los españoles) con arreglo a la ley.» «¿Qué ley?, se preguntó. Y se dio esta

respuesta: «La que se refiera al servicio militar, cuya reforma es perfectamente po sible.»

El señor García Bravo pun tualizó que el Gobierno ha enviado ya dog veces el proyecto de regulación de

la objeción, y ese Gobierno está presidido por el Jefe del Estado, «que no es —dijo-^ precisamente

sospechoso».

El señor Merino García mantuvo la misma postura que hace un año en la sesión en que fue retirado el

primer proyecto. Entonces defendió en solitario la necesidad de discutir y llevar adelante la regulación del

problema de los objetores.

Ayer, el señor Merino citó en la Comisión un otrosí de la sentencia dictada contra un testigo de Jehová

por un Tribunal de la Armada, en San Fernando (Cádiz), en noviembre de 1967.

El otrosí dice textualmente: "El Consejo de guerra, de conformidad con el criterio sostenido en el primero

de los considerandos de esta sentencia, se permite llamar respetuosamente la atención de la autoridad

judicial en el sentido de que, recogiendo el sentir de los miembros de este Tribunal, se dirija al exce-

lentísimo señor ministro de Marina, con el ruego de que promueva, si esí lo estima justo y conveniente, y

al nivel que corresponda, la necesidad de una regulación jurídico-penal de la actitud de los llamados

´objetores de conciencia´, bien sea otorgándole un Estatuto especial que establezca sus servicios al Estado,

bien sea incluyendo su conducta en una de las figuras jurídicas existentes en nuestras leyes, o bien crean-

do una figura penal nueva que al mismo tiempo que castigue su negativa a servir a la Patria en sos fuerzas

armadas, no convierta este castigo, necesario y justo si es proporcionado, en una ininterrumpida serie de

condenas por desobediencia cada vez de más cuantía como la experiencia viene demostrando..."

El señor Merino leyó el nombre de los jueces firmantes de la sentencia y de la petición en ella contenida,

y dijo que no pueden ser sospechosos de obrar por instigación de ninguna campaña internacional.

El señor Hertogs manifestó que el problema planteado es de valores morales y el deber de conciencia reli-

gioso está por encima de todos los demás valores.

Finalmente, el teniente general Díez-Alegría señaló que todos los. argumentos contara el proyecto habían

nacido del corazón y no del cerebro. Devolver el texto al Gobierno sería muy grave. El contrafuero es

discutible, pues no cabe pensar que el Gobierno, por dos veces, haya incurrido en la infantilidad de propo-

ner un proyecto inconstitucional.

La cuestión, según el jefe del Alto Estado Mayor, se plantea en los términos siguientes: introducido en el

ordenamiento jurídico español el principio de libertad religiosa habré que hacer posible el ejercicio de

esta libertad.

En una segunda vuelta del debate, el señor Hernández Navarro, después de aludir con reproches de

intenciones subversivas a Pau Casals, Ne-ruda, Madariaga y La Pira, manifestó que hace tiempo se está

devaluando en España la figura del héroe, con lo cual la juventud está siendo sometida a una campaña de

desmoralización y desprestigio.

Todos o casi todos los procuradores estuvieron, de acuerdo en un punto: es preciso resolver el problema

del delito continuado en que incurren los objetores.

El general Campano habló a favor del proyecto en nombre de la ponencia. Otro miembro de ésta, el señor

Díaz Llanos, replicó a los argumentos sobre la inconstitucionalidad del texto. "Una cosa —dijo— es el

honor del servicio de las armas y otro el deber de prestarlo."

El ponente se refería a las , excepciones que desde siempre se han establecido sin que por eso se haya

invocado el contrafuero.

Por último, el señor Díaz Llanos contestó al señor Pinar en el aspecto argumental del pasaje evangélico

del centurión. "El elogio al centurión —dijo— fue por una cuestión de fe y no de profesión."

Ayer hicieron falta muchas citas de autoridad.

El martes entra la Comisión de Defensa en el examen de los artículos del proyecto.

INFORMACIONES

3 de julio de 1971

 

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