Presidente de la Junta de Alféreces Provisionales. 
 "El asociacionismo es sumamente útil, pero de imprevisibles resultados"  :   
 La pluralidad ideológica es perfectamente legítima. Nuestro único camino es el respeto al hombre por el hombre. 
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PRESIDIENTE DE LA JUNTA DE ALFÉRECES PROVISIONALES:

* LA PLURALIDAD IDEOLÓGICA ES PERFECTAMENTE LEGITIMA

* NUESTRO ÚNICO CAMINO ES EL RESPETO AL HOMBRE POR EL HOMBRE

RESPETO AL HOMBRE POR EL HOMBRE

MADRID, 6. (INFIRMACIONES.)—nEl asociacionismo es sumamente útil, pero de imprevisibles

resultados, dado nuestro carácter y nuestro temperamento. La pluralidad ideológica humana es

perfectamente legitima,´ pero algunos españoles ni respetan ni sé consideran iguales a los demás, que-

riendo, en todo caso, ser libres a cualquier´precio^ ignorantes par ahora de que la libertad es atributo de

unos pocos y que desgraciadamente, de hecho, la inmensa mayoría nunca logra su emancipación. Es tarea

ésta muy difícil, y tendremos que ir acostumbrándonos para desarrollarla y hacerlo siempre sin perder la

paciencia.» Esto dice el señor Benítez de Lugo, marqués de la Florida, presidente de la Junta Nacional de

la Hermandad de Alféreces Provisionales, en una carta circular dirigida a todos los miembros de la

Hermandad, carta que algunos comentaristas políticos califican de «aperturista».

En la carta anuncia «la presentación .en la vida nacional» de la revista «Servicio», «para defender los

ideales por los que dieron su vida, los mejores», y afirma entre otras «osas;

«Sigo creyendo que la Hermandad de hoy debe ser parte, dentro de la opinión pública, como genuino

cauce social y patriótico. Pero a la vez debe reflexionar sobre sí misma y obtener conciencia Clara de su

auténtica personalidad, haciendo incondicional voto de fidelidad a nuestro pensamiento, de acuerdo con el

artículo 21 dé la ley Orgánica del Estado y en armonía perfecta con la linea política del punto VI de la ley

dé Principios del Movimiento Nacional.

Es ésta la arteria principal de nuestro ideario y nuestra meta. En su espíritu habremos de desarrollar

nuestra andadura con el fin de proporcionar corporeidad definitiva a nuestra legítima y honesta línea de

pensamiento, confignradora ésta de nn«s-tra opinión soberana; subsistencia política de nosotros mismos,

que a la vez integra la política del Estado como nota esencial de ella misma y como única estructura

política de la nación. Algo muy serio y profundo, en suma, que una gran mayoría inconsciente tal vez no

valora. Por eso yo os prometo, y para eso acepté la presidencia, esforzarme por ser el digno portavoz de

nuestras aspiraciones. Más no olvidando que una eke nuestras misiones es a de despertar en el hombre la

conciencia política y sincera de sí mismo y la de su contorno sociológico. La madurez en este orden de

cosas está aún lejana y hemos de extremar las precauciones para no retrasar más nuestra propia evolución.

No s» trata de ir demasiado rápido; se trata de no ir con excesiva lentitud pues cuanto antes logremos la

emancipación definitiva, tanto antes habremos logrado, al ie-nal que los hombres de buena voluntad, la

primera de nuestras metas en el camino arduo de las estrellas.

Bien es verdad que el único camino es el que tenemos los alféreces provisionales como norma, el respeto

del hombre por el hombre, que es, en definitiva, el postulado ético más importante. Y al propio tiempo

uno de los principios básicos que habremos de tener siempre presentes, uno de los pilares de nuestro

pensamiento, la piedra ana-ular de nuestra Hermandad.

La política internacional es un fenómeno oue nos arrastra siempre, mientras .no seamos partícipes

efectivos ¿e ella, y sí lo somos habremos de comportarnos con extrema rigurosidad, aceptando y de-

fendiendo tas rfsr´as del gran juesro comunitario, nunca combatiéndolas; de ello hornos de ser también

conscientes, cuando las primeras ráfagas de otros vientos lleguen a huéstríls tierras, impulsando la vela

del progreso. Nada hemos de temer si somos firmes en nuestro anjeo proposito: el bien de España; porone

¿craé otra cosa, si no, hemos deseado?»

 

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