Poder militar y desarrollo político     
 
 Ya.    12/08/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

12-VIII-73

Poder militar y desarrollo político

CARACTER nacional de la intervención, evidencia sobre su necesidad, excepcionalidad, provisionalidad,

son las condiciones que, según exponíamos en nuestro comentario anterior, debe reunir la actuación de las

Fuerzas Armadas en aquellos casos, ciertamente contadisimos, auténticos casos límite, en que una nación

tiene que recurrir o ellas pora que la saquen del caos; pero esto no obsta, naturalmente, a que dicha

actuación constituya una anomalía política, y por esto, donde se produce, denuncia una sociedad que fun-

ciona defectuosamente y cuyos males sólo momentáneamente pueden aliviarse con el remedio de

urgencia.

Debemos puntualizar: función política la tiene el Ejército en todas partes, incluso en naciones con una

larga tradición civil, pero donde las nuevas modalidades de la guerra, desbordando los cauces de los

conflictos con formas inéditas provistas de una fuerte carga ideológica, le obligan a considerar problemas

eminentemente políticos que están estrechamente vinculados con su más directo cometido; recuérdese

cómo, en la vecina Francia, la decisión fonda-mental en la crisis de mayo de 1968 na la tomó el

presidente. De Gaulle sin la previa y discreta, consulta a las Fuerzas Armadas. Pero una cosa es esa

función de reserva política, podríamos decir, en que basta con la presencia sin que sea indispensable pasar

a más, y otra cosa es que haya necesidad de pasar a más.

NO son declaraciones más o menos platónicas las que podrán evitorio, sino, como hemos anticipado, la

conciencia del Ejército, su sentido profesional, su educación cívica y la madurez política del país.

Prohibir que se recurra a las Fuerzas Armadas en casos extremos seria tan pueril como prohibir al

enfermo que busque el remedio donde piensa que puede encontrarlo. Lo que hace falta es que no tenga

que pedírselo a nadie porque las instituciones políticas funcionen bien.

Balmes, que no era ningún entusiasta del Ejército, reconocía que no es que él poder civil, fuera flaco

porque el militar fuese fuerte, sino que el poder militar era fuerte porque el poder civil era flaco. A la

misma conclusión llega, un siglo después, el historiador norteamericano Payne en su estudio sobre los

militares y la política española durante siglo y medio: "El Ejército se convirtió en un factor fundamental

de la política, no tanto porque los militares fuesen ambiciosos o voraces, sino porque la sociedad política

española se había quebrado. "Digamos de paso que ésa es la explicación del papel directivo del Ejército

en sociedades como las africanas, que no es que se hayan quebrada, sino que acaban de nacer.

evolucionado nuestro país lo suficiente para que la presencia de las Fuerzas Armadas tenga la función

política, poco más que simbólica, propia de sociedades cuya madurez hace inconcebible cualquier

alteración violenta de su funcionamiento normal? La dura experiencia de nuestra guerra, la variación de

las condiciones sociológicas del país, la elevación del nivel de vida, la desproletarización de grandes

masas de población, la aparición de una nueva cíase media naturalmente conservadora, el debilitamiento

de los antiguos motivos de tensión y posiblemente un mayor sentido de la convivencia, nos inclinan hacia

la respuesta afirmativa. Es también la del procurador señor Esperabé en el ruego al Gobierno que venimos

comentando. Asimismo coincidimos con él en opinar que hace falta proporcionar a esta sociedad una

vestidura política que esté a la medida de su desarrolla, mediante el cumplimiento, de lo que exigen las

Leyes Fundamentales. Se trata de dar voz, con la mayor extensión y autenticidad posibles, a esa inmensa

mayoría del país que encarna el sentido común, evitando el peligro de los extremismos, que sólo tienen

fuerza en la medida en que esa mayoría carece de ella, y son por su radicalismo los que pueden hacer

Inevitables soluciones de emergencia que nadie debe desear; y que, menos que nadie, desea el propio

Ejército.

El señor Esperabé pide una nueva ley Orgánica de las Fuerzas Armadas; como hemos dicho, nos parece

necesaria; pero las preocupaciones que dicho procurador expone sobre el magno problema de la función

política del Ejército rebasan, a nuestro juicio, el marco y las posibilidades de ese proyecto de ley y de otro

cualquiera. Es el desarrollo completo de nuestro sistema constitucional el que debe dar la solución. El

Ejército de la ley orgánica es, según lo entendemos nosotros, un Ejército eminentemente profesional,

alerta para respaldar cuanto exija la paz nacional, pero no dispuesto a asumir el primer plano más que en

situaciones límite, y aun entonces no para hacer política, sino con la finalidad de mantener las

condiciones indispensables para que se pueda hacer política sin que la política mate a la nación. Y en una

sociedad donde la autoridad esté bien ejercida por sus órganos naturales y el país se encuentre

debidamente representado ante sus gobernanh, podemos predecir qué esas situaciones extremas no se

producirán..

 

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