Al margen de la política     
 
 ABC.    10/01/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. VIERNES 10 DE ENERO DE 1975.

AL MARGEN DE LA POLÍTICA

No está acostumbrada la opinión pública española a manifestaciones o declaraciones de los Ministerios

militares referidas a materias políticas comunes, generalizadas, porque una norma de discreta prudencia

acatada con exacta disciplina ha mantenido siempre al Ejército en una correcta posición silenciosa, al

margen de la política y de sus circunstanciales evoluciones, de sus vaivenes diarios.

Seguramente por ello los discursos simultáneos de los ministros del Ejército y de la Marina, en la ocasión

de la Pascua Militar, discursos coincidentes en la teoría, han causado tan profunda impresión —profunda

y favorable— y han suscitado tantos comentarios.

Con leves diferencias de matiz, ambos ministros, el teniente general Colonia-Gallegos y el almirante Pita

da Veiga, afirman lo mismo: las Fuerzas Armadas y sus miembros están y deben estar más allá de las

opciones políticas, concretas y temporales.

«La naturaleza de la misión de las Fuerzas Armadas—dice el ministro del Ejército— está más allá de las

opciones políticas concretas y esto nos impone el deber de respetar cualquier opción política de las que

tienen cabida en el orden institucional, sin que sea lícito, en consecuencia, participar ni mostrar pública-

mente su preferencia por cualquiera de ellas.»

Con palabras casi idénticas se expresó el ministro de Marina; subrayando, además, que las Fuerzas

Armadas «nacen de la voluntad nacional de asegurar su defensa; por ello encarnan el máximo exponente

del deseo de. mantener la unidad de la comunidad política, es decir, de la permanencia misma de la

Patria».

Como cualificadísimo estamento social, como institución de defensa nacional, como organismo

constitucional el Ejército, en todos sus Cuerpos y Armas, se ha mantenido siempre, luego de la guerra

civil, y así debe constar en honor suyo, al margen de la política. No se ha apartado un milímetro de su

propio papel, de su altísima responsabilidad.

No parece entonces posible interpretar la simultaneidad y coincidencia de los dos discursos de otra

manera que no sea una normal advertencia, un oportuno recuerdo de su misión verdadera y sus deberes

estrictos, cuando la ocasión de apertura política que supone el Estatuto asociativo podría acentuar la

tentación, para los militares, de actividades políticas en las próximas y posibles asociaciones, o de

inconvenientes e improcedentes presencias personales encellas; en sus luchas y competencias.

Tentación, aclaremos, que tanto podría deberse a la propia e individual vocación de quien viste el

uniforme militar, como a la invitación interesada de los ciudadanos a quienes su condición civil no veda

la actividad política directa y pública.

No es la actividad política, no debe serlo, la misión del Ejército; ni la dedicación de sus miembros

mientras pertenezcan a él. Con teoría correcta, inatacable, y con acento rotundo ha definido el ministro

del Ejército: «el que así pensara —(es decir, quien de la milicia_ creyese servir mejor a España

promoviendo o alentando una determinada actitud política )— procedería honradamente si s"e separase de

nuestras filas».

Entendemos, pues, normal advertencia y oportuna recordación en ambos discursos. Entendemos que la

finalidad perseguida comprende también algo de extraordinaria importancia: que el terreno donde van a

jugar sus bazas políticas las asociaciones quedará limpio de toda influencia, directa o indirecta, del presti-

gio que, naturalmente, va unido a los uniformes militares para que ninguna de las opciones políticas

lícitas se lucre o intente beneficiarse con dicho prestigio, porque, en definitiva, es un patrimonio común

de la nacionalidad. Entendernos, en fin, que así, al margen de la política, se mantiene mejor y mejor se

conserva la Unidad ideológica interna del propio Ejército, factor vital e insustituible en la normal

existencia del país.

Y únicamente nos queda desear —con aspiración que comparte sin duda toda la comunidad política

española— que se cumplan las definiciones tan claramente expresadas en los discursos. Y quizá que se

defina a tales efectos cuáles son las situaciones en las que se considera a una persona miembro de las

Fuerzas Armadas —y, por lo tanto, al margen de la política— y cuales otras aquellas en las que ya se está

fuera de tal condición, pero se siguen usando públicamente símbolos y atributos, incluso que pueden

confundir a la opinión.

 

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