Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   No hay monarquía constitucional si no hay oposición     
 
 Ya.    08/07/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

ESCRIBE AUGUSTO ASSIA

No hay monarquía constitucional si no hay oposición

El equilibrio parlamentario se baso en la alternativa mayoría-minoría Una Monarquía constitucional

puede afrontar cualquier tipo de amenazas o peligros

Este es el segundo de una serie cíe artículos sobre el funcionamiento y lo» poderes de los parlamentos en

las monarquías constitucionales.

QI lo hubiera imaginado para hacerme, a mi y a ustedes, el favor de ilustrar estos artículos, los

sindicatos ingleses no podían hacer nada más fitil Qwe ío que hicieron estos tres últimos días,

produciendo la explosión, en las narices del Gobierno, del "contrato social", la congelación de salarios y

precios y el resto del conjunto de medidas con las que los laboristas comenzaban, después de tres años, a

torcerle el cuello a la espiral de precios y tálanos. Los obreros ingleses han puesto de manifiesto, en

efecto, que no hay ninguna contradicción, ninguna incoherencia ni ningún disparate que no pueda ocurrir

en una monarquía constitucional.

Hay poca duda, de que el correr de los acontecimientos no acabará sino demostrando que tampoco hay

régimen alguno por el que puedan pasar los disparates, las incoherencias y las contradicciones tan

indemnemente como pueden pasar por una, monarquía constitucional. Que no deje de ser constitucional

es la sola condición.

MONARQUÍA Y REPÚBLICA ANTE LOS SINDICATOS

Figúrese usted que los dos más numerosos sindicatos rusos hubieran procedido a proclamar por enormes

mayorías la puesta.patas arriba de toda la política económica del Kremlin, y si le da vueltas a usted la

cabeza, haga el favor de no echarme a mí la culpa.

No es necesario recurrir al ejemplo soviético, en el que, por estar basado sobre una dictadura férrea,

cualquier discrepancia resulta alarmante. No quiero pensar la situación que el desacato de los sindicatos

de Transportes y Minería podría provocar incluso en la más sólida de las repúblicas europeas, si en la

Alemania occidental, se produjera lo que se ha producido en Inglaterra.

Como a Churchill el electorado después fie la guerra, al jefe sindical, Jones, ahora los don millones y pico

de sindicalistas de su sindicato le han vuelto fríamente la espalda, mientras en el último acto, antes de

jubilarse, les exhortaba a que de ningún modo y por nada de este mundo echaran río abajo todos los

beneficios conseguidos con los sacrificios de tres años.

Dos días antes, el Sindicato de mineros desoía, a su vez, n sus dirigentes pora reclamar, desde el primero

de agosto, un aumento de 17.000 pesetas semanales.

"¿Que los patronos no pueden pagarlo f Pues peor para ellos", objetó un orador tras otro ante sus

dirigentes con u n a alegría y una jactancia que le pondría la, piel de gallina a cualquiera, si esto fuese otro

país y no fuese Inglaterra.

Yo acababa de seguir el debate minero por la televisión, cuando tuve que ir a una recepción a la que me

habían invitado en la Cámara de los Comunes.

— ¿Pero qué va a pasar?le pregunté til primer diputado conocido que me encontré y que resultó ser un

conservador, sin poder ocultar mi alarma.

—¡Óh, pues si Dios no lo remedia, lo que va a ocurrir es que el Gobierno laborista está expuesto a caer a

medio verano, a, que tengamos elecciones al comienzo del otoño y a que luy ganemos los conservadores,

probablemente, con la primera mayoría cómoda desde hace muchos años , me respondió sosegadamente

el diputados colocando la, cuestión a horcajadas sobre el tema fundamental de la serie de artículos para

escribir la cual nte encuentro aquí,

Sientros sea constitucional no hay peligro ni amenaza a que una monarquía no esté expuesta. Pero no hay

amenaza ni peligro que uña, monarquía, con tal de que no abandone la constitución, no pueda lidiar, es el

tema en cuestión.

DELICADO EQUILIBRIO PARLAMENTARIO

El punto de apoyo, como el de Arquímedes, está en el balancín entre Gobierno y oposición, que es la

base indispensable dé las siete, y cada tina de las siete, monarquías constitucionales, cnyoy parlamentos

pueden estar constituidos por una o por dos cámaras, pueden ser elegidos por sufragio proporcional o

directo; p u e de n constituirlos tres partidos, como en Inglaterra, o catorce, como en Holanda; pueden

reunirse en anfiteatros, en saina oblongas en salas cuadradas; pueden elegirlos toaos los mayores de

dieciocho años, como en Inglaterra, Q nadie menor de veintiuno, como en Bélgica. Aro h«y ninguna

monarquía constitucional, empero, donde el parlamento no esté dividido

en don sectores, ocupado tmo por la mayoría que apoya al Gobierno y el otro por la minoría que lo

combate,.lo cual es la e_sencia de la monarquía democrática, su pistón y su válvula, ain los que no puede

naber, ni la hay, monarquía constitucional.

El inmenso horno, la sima de peligro, el poto sin fondo en que de no haber aqui ahora una oposición seria

y sólido capas de ofrecer una alternativa, podría precipitarse Inglaterra a causa de la deserción laborista,

es el mejor aviso que nadie podría imaginarse sobre ln virtud que en si misma encierra la oposición.

Creo que fue Lloyd George, y si no fue Lloyd George debió ser Gladstone, quien dijo que la minoría es

tan importante en un sistema parlamentario democrático como la mayoría y, "si me aparancito de

memoria más, porque aunque es concebible un Gobierno aciivo, imaginativo y audas, apoyado por una

mayoría complaciente, no es concebible un buen Gobierno sin una minoría que le combata vivamente".

No hay ninguna necesidad de recurrir en este momento de Inglaterra a la autoridad de ningún notable para

darse cuenta de la importancia de que un sistema político tengan, además de Gobierno, oposición.

Basta fon pensar lo que podría ocurrir este otoño en Inglaterra ai, co»tn ahora, parece lo más probable, la

revulsión de los obreros sindicados contra ln austeridad laborista cuaja y no hubiera un partido con

servador capaz de ganar las elecciones y con ellas importar, en nombre de la mayoría» la alternativa que

estos años, durante las elecciones que perdió Heath (precisamente a manos de los sindicalistas), ha estado

siendo la minoría.

INGLATERRA, CON ALTERNATIVAS DEFINIDAS

En ninguna otra Monarquía, la alternativa entre Gobierno y oposición es tan definida y clara, desde luego,

como en Inglaterra. Porque tampoco en ninguna prevalece tan abiertamente la división del Parlamento

entre dos partidos que uno juega un papel, y el otro, otro, aunque en este instante el liberal haya salida

del limbo en que lleva cincuenta y tantos años para adoptar el carácter de protector del Gobierno,

prestándole, crida vez que los necesita, los dos o trett diputados que a Mr. Callaghan» le faltan. Pero,

aunque en ninguna otra Monarquía lo. dislocación sea tan precisa, de ellas es una parte básica la

dicotomía. Holanda, con catorce partidos, no puf de proyectar su sistema tan nítido mente como Inglaterra

con dos.

El sentimiento de la división entre mayoría y minoría, con el principio de que «n Gobierno no es

democrático sólo porque cuente con el apoyo de la mayoría, sino también por el respeto que le presta a la

minoría, es igual de vivo y de predominante en Inglaterra con dos partidos que en Holanda con catorce.

No es el Gobierno que ln gobierna ni la oposición que «faca al Gobierno de lo que depen. Es que una

monarquía europea sea buena o mala, sino de las dos cosas en conjunto. Es la continuidad precisamente

aquello en que una monarquía es superior a una república, aunque las repúblicas sean superiores a la a

monarquías en otras muchas cosas. A su vea, la continuidad es lo que convierte en una Monarquía, como

la inglesa: en un negocio más de cada día, lo que en otro sistema podría, ser. tuvimos la difícil rebelión

sindical, una ruptura.

Augusto ASSIA

 

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