El ejército español, unido y en su puesto     
 
 ABC.    16/05/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC, VIERNES 16 DE MAYO DE 1975. PAG. 3

EL EJERCITO ESPAÑOL, UNIDO Y EN SU PUESTO

Publicamos, en otras páginas de este número, una entrevista con el general González del Yerro, jefe de la

Escueta de Estado Mayor. La cualificada autoridad del entrevistado sumada al relevante, interés.que

adquiere la institución militar en tiempos dominados por la preocupación de la continuidad del Régimen,

de la llamada «política para el futuro» O. de las previsiones sucesorias establecidas, nos incitan, hoy, al

comentario de algunas afirmaciones del general González del Yerro; afirmaciones que tienen singular

importancia.

Sin ambigüedad alguna, con el tajante acento oropio de 3as convicciones más firmes, despeja el ilustre

militar cualquier duda o temor que pueda sentir Iz opinión sobre la politización del Ejército : el Ejército

no está politizado; no debe jugar papel ni protagonismo en la «arena política»; no promociona líderes, ni

presiona en favor ni en contra de legítimas opciones políticas de la ciudadanía civil; y se mantiene, en fin,

en la misión de defensa interior del orden constitucional que le marcan las Leyes Fundamentales.

No encierran nada nuevo, en verdad, nada distinto a lo que pudieran declarar otras autoridades páratelas o

d« superior grado, las afirmaciones d«l general González ´ de´ Yerro. Pero precisamente de aquí, de su

consciente reiteración, dimana la mayor fuerza persuasiva de las mismas* Y d´e su extraordinaria

oportunidad —«ada más tempestivo en sstos días que insistir en la correctísima actitud .constitucional del

Ejército— se deriva su valor excepcional.

La unidad sin grietas de todos sus Cuerpos v Armas v su saber y querer estar´ en su sitio, en su exacto

puesto institucional previsto, son, sin duda, la aportación más positiva; que el Ejercita puede hacer a la

normalidad política del país; Salvaguarda de lo permanente, e¡l^ Ejército, construye y realiza la política^

más impecable, manteniéndose, por misión y vocación, al margen de la política, precisamente.

Y no es fácil imaginar mayor o mejor estímulo pana el desarrollo político de la nación, para su avance

evolutivo esbozado en las leyes de máximo rango y comenzado ya, que el convencimiento común,

popular, de estar él Ejército apartado dé contingencias y accideataiidaidies políticas y dé saberlo, al

tiemipo, observador y vigilante, dispuesto y preparado, para asegurar, en cualquier anormal circunstancia,

el curso normal de la legalidad y el orden internos.

A pregunta de enorme injfce¡rés,/pese a •u aparente simplicidad, á Ja pregunta sobre el apoyo del Ejército

al Príncipe de España, en la ocasión sucesoria preveía, responde el general González d«Í Yer.ro: «El

Ejército respaldará la sucesión tal como las Leyes Fundamentales lo disponen. Estoy convencido de que

este respaldo es el mejor servicio que podemos prestar a España».

Todos los principales valores que la respuesta coordina alcanzan, en ella, su más adecuada gradación». Y

en apretadísima síntesis queda, subrayada una vez más, la elevada misión de servicio que al Ejército

corresponde siempre; su responsabilidad primera hacia la Nación.

No más debemos añadir para el justo elogio que las declaraciones, del generaí González del Yerro,

merecen: Ni su trascendente interés necesita glosa más dilatada.

Solamente larece preciso dejar expresa constancia, en- este comen t a r i o , de quedar el Ejército entero

de España enaltecido en las palabras, tan inteligentes como patrióticas, tan ponderadas como alentadas del

mejor humanísimo, de un distinguido general de su Estado Mayor.

 

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