Autor: Urbano, Pilar. 
 En exclusiva para ABC. 
 Entrevista con el general González del Yerro  :   
 (Jefe de la Escuela de Estado Mayor). 
 ABC.    16/05/1975.  Páginas: 4. Párrafos: 64. 

vida política

Entrevistas políticas por PILAR URBANO

En exclusiva para ABC entrevista con el general González del Yerro (Jefe de la Escuela de Estado

Mayor)

>> El Ejército está unido >>

>> No estamos al margen de la dinámica social >>

>> El Ejército respaldará la sucesión, tal como las leyes fundamentales lo disponen >>

>> El Ejército español no tiene sus fusiles para adornarlos con claveles... >>

"EL EJERCITO NO DEBE METERSE EN LA ARENA POLÍTICA"

"EL PRINCIPE SE IDENTIFICA ROTUNDAMENTE CON LAS ESENCIAS DEL MILITAR"

"NO SE TRAÍA AnutiA DE ABRIR TRINCHERAS EN NUESTRO SUELO, SINO DE ILUSIONAR A

LAS GENERACIONES NUEVAS"

HACE pocos días, y toado la presidencia del Príncipe de España, estando presentes el presidente del

Gobierno, varios ministros y un núcleo destacado de generales, jefes y oficiales, profesores y alumnos de

la Escuela de Estado Mayor, se impusieron las fajas de diplomados a los cuarenta y un capitanes qué

habían finalizado sus cursos en dicho centro. ABC, en páginas de huecograbado, ofreció amplia y puntual

información del acto, en que el general González del Yerro, jefe de la Escuela de Estado Mayor, pronun-

ció la ultima lección magistral bajo el título «Ejército y Sociedad».

Precisamente para que nos hable de la misión del Estado Mayor en el Ejército y de éste en la dinámica

social, con un prisma de actualidad, entrevisto hoy al general González del Yerro.

—Se habla ahora insistentemente, y en ello parecen afanarse las energías del presente, de una «política

para el futuro». ¿Qué función ha de desempeñar el estamento ¡Ejército en, ese futuro de transición?

—La misión del Ejército viene definida por las Leyes Fundamentales: defensa del país ante posibles

conflictos con el exterior y defensa interior del orden institucional.

—En un momento en que la sociedad española se politiza con la virulencia asociacionista, los máximos

representantes de la milicia proclaman la despolitización del Ejército. Éste hecho contrasta quizá cora, la

«política de militares» que hemos venido contemplando desde mil novecientos treinta y nueve en

España...

—«Perdone que la interrumpa, señorita, pero no creo que en España haya habido esa «política de

militares». No vamos a negar que un buen número de los ministros de Franco, a lo largo de los diferentes

Gobiernos, han pertenecido al Ejército; sin embargo, estoy segure, su convocatoria para esos puestos de

Gobierno se hizo por su valía personal. Además, en el momento que desempeñaron esos puestos dejaron

de pertenecer temporalmente al Ejército.

Bien, esa despolitización presente a que me he referido, ¿supondrá una ausencia de elementos militares en

los cuadros gubernamentales? ¿No parece que se apunta con ella hacia la tendencia de circunscribir el

Ejército en los cargos, responsabilidades y servicios... de su propio estamento?

—El Ejército es una institución salva-guardadora de lo permanente: es y ha de ser estable, inalterado por

las mareas políticas. Se trata de que el Ejército no se enzarce, a niveles individuales ni de cuerpo, en la

peripecia pasajera y caduca, de lo político. El multar, si quiere seguir en las filas de la milicia, no debe

meterse en la arena de la política. Perdería el Ejército su misión, y quizá su esencia, si se entretuviese y

apasionase con la acción de tal individuo o tal grupo o con programas y tendencias políticas.

El Ejército es uno, con una sola voz y una perfecta cohesión entre sus mandos y entre éstos y los

subalternos. La valía incuestionable de este instrumento de paz y orden no te permite presionar sobre

ninguna de las opciones, vamos a llamarlas «civiles», que se presentan al ciudadano medio español

—¿No caben «líderes» en el Ejército?

-—No.. Quien tiene el mando legítimamente, habla. Los demás, identificados, hacemos nuestra esa voz.

El militar que sintiese el deseo vocacional, por otra parte lógico, respetable, comprensible, de participar o

protagonizar la política, habría de abandonar la milicia. Y entonces se volcaría para servir a la patria en

otras áreas, civiles.

—Ha dicho usted, general, que el Ejército tiene una sola voz, de la que se hacen eco todos sus

miembros...

—Así es; esa voz la emite quien encabeza el Ejército: los ministros militares. Por ejemplo, en esta

entrevista que estamos manteniendo yo no voy a decir nada distinto o contrario a lo que haya expresado el

ministro del Ejército. Sólo que al hacer mías sus palabras o sus órdenes, yo asumo mis responsabilidades

y obedezco con plena identificación.

—¿No hay síntomas de erosión de la unidad? ¿No hay en el Ejército, como en tantas .parcelas de la

actividad social, «crisis de autoridad»?

—No. No los hay. El Ejército está unido. La obediencia es inherente al espíritu de servicio que, hoy como

ayer, anima a todo militar.

—Se habla del proyecto de unificaeip-ii de los tres Ministerios en uno solo de Defensa Nacional. Incluso,

si no estoy maí informada, creo que sólo España y Brasil mantienen los tres Ministerios toüepsri-dientes.

Por otra parte, y siempre «voz pp-puli», se apunta, la .posibilidad de fusión de los tres Ejércitos. ¿Qué

puede decimos a este respecto, general González del Yerro?

—Usted ha aludido a dos conceptos distintos: el de un Ejército unido y el de un único Ministerio de

Defensa. Le contestaré per partes.

Para hacer frente a los conflictos modernos no se pueden concebir hoy, aisladamente, ]as fuerzas armadas

de Tierra, Mar y Aire. Se precisa establecer una coordinación cada vez mayor entre las tres. Toda

orgánica que favoreciese dicha coordinación sería una solución buena.

En cuanto al Ejército unido, los oficiales de Tierra, Mar y Aire, aun vistiendo sus uniformes y teniendo

especificaciones diferentes, son esencialmente lo misino: profesionales del Ejército. Responden a una

idéntica caracterización . y misión milita^ Tienen una común formación en el servicio al país, estima y

guarda de los valores inórales, conducta adecuada al honor de lo que representan. Les impulsa la vivencia

de unas misma virtudes humanas y castrenses. Todo eso no es accidental. Todo esto constituye el

entramado de la unión.

—Yo creo, general, que el Ejército español tiene planteado un desafío, como cualquier otro cuerpo vivo

de la sociedad. Me parece sugestivo tratarlo con usted.

El Ejército, y no sólo me refiero a los altos manidos, simo también a las jóvenes promociones de oficiales,

parece llamado a ser una inconmovible reserva de los valores del espíritu, una especie de escuela de cri-

terios y despensa de actitudes morales de «hombría de bien». ¿Cómo se concilla la salvaguardia de todos

esos elementos con el reto de puesta al día que la propia sociedad plantea?

—Si, en efecto, el desafíe está planteado y es enormemente sugestivo. El desarrollo material conlleva on

hedonismo y ana quiebra >de tos valores morales. El hombre de la sociedad de masas, el hombre-masa,

va perdiendo raices, arraigos y sentido de la responsabilidad. Este es un hecho de la sociedad occidental,

incuestionable, pero no irremisible. Hay que afrontarlo y combatirlo. ¿Por qué el desarrollo material ha de

ir emparejado a un empobrecimiento espiritual? El problema de los valores, en cualquier tiempo, lleva a

preguntarnos por el hombre mismo. El hombre y su sentido existencia!. ¿De dónde viene y aidón-de va?

Con una concepción religiosa, creyente, ese origen y fin del hombre se sitúa en Dios. Pero ahora

asistimos a un proceso de racionalización, a una pérdida paulatina del sentido trascendente de la vida y de

la religión por ®I paso del teocentrismo al antropocentrismo; como si el ¡hombre fuera el eje pero sin

trascendencia, sin enclave en Dios. Y usted míe preguntará: ¿sor qué interesa al Ejército este tema de la

concepción del hombre y de los esquemas de valores? ¿Por qué interesa que lleguen al Ejército

contingentes más preparados risica e intelectualmente, en un época de tecnología creciente y, por tanto,

de instrucción y adiestramiento más complejos?

No estamos al margen de la dinámica social. Somos una parte de la sociedad. Las características de los

modernos conflictos, su limitación en tiempo, el poder desencadenarse en cualquier momento y exten-

derse a la totalidad del territorio nacional y de sus habitantes, hace que todo nos afecte a todos. Es

imprescindible estar preparados permanentemente.

—S clásico adagio «sí vis pacem, ¡para´ bellum», si quieres la paz, prepárate para la guerra...

—Sí, ahora la guerra no afectaría sólo a los combatientes: la Defensa nacional, en la actualidad, no es sólo

competencia de los Ejércitos, sino que afecta a la to-taíidad de las energías humanas, espirituales y

materiales del país. Todas estas energías deben ponerse en tensión, deben ser capaces del máximo

esfuerzo.

Es preciso, pues, que el ciudadano, el hombre de la calle, no sólo sea capaz de arrostrar sacrificios, de

exponer su vida, sino «jue, para no servir de caldo de cultivo a la subversión, se compenetre con los

anhelos esenciales y sienta la integridad de los valores en que el espíritu de ia comunidad se sustenta. Y

no se pueden arrostrar esos sacrificios, no se puede estar dispií »?>•-to a dar un bien como es la vida, si

no es por otros bienes, superiores a esa propia vida.

—Ha mencionado usted, general, el teína de la subversión...

—Es un aspecto que conviene destacar, en los modernos conflictos. La finalidad mediata de la subversión

«s la conquista del poder; pero su objetivo inmediato es el hombre, la masa, ya que sin el apoyo de esta

masa no hay subversión posiWte. da-ro, más que neutralizar la subversión. Habría que plantearse el

problema en sus rafees: a la sociedad de masas se llega, por una serie encadenada de «liberaciones».

Hacerles frente supone la puesta en acción; de todo, un sistema filosófico.

Todas esas «liberaciones» pretenden separar al hombre de sus raíces nutricias; constituye este desarraiga

el mejor ambiente para la subversión. Para realizar el ideal subversivo de la revolución permanente,

«conviene» un estado de «pura disponibilidad», un estado total de desarraigo. &Tf aquí que ¡as

costumbres, las tradiciones sociales, las herencias familiares, las leyes patrióticas o nacionales, las

estructuras sociales en las que el hombre se apoya, sean consideradas y presentadas como atentados a la

libertad, como «alienaciones».

—No desvelo ningún secreto si digo que en áreas educativas, escolares y universitarias y también en

instituciones docentes de la propia Iglesia, en los Seminarios, se han registrado infiltraciones de activismo

comunista y de ideologías marxistas. ¿Se ha detectado también esta infiltración en las Academias

Militares?

—Intentos de infiltración, sí; infiltración, no. El Ejército se sabe objeto codiciable de la subversión.

—.¿Y qué defensas, qué anticuerpos se generan en el propio seno del Ejército?

—En primer lugar, mediante la importancia que se ida. a la formación morad de sus componentes. Tenga

usted en cuenta, además, que la práctica diaria de las virtudes militares constituye el mejor antídoto contra

la subversión.

—Ustedes se han jugado la vida en varias campañas de guerra. ¿Se alinea con los mismos ideales la joven

oficialidad presente? La convocatoria profesional de militares ¿sigue siendo una llamada vocacional y de

servicio al país, o el cauce para un rápido logro de un «status» socieconómico homologado con el de otras

profesiones civiles?

—Indudablemente, el ejercicio de la profesión militar reclama vocación, abnegación, aguante callado del

sufrimiento y heroísmo, si llega el caso; subordinación y obediencia..., estar dispuesto a dar la vida, si

hace falta y... con toda naturalidad. Para eso hace falta moverse por ideales. : Si todo el mundo los

necesita, la juventud mucho más. No se trata ahora de abrir trincheras en nuestro suelo; sino de que las

generaciones nuevas sigan ilusionadas la tarea inacabada de conseguir una España mejor.

Tenemos que ilusionar a la juventud con ideales trascendentes. Yo creo que los ideales que mueven hoy .a

un joven teniente son, más o memos, los mismos míe me animaron a mí, su viejo general; pero hay que

saber proponérselos con otra terminología, contarlos con verso nuevo, con otro ritmo. Y a todas luces es

necesario, no sólo en el área docente militar, sino también en las demás estructuras educativas, impulsar

una profunda promoción espiritual.

—Hoy,-en"España, ¿está en alza la concurrencia de aspirantes a las Academias Militares? ¿No se lia

observado un .cierto grado de erosión del prestigio del Ejército?

—Me parece que ni hay razones para ese desprestigio, ni de hecho nuestro Ejército tiene desprestigiada su

imagen. En cnanto a su atractivo, puedo decirle, por las cifras más recientes, que ¡a´ solicitud de ingreso

crece cada año.

—Desde un primer momento yo quería preguntarle por la significación del Estado Mayor, el «staff», por

así decir, en el Ejército.

—La complejidad en la organización de una empresa o de una Institución requiere un equipo especial que

auxilie y asesore. El Estado Mayor es el órgano auxiliar del Mando, al que ayuda en la preparación de sus

decisiones, traduce esas mismas decisiones en órdenes ejecutables y vigila su adecuado cumplimiento.

Pero la facultad decisoria no es del Estado Mayor, sino del Mando.

—.¿Es, dentro del Ejército, el Estado Mayor un «estado» de privilegio? Para el hombre de la calle, los

militaras con fajín azul son los «cerebros» de la milicia.

—No. En el Ejército no existe él privilegio, sino el servicio. El Estado Mayor comporta, en cada uno de

sus diplomados, mi responsabilidad aún mayor de servicio, tero no de privilegio. Yo, el otro día, a los

oficiales recién salidos de esta Escuela les recordaba la necesidad de continuar estudiando, de

complementar su formación para que su servicio -sea.más eficaz y_su entrega más completa:

«comprendéis y aceptáis que esta faja azul que recibís significa un compromiso de honor, a lo largo de

toda vuestra vida».

—¿Cuánto tiempo dura la formación de un diplomado de Estado Mayor?

—Previa la fuerte selección, que supone admitir aproximadamente un 25 por 100 de los aspirantes, éste

prácticamente «doctorado» de la carrera militar, consta de un curso selectivo, dos de estudios teóricos y

un cuarto año eminentemente práctico que se desarrolla en Unidades, Organismos y Estados Mayores de

Tierra, Mar y Aire.

Las áreas de conocimiento de los estudios teóricos se distribuyen entre las disciplinas que el oficial de

Estado Mayor moderno debe poseer: táctica, organización, arte militar, topografía, idiomas, economía,

Derecho internacional, sociología, etcétera.

-—¿Qué nexos cabe establecer entre el titulado en la Escuela Diplomática y el diplomado en Estado

Mayor?

—Bueno, evidentemente son dos profesionales de diferentes ámbitos, pero ambos defienden el país con la

estrategia de la paz. A ambos les anima una escala de valores y una formación, digamos, caballeresca.

—Anualmente el Príncipe de España preside la entrega -de faias azules, en esta Escuela. ¿Se identifica,

humanamente, el Príncipe con esas esencias medulares del militar a que usted antes aludía?

—Rotundamente, sí. OSto olvide que el Príncipe de España recibió una formación militar en las

Academias de los tres Ejércitos y es evidente que la conserva.

—¿Cuenta, para la continuidad, el Príncipe con el Ejército? ¿Se sabe apoyado por él?

—Sí. Sin duda alguna.

—¿Lo respaldará?

—El Ejército respaldará la sucesión, tal como las Leyes Fundamentales lo disponen. Estoy convencido

que este respaldo es el mejor servicio que podemos prestar a España.

—Tienen a nivel planetario «mala Prensa» los colonialismos y las guerras; imperialistas. ¿Qué opina el

Ejército de la autodeterminación del Sahara? ¿Se da entre la oficialidad destacada en Sahara ese mismo

rechazo hacia la acción armada en estas colonias?

—El Ejército español, que no ha practicado lo que ahora se entiende por colonialismo, comprendé

perfectamente el rechazo que suscita.

En cuanto a la autodeterminación del Sahara, se trata de una decisión política que habrá contado con la

opinión de las Fuerzas Armadas en los niveles que corresponde.

Acerca de la oficialidad puedo decirle -qu« eusaplirá, sin díida alguna, con su deber. Deber que

comprende, naturalmente, la posibilidad de combatir en defensa de política de España en aquel territorio.

—Sobrepasando la literatura periodística, la imagen de los «claveles rojos» asomando por la embocadura

de los fusiles portugueses, indica una forma de presencia armada en la calle, una represión del desorden

posible, cercenándolo «antes de». Si se viesen (y que Dios no lo quiera) en nuestro país urjas

circunstancias difíciles que aconsejasen la presencia del Ejército en la calle...

—El mantenimiento del Orden Público, en nuestro país, está perfectamente reglamentado. Se precisaría

un grave deterioro ó imposibilidad de las fuerzas a quienes específicamente compete esta tarea, para que

el Ejercite interviniese. En tal caso, y hablamos en la hipótesis que usted me propone, se trataría de

completar !a acción de las fuerzas de Orden Público.

Ahora bien, el Ejército español no tiene Sus fusiles para adornarlos con claveles, ni los claveles florecen

en la embocadura de un fusiL

Pilar

Fotos: T. NARANJO.

 

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