Autor: Santín, Enrique. 
 La democracia, a examen. 
 Desilusión democrática     
 
 Informaciones.    06/09/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

La democracia, a examen

DESILUSIÓN DEMOCRÁTICA

Por Enrique SANTIN

EXIGIR que una .democracia funcione . correctamente no equivale a confiar con

ingenuidad que resuelva

todos nuestros males y satisfaga todas nuestras . aspiraciones y necesidades.

Quienes así piensen, olvidan

que la democracia como sistema na es buena ni mala en si misma, pero permite que

los sucesivos

Gobiernos que el pueblo elija puedan subsanar los fallos y deficiencias de los

anteriores.

;

La bondad del sistema democrático consiste, esencialmente, no en evitar un mal

Gobierno, sinó en

permitir sustituirlo según la plural y libre voluntad del pueblo,. expresada

pacíficamente. La democracia

es una fórmula técnica juridico política cue señala el procedimiento para que

el pueblo elija el Gobierno

que, en cada momento, prefiera. Que luego los resultados no se correspondan con

las previsiones del

electorado es algo que el propio procedimiento democrático permite corregir a

través de las consultas

electorales. La demócrata es apriorística; y formal, y no se pronuncia sobre

cuál sea el mejor o peor

Gobierno. Su bondad Intrínseca no prejuzga los aciertos o dislates, en que

puedan incurrir los Gobientos

de turno. Sólo garantiza que se respete el torno y qne éste se decida por

sufragio universíd, libre, se* creto

y directo.

La reversibilidad del Poder según la voluntad popular, libre y pacíficamente

expresada es la quintaesencia

de la democracia.

Con éstas premisas resulta innegable que la desilusión democrática sólo es

admitible cuando el

procedimiento estableado para la posible alternancia en el Poder de las

distintas opciones políticas .no

garantice una verdadera igualdad de oportunidades. Por ello es impensable una

democracia sin el previo

reconocimiento y protección de las libertades,individuales, políticas y

sindicales, y sin el reconocimiento

de la representatiridad a todos los niveles de la vida social, econòmica,

manicipal provincial, regional y de

las Corporaciones e instituciones del Estado.

Pero todo ello en el bien entendido de que si el binomio libertad representativi

dad debe ser asegurado por

la democracia, derivándose de él, predsamentei su legitimidad, la eficacia o

acierto en concreto en la

organización de la connivencia, es responsabilidad privativa de quienes, en cada

momento, alcancen y

ejerzan el Poder.

Atendiendo a estos principios fácil es descubrir cuando las críticas se dirigen

contra la democracia como

sistema o contra la política del Gobierno en el Poder. * Quienes rechazan o

atentan contra las libertades o

la representatividad, niegan el sistema. Quienes, respetando estos principios,

justifican y denuncian

problemas sin resolver, necesidades insatisfechas y aun las propias formas y

criterios de intentar desde el

Poder su solución y satisfacción, proponiendo y aconsejando otras formulas para

ello, colaboran a

robustecer la fe democrática pese a su oposición a la fe en el Gobierno. De ahí

que un Gobierno sin

oposición no sea democrática o, mejor, un Gobierno sin la posibilidad legal de

ser contestado, en todo o

en parte, no gobierna democráticamente.

Trasladar, pues, la desilusión nacida de una mala gestión de gobierno a la

estructura y fundamento mismo

del sistema democrático es improcedente e inadmisible. ; Por otra parte, debe

subrayarse que las únicas

ilusiones que aspira a concitar la democracia son las basadas en la

excelencia.del sistema,. considerado

como procedimiento´ apto para que sea posible el relevo en el Poder, cuándo éste

no responda a las

esperanzas y preferencías del elec: torado. Por ello nunca .un mal Gobierno

justifica nostalgias totalitarias

ni denuestos a la democracia, máxime cuando ésta le ofrece al pueblo la

posibilidad de rectificar sus

preferencias de gobierno.

Cierto que una sucesión de Gobiernos ineficaces puede llegar a minar la moral

democrática y hacer _

peligrar, ea consecuencia, la propia subsistencia del sistema. Cuándo este

peligro se avizore, se presentará

con todo su dramatismo la cuestión de si somos o no capaces de gobernarnos como

pueblo libre y

responsable. Estaremos ante la gran prueba de nuestra capacidad a incapacidad

para ser dueños de nuestro

destine colectivo. Nos enfrentaremos se grave duerna de «autogobernarnos o de

ser gobernados. De esta

situación límite solo se salvará la democracia si ~a la legitiniidad del-sistema

se soma la eficacia de los

respectivos Gobiernos,

Conviene señalar, en todo caso, que la eficacia de cada Gobierno se mide por la

amplitud de aceptación

que suscite en el pueblo, por lo que difícilmente puede producirse un contínuado

vacio popular en torno a

los distintos Gobiernos que se sucedan en el Poder, pero ese peligro es posible

y, de producirse, pondría

en cuestión a la democracia misma.

Si la democracia permite que a un mal Gobierno se le pueda sustituir por otro o

otros distintos, según las

preferences políticas del pueblo, lo que difícilmente resistiría la democràcia

sería una continuada cadena

de Gobiernos probadamente Ineficaces. Todo ello responde a la idea de que un mal

transitorio puede

remediarse, pero si se hace crónico sólo desaparece cuando se extingue.el

sistema que lo padece.

Evitar la cronicidad del mal´ y, si es posible, su misma aparición es contribuir

a que la democracia, tan

dificil de conquistar, no se vea prematuramente amenazada. .

 

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