Autor: Tuñón de Lara, Manuel. 
   La tentación totalitaria     
 
 Diario 16.    29/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La tentación totalitaria

Manuel Tuñón de Lara

"En una guerra civil no se triunfa contra un contrario, aunque éste sea un delincuente. El exterminio del

adversario es imposible; por muchos miles de uno y otro lado que se maten, siempre quedarán los

suficientes de las dos tendencias para que se les plantee el problema de si es posible o no seguir viviendo

juntos."

Quien asi hablaba era don Manuel Azaña en plena guerra civil. Sus palabras alcanzan un valor

multiplicado cuarenta años después. Y contrastan con la escalofriante pretensión de quienes en nuestros

días quieren oponerse al establecimiento de la democracia en nuestra patria y amenazan tras la

legalización del PCE porque, según ellos, "España es el único país de Europa que derrotó al comunismo",

lo cual además de ser una contraverdad histórica (está haciendo falta un estudio de los centros de decisión

y de los aparatos operacionales del Estado republicano durante la guerra para acabar con muchas fantasías

interesadas) y geográfica (puesto que ese hecho bélico ocurrió en Grecia, mucho después de nuestra

guerra, y hoy el PCE es legal y el mundo no se ha hundido) demuestra la peligrosa concepción de la

política y del Estado que tiene nuestra extrema derecha. Y nada digamos de quienes como el señor

Fernández-Cuesta dice que la citada legalización "pone en peligro la paz de los españoles"; no sabemos

qué idea tendría de la paz española ese señor cuando no podían hablar ni escribir ni decidir más que él y

sus amigos que no sólo imponían silencio al resto de los españoles mediante la violencia institucional,

sino que intentaron —en vano— conformar la vida cotidiana, la enseñanza, el arte, l^s relaciones

humanas, las mentalidades a una estrecha concepción copiada de los fascismos extranjeros.

Recordar olvidos

¿Nos hemos ya olvidado de cuando con aquello de "habla la lengua del Imperio" se privaba a catalanes,

vascos y .gallegos de hablar su lengua materna y se llegó a disparar al entrar en Cataluña contra los que

osaban hablar en su lengua? ¿Nos hemos olvidado del páramo universitario y cultural de

los años cuarenta o de la expulsión, veinte años después, de Tierno, Aranguren, García Calvo, Aguilar

Navarro, Montero Díaz...? Y del "contubernio de Munich"? Se ha vivido durante decenios en el más

absoluto desprecio de la Declaración Universal de Derechos del Hombre, ¿Que por qué recordamos todo

esto? No por ahondar heridas, no por avivar rencores, que nada es más nocivo para la auténtica paz que

todos necesitamos, que tiene que basarse en el respeto de los derechos y opiniones de todos. Nos

permitimos esa evocación porque al cosaire de algo tan elemental para una democracia como la

legalización del PC ha aflorado con mayor virulencia la tentación totalitaria, la tentación de dividir los

miembros de la sociedad entre amigo y enemigo, "siendo responsabilidad del Estado la de decidir quién

es el enemigo y combatirlo", según las conocidas tesis de Karl Schmitt. Y es que el "comunismo-

pretexto" he sido siempre el arma más socorrida de la extrema derecha para perpetrar cualquier ataque a

la democracia y para justificar inconfesables situaciones de privilegio. En España ese mito ha venido

agitándose desde 1936, y, por cierto, los generales del Ejército español que encontraron la muerte aquel

verano por permanecer fieles a la legalidad constituida no eran precisamente comunistas, ni había un solo

comunista en los aparatos de Estado. Los babia, eso si, en el pueblo español, como un partido más de los

que se alinearon en una vasta e incluso heteróclita coalición. La confusión de ambos hechos no es sino

una hípostatización que, por lo general, suele entrar en un juego manipulador de conciencias.

Involución totalitaria

Es verdad, la proclividad hacia la exclusión del juego político-constitucional de un sector al que se

designa con el dedo como enemigo —y que es ampliable a voluntad, como lo muestra el ejemplo de

múltiples países—, las declaraciones sibilinas dejando traslucir veladas amenazas de "poderes fácticos",

no son .sino otras tantas expresiones de quienes se acomodaron con notoria ventaja al totalitarismo de

derecha reinante durante más de siete lustros y cuya aceptación de un tránsito hacia la democracia no ha

sido más que un ensayo de continuismo. La historia nos dirá un día lo que significó el segundo Gobierno

Arias y lo que fue la encarnizada resistencia (que todavía está lejos de haber terminado) de la "clase o

fracción política" de la dictadura intentando sobrevivirse a ésta y, naturalmente, cayendo con frecuencia

en la tentación de una involución totalitaria, bien por la fuerza o bien por el fraude.

No se trata tan sólo de una actitud éticamente discutible ni de un evidente peligro para las libertades

públicas; se trata de algo todavía más grave, de la propia existencia como entidad jurídica y social como

forma de convivencia en la tierra nuestra y de nuestros antepasados. Porque yerran los que, al caer en esa

tentación, piensan que todo Ie,s seria fácil y que millones de españoles, declarados "enemigos" por su

dicotomía maníquea, se plegarían resignadamente a la violencia. Trágico error. La serenidad, la madurez

y el espíritu de conciliación de los medios populares no puede confundirse con resignación ante quienes,

de nuevo, quisieran disponer de ellos como de Dotas. De ahi el valor de las palabras de Azaña; porque .si

alguien cree todavía que la patria puede salvarse exterminando al adversario, cualquiera que sea su color

político, se engaña gravemente. Habrá que seguir viviendo juntos, habrá que respetarse y tratar de

convencerse unos a otros. Y sí asi no fuera tal vez llegaría un día en que al visitante de estos promontorios

carpetovetónicos alguien le dijera: ¡Aquí estuvo España!

 

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