Autor: González Cerecedo, Francisco. 
 Figuras de la fiesta nacional (XII). 
 Adolfo Suárez, "El Posturas de la Moncloa"     
 
 Diario 16.    30/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Lunes 30-mayo 77/DiAiRlO 16

TOROS / 1

FIGURAS DE LA FIESTA NACIONAL (XÏI)-

Adolfo o Suàrez, «El Posturas de la Moncloa»

Francisco Cerecedo

Adolfo Suàrez, "El Posturas de la Moncloa"; Cebreros (Ávila), 1932, Es, probablemente, el torero que

inejor ha asimilado todo el rico repertorio de íances de la fiesta nacional de los últimos cuarenta anos.

Desde sus comienzos como novillero, se preocupo por situarse al lado de las grandes figuras que

mandaban en los ruedos en cada momento, tomando nota de sus mas hábiles recursos y de su saber estar

ante las diferentes clases de ganado.

Se inicio en los secretos de la lidia en su Ávila natal, en la placita de toros del Consejo Diocesano de

Acción Católica, donde prodigo hasta la reiteración los pases de rodillas, hasta que logró conectar con la

todopoderosa empresa del Movimiento Nacional, S. A., exclusivista de las plazas mas taquilleras del país,

en donde comprendió la importancia de los ayudados por alto.

Con notable modestia torera, siempre dispuesto a aprender de los maestros, no tuvo reparo en mudar sa,

lugar habitual de veraneo a la Dehesa de Campoamor, en Orihuela, para tener la oportunidad de cruzarse

por los caminos de la urbanización con el malogrado matador Luis Carreró, "El Almirante", señor

indiscutible de los ruedos hispanos en aquellos tiempos, que acostumbraba a pasar los meses de agosto en

tal lugar. Tras la trágica muerte de "El Almirante", en 1973, Adolfo Suàrez, dolorido, no volvió a pisar

aquellos pagos, donde viviera tan buenos momentos, y puso a la venta su apartamento.

Para completar su formación taurina, "El Posturas de la Moncloa" se aproximo a otro diestro de prestigio,

Laureano López Rodó, "El Niño de las Monjas" (ver D16 del 24-V), y pronto se identificaría con el

blando trote de los toros de la ganadería de monseñor Escrivà de Balaguer. No descuido, sin embargo, el

joven novillero frecuentar los circules de los matadores mas broncos, que también tenían enseñanzas que

aportar. Y asl, de la mano de Jesús Aparicio Bernal, "Angelito del SEU", peón de confianza de "El Niflo

del Referéndum", tuvo acceso a la televisión y pudo corregir la técnica de sus pases con la moviola.

A finales de 1975 tomo ia alternativa de manos de "Carnicerito de Málaga", quien, .eomo regalo de

doctoràdo, le entregó el Movimiento Nacional, S. A., empresa en quiebra. No logró lucir sus condiciones

to-reras en esta època y debió limitarse a desempeñar un papel de eficaz: segundón en la celebre corrida

de Montejurra de 1976, a la sombra del "Niño del Referèndum", autentico t r i u n f ador en aquella

ocasión.

Su figura se agigantó a partir de julio. de 1976, hasta que, finalmente, se convirtió en cabeza´ de cartel

para la feria de junio de este afio. Tan dilatado proceso de formación, torera y conocimiento de la fiesta

como ha desarrollado Adolfo Suàrez tenia, lógicamente, que producir sus frutos. Algunos sectores de la

profesión vinculados a los d i e s t r o s Blas Piñas, "Bombita", y José Antonio Girón, "Fortuna de la

Cruzada", le reprochan eü haber traicionado las esencias de la fiesta nacional y haber instaurada en el

ruedo ibérico el denominado "pase del perjuriOi", que, en realidad, según los entendi-dos7 no es mas que

el viejo lance del franquismo renovado.

Però "El Posturas de la Moncloa" no e« torero de un solo pase. Entre sus faenas mas comentadas de los

últimos meses, los buenos aficionados nunca olvidarán aquella tarde de febrero eai que Adolfo Suàrez,

adelantando el engaño, se llevo entre los vuelos de su capote a un toro de la aeieditada ganadería de don

Felipe González, para terminar colocàndote un par de banderillas de "psoe-hietorico", a la média vúelta,

en todo lo alto. Semanas mas tarde, repitió la faena con una corrida de la ganadería de, la Viuda del

Centro Democrático, a la que trasteó con pases «te todas las marcas rematados con un farol ceñidísimo.

Para demostrar que manda en la fiesta se permitió devolver a los corrales a un toro incierto y reserven de

la ganadería del Conde de Mótrico, que traía mucho, peligro. Seguro de sí mismo, estimulado por los

aires de la sierra de Gredos, se hala convencido de que el premio Mayte de las urinas es suyo.

 

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