Autor: González Arias. 
   Lo que quieren los objetores de conciencia     
 
 Diario 16.    02/04/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Sábado 2 abril 77/ Diario 16

OPINION/

Lo que quieren los objetores de conciencia

González Arias

En 1956 empezó a haber en España "Testigos de Jehová" opuestos al servicio militar. En los cuarteles sé

les consideró como individuos raros, que a la rareza de no querer vestir oí uniforme unían algunas

otras, como oponerse a las transfusiones de sangre, ir a todas partes con su Biblia y pretender conocer

con relativa exactitud la fecha del fin del mundo. Algunos llegaron a permanecer silenciosamente

diez a doce años ea prisión, En 1970 el Gobierno sometió a ias Cortes un primer proyecto de ley

encaminado a facilitar a estos objetores "la prestación del servicio militar ea unidades o servicios

especiales".-Las Cortes rechazaron este proyecto.

Casi al mismo tiempo empozaron los objetores de conciencia "no-violentos" a hacer ruido en nuestro país.

Estos ya no aspiran simplemente a ser mártires, sino constructores de la paz.

En febrero-abril de 1971, estando en la cárcel el primero de ellos, varios simpatizantes llevaron a cabo,

con apoyo de sus colegas de otros países, una "marcha a la prisión" que, iniciada en Ginebra, les condujo

efectivamente a la cárcel de Cárabanchel después de una caminata por Europa.

En julio del mismo año, un segundo proyecto de ley del Gobierno sobre el mismo tema fue debatido en la

Comisión de Defensa Nacional de las Cortes, dando lugar a una memorable intervención de don Blas

Pinar. El proyecto fue objeto de modificaciones en un sentido tan restrictivo que el propio Gobierno lo

retiró antes de llegar al Pleno. En diciembre de 1973 el Gobierno se conforma con atenuar ligeramente la

severidad de las penas aplicables a los objetores: en adelante, ningún, objetor en tiempo de paz podrá

estar a la sombra más de ocho años.

Los no violentos

En 1975, los objetores no-violentos pasan a la acción directa: en vista de la incapacidad del Gobierno

para organizar un servicio civil como alternativa al servicio militar, son ellos mismos los que lo

organizan, empezando en una barriada de Barcelona. Encarcelados lo.s iniciadores, pero liberados

en virtud de la amnistía de 1976, los núcleos de servicio civil autoges-tionado se extienden a Madrid,

Bilbao, Málaga y otras ciudades´. Finalmente,.por Real Decreto publicado en el "BOE" el 5-1-1977 se

exime del servicio ´militar" a los jóvenes que por motivos religiosos se.oponen al empleo de las armas,

ofreciéndoseles .la posibilidad• dé realizar en cambio un "servicio cívico".

Está bien —se dicen algunos— los objetores han ganado su batalla. Pero, si ya se han salido con

la suya, ¿por qué esas acciones espectaculares de protesta? ¿Por qué no se.acogen a Ja. exención que

les brinda ese Real Decreto? ¿Qué quieren ahora? Trataremos de responder. Quieren, ante todo, que

se les escuche. Lo mismo que tantos otros sectores de la población española, están cansados de que las

legisladores pretendan saberlo todo y resolverlo todo sin molestarse en consultar con los más

directamente interesados en cada problema. El Real Decreto en cuestión ha sido preparado por una

comisión de militares que, sin que pongamos en duda su buena voluntad, no preguntó su opinión a los

objetores. Esto era propio del régimen anterior, pero ahora ya no debe hacerse.

Quieren que las autoridades se enteren de una vez de que hay fundamentalmente dos grandes gru-

pos de objetores que son muy distintos y que requieren enfoques legislativos distintos. Los Testigos de

Jehová (corríjanme ellos si me equivoco) son apolíticos y se oponen al servicio armado no tanto por .ser

armado cuanto por ser servicio al Estado, que para ellos es obra de Satán; de ahí que para ellos la solución

no pueda ser sino la exención incondicional (lo mismo que actualmente está exento todo el clero

católico, dicen ellos) o bien un servicio civil que se les presente como castigo a su desobediencia y no

como sustitución del militar. Coa los no-violentos ocurre lo contrario: piden precisamente que se les

permita servir a la patria de otra manera: no preparando la guerra, sino construyendo la paz.

Servicio civil Quieren (y me refiero ahora sólo a los no-violentos)..que se entienda bien su

disconformidad coa el enfoque exclusivamente religioso de la objeción. Aunque la mayoría de ellos

sean cristianos "y aunque en rigor pueda darse un sentido muy lato a la "motivación religiosa"

(puede hablarse incluso de la religión del ateo o del agnóstico), la experiencia revela que el militar

medio no está preparado para admitir más objeción religiosa que ¡a respaldada oficialmente . por la

Iglesia o grupo religioso a que pertenece el objetor. "¿Eres católico?" —le dijeron en el cuartel a

un objetor que quiso acogerse al reciente decreto-ley-, "Entonces no puedes ser objetor, porque yo tam-

bién soy católico y la Iglesia no me prohibe ser militar." Para evitar estos diálogos de sordos, es

preferible hablar simplemente de "motivaciones de conciencia".

Quieren también que ía regulación del servicio civil incumba a la autoridad civil y no a la militar. Es un

.contrasentido crear un servicio sustitutivo y seguir..hablando de "prórrogas de incorporación a filas"

concedidas por la autoridad militar, de pase a la "situación de reserva", y ¡sobre todo conferir a los

propios militares el derecho a dictaminar si la conciencia del objetor es respetable o no.

Quieren, en fin, qufe el futuro estatuto o ley de- objeción de conciencia esté libre de todo

matiz punitivo, cosa que no sucede con el actual decreto-ley. ¿Por qué alejar de su residencia habitual a

los objetores? Precisamente el servicio de índole social que desean prestar requiere que estén

compenetrados con los problemas de su entorno humano. ¿Por qué alargar hasta tres años la

duración de su servicio? En !a mayoría de los países de Europa occidental, basta que el objetor sirva

pocos meses más que el soldado para garantizar que un número suficiente de jóvenes opta por el segundo

de estos caminos. Opción ésta, la militar, que el objeíor respeta, pero cuya necesidad para la sociedad en

general se permite poner en duda. No se olvide que el objetor no se lava las manos en cuanto a los

problemas de defensa nacional, justicia, democracia, etcétera. El ofrece sus propias soluciones sin tratar

de imponerlas, pero esperando que un día sean aceptadas por la mayoría de los ciudadanos.

 

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