El socialismo y los ejércitos     
 
 Pueblo.    12/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL SOCIALISMO Y LOS EJÉRCITOS

LA reunión de la Comisión de Defensa Nacional de las Cortes con el vice presidente primero y ministro

de De-fensa y la Junta de Jefes de Estado Mayor, y por otra parte unas importantes declaraciones a los

medios informativos del diputado socialista y presidente de dicha comisión, señor Múgica Herzog, ha

provocado enorme interés tanto para el elogio prudente como para la critica desatada, cual si pudiese ser

un hecho en si censurable que la comisión parlamentarla ´correspondiente conversase y cambiase

impresiones con los dirigentes políticos y técnicos dé la Defensa Nacional. Se ha llegado a hablar desde

algún sector de «increíble injerencia», cuando se trata precisamente de lo contrario, pues lo condenable

entre la Comisión de Defensa y los altos mandos sería la incomunicación o el alejamiento. Pero no nos

equivoquemos, porque las críticas no han nacido de tal contacto, evidentemente preciso y beneficioso,

sino del hecho de que el presidente de la Comisión de Defensa sea el socialista señor Múgica Herzog.

"Escándalo», han venido a decir algunos, como si aún viviésemos en un tiempo en el cual los partidos

socialistas fuesen , antimilitares, como en los lejanos años de Jaurés o de Pablo Iglesias. Entonces existía

un posible antimilitarismo por las condiciones subjetivas de los PS con relación a los ejércitos. Pero fue-

ron los socialistas quienes crearon la poderosa y bien, unida Reichwehr posterior a la paz de Versalles —

el primer gran «ejército dé bolsillo» de nuestro tiempo—:,y socialistas quienes desde París y Londres

hasta Moscú organizaron después la Defensa. Hoy, y sin paradoja, los países mejor armados del mundo, y

donde más se respeta a los ejércitos, son los socialistas, lo mismo en el mundo africano y asiático que en

los países situados acá o allá del llamado «telón de acero». En todas partes el socialismo se ha

compenetrado, con los ejércitos, y no hace falta invocar el ejemplo extremado de Suecia, que gobernada

treinta años por socialistas, dispone de uno de los mejores ejércitos europeos.

De ahí que el contacto Múgica comisión con los altos mandos militares hecho del cual podemos

congratularnos, porque estamos en una época de crisis de identidad de los ejércitos modernos consigo

mismos, y es preciso que el reforzamiento de sus razones y de su im-prescindibilidad les ratifique desde,

fuera. Escribía Michel Debré no hace mucho tiempo que «hoy los mandos quieren despojarse de la

acusación de ser "el ejército de la burguesía", al servicio de una sociedad dé consumó a la cual apenas

tienen acceso, porque las diferencias de remuneración entre militares y civiles es grande en casi todos los

países del Oeste, y siempre en perjuicio de los primeros. En cuanto a los recursos, a los cuales se ha

referido insistentemente Múgica Herzog, en España estamos muy por débalo del promedio de los países

occidentales, aunque algo se haya progresado últimamente. Vamos a tener en 1978 algo así como 125.000

millones para la defensa —menos del 10, por 100 del presupuesto nacional—, cuando en 1975 se dispuso

de 99.000 millones ante un total nacional de 656.000, y en 1901 de 206 ante 959, ¿No tiene razón Múgica

cuando sostiene que es preciso dedicar mayor atención material y moral al Ejército? Porque resulta que en

1901 éste tenía el 21 por 100 de los recursos, en 1975 el 15,2, y en 1978 un modesto 12,9 por 100. Fue

triste herencia del próximo pasado, que .al lado de muchas entregas solemnes de banderas y toques de

clarín fuese notoria la profunda austeridad de los mandos y la vetustez extremada del material de guerra.

Podrían contarse estremécedoras anécdotas —no del lejano pasado, si-no del próximo—, sobre, la

miseria en que se dejó a los Ejércitos, al tiempo que se cantaban sus virtuaes y sus métodos. Al parecer,

cuantas mayores eran las virtudes menores eran los recursos, las pagas y el armamento.

DE ahí la conveniencia de que algunos problemas de la estructura militar sean examinados y revisados

desde fuera, ya que, por silencio y disciplina, son difíciles de mejorar y de criticar desde dentro, aunque

no hayan faltado voces desde el CESEDEN para combatir la pasada y, tristísima miseria. ¿Estamos

seguros de que todo eso se ha revisado y mejorado actualmente? Se habrá hecho cuanto se ha podido,

pero aún falta —como ha dicho Múgica— «establecer un maridaje entre las Fuerzas Armadas y el

pueblo»,,´ ya que se equivocarían quiénes creyesen que las virtudes patrióticas han de ser un privilegio ó

monopolio de cierta demagógica derecha. Por el contrario, el patriotismo, tal y como hoy se entiende —e

incluso la idea de Patria, antaño inexistente—, nace con la revolución francesa y cristaliza en Valmy, y no

son reaccionarios nuestros grandes generales del siglo XIX, desde un Narváez, que decía «voy a ser más

liberal que Riego»,,hasta mandos tan progresistas y liberales como Serrano, O´Donnell, Espartero, Primo

de Rivera, Martínez Campos e incluso Weyler. La separación o alejamiento entre el Ejército y la

izquierda sólo se produce después de 1898, cuando se culpa a las Fuerzas Armadas del gran desastre

incubado desde la desidia de los viejos partidos y del Parlamento. De siempre se sabe que cuanto en

defensa se ahorra en la paz, se gasta después en el precio de las derrotas y de las vergüenzas.

POR éso hoy se impone —se está im-poniendo ya— una revisión profunda y creadora de la sociedad

militar, conservando sus virtudes, pero perfeccionando sus medios, e incluso fomentando—¿pero no

estamos en tiempos de, grave paro? una industria militar de la cual casi vergonzosamente carecemos.

Aquí apenas hay generales integrisías, sino profesionales de la milicia, acuciados por la angustia de sus

medios. «Nadie puede, ser hoy ajeno al tema de la defensa de la comunidad, que en el fondo es el

bienestar y la supervivencia organizados de acuerdo con los nuevos tiempos y las nuevas técnicas.» No

son las palabras de un reaccionario, sino del general De Santiago, tan ilustrado como los profesionales del

E. M. y en tiempos director del CESEDEN, un imprescindible centro académico castrense, donde se dan,

cita militares y, civiles para el estudio en profundidad de la defensa. Hoy, los socialistas tienen el deber y

el derecho a ser tan patriotas cómo otro ciudadano cualquiera, porque la atención a la defensa no implica

militarismo alguno, ya que el militarismo es una deformación o patología de los ejércitos. Fue

Goguenard; un ministro francés de Defensa, quien dijo que «la degradación del espíritu militar es

continua desde 1947», porque hoy los ejércitos buscan afanosamente su propia identidad en uñas

sociedades donde el ideal del bienestar no llega a colmar lo más profundo de sus sentimientos. Nada está

más lejos que el consu-mismo capitalista que el espíritu profundo y soterrado de. los ejércitos.

CREEMOS que como presidente de la Comisión Nacional de Defensa, y a título privado en sus

declaraciones a la Prensa, el socialista Múgica Herzog está prestando un buen servicio al porvenir de

nuestra Defensa. Hay que señalar las carencias, ya que los militares, no lo hacen por el pudor de su propio

oficio, que les lleva a- ocultar su abandono y su pobreza. Sin olvidar que «de nada valen los mejores hom-

bres y armamentos si no se les alimenta en cantidad y calidad y en el momento oportuno», como en el

pasado: año sostenía en el CESEDEN —concretamente en el ALEMI— el general Gabeiras Montero.

Hoy urge, como ha dicho Múgica, en centrar la identidad entre Ejército y pueblo.

Lo demás son fanfarrias, brillantes sin duda, pero que nunca resolverán solas los problemas profundos,

soterrados y graves de nuestra Defensa. Hoy ya no se puede acudir a las fronteras para defender al pueblo,

si antes no se ha acudido al pueblo para poder hacer la defensa de esas fronteras. El socialismo ya no es,,

ni aquí ni en ningún país, de Europa un coco que haya de dar miedo.

 

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