Autor: Massó Tarruella, Ramón. 
   Negociar no es conversar     
 
 Diario de Barcelona.    20/07/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Negociar no es conversar

Ramón Massó

Tras la desorientación y el desasosiego producidos por el propio pudor de los partidos políticos, los

parlamentarios de Catalunya han aceptado la cruda realidad: de momento Madrid sólo devuelve palabras,

el vocablo "Generalitat" en este caso.

Han tardado semanas en verlo, pese a que el olfato y la correcta interpretación de tos hechos deben

acompañar a todo análisis político. Sólo Josep Benet como no: en el desierto, intuyó la operación al día

siguiente de la declaración gubernamental del 2 de julio, citando dijo lapidariamente: «Este organismo

provisional no devuelve a Catalunya las libertades autonómicas que le fueron arrebatadas».

Porque lo que menos importa ya es la peripecia del por qué y cómo transcurrió el viaje del President de la

Generalitat. Lo importante es partir ahora de las realidades, para instrumentar los meses que se

Avecinan. Y he aquí el hecho: Catalunya optó el 15 de junio por continuar en la oposición democrática.

Aquí no obtuvo la mayoría la coalición del Gobierno sino la socialista. El único camino para Catalunya,

puesto que el poder no es un aliado, es el de la negociación.

Pero negociar no es conversar. Ni basta con preparar las bases de la negociación, e incluso tener razón,

si después no se negocia. La negociación es lucha, presión dialéctica, apoyo en los aliados, laboriosa re-

reconquista de su iniciativa y conocimiento de la táctica del adversario, que, en este caso, es Adolfo

Suaréz y algunos de sus ministros.

El sistema del Presidente Suárez

No se trata de enjuiciar los procedimientos políticos del Presidente, sino de analizarlos. Un año de gestión

pública nos da ciertos indicios de cuál es su fórmula pragmática.

a) El Presidente cede antes de que un problema se le pudra entre las manos. Se trata de concesiones a la

calle o a la opinión más que de concesiones a los políticos. ¿Ejemplos? La amnistía o extrañamiento de

los presos vascos con el fin de evitar que se repitiera la abstención electoral del referéndum. Cuando el

problema es más controlable, no cede si no hay ventaja visible en correspondencia; es el caso de las listas

electorales de la U.C.D. Es decir que Suárez cede o se impone, según interese o pueda.

b) En cierto periodo de tiempo antes de cada decisión, informa confidencialmente a sectores que pueden

ser conflictivos para el poder, llámense Ejército, Banca, Oposición, Iglesia, Grupos Sindicales,

Diplomacia... El conocimiento anticipado y privado los convierte, de alguna manera, en cómplices.

c) Suárez capitaliza sus éxitos, sin dejarse adormecer por los laureles. Lejos de exhibir sus victorias, hace

que éstas se sucedan tan rápidamente con la aparición de otros temas, que la crítica no llega a tiempo

porque los hechos nuevos desdibujan ya a los anteriores.

d) La sencillez con la que el Presidente ofrece sus logros al país, corno diciendo humildemente «el éxito

es del pueblo» desarma la envidia y la agresividad hacia el triunfador, pecado tan habitual entre los

españoles.

Si alguien piensa que este brevísimo análisis huele a maquiavelismo, repetiríamos con Azorín que

Maquiavelo no inventó nada, sino que se limitó a recoger las actitudes que los políticos venían

desarrollando desde siglos atrás.

El frente parlamentario pro-autonomista

La instalación de la democracia no puede desdibujar las fronteras que separan políticamente a amigos y

enemigos. Debemos saber quién está con nosotros y quién no.

Distinga Catalunya -tanto en el plano estratégico como en el táctico- entre aliados y adversarios. Son

aliados naturales los grupos autonomistas de Euzkadi, Galicia, el País Valencià, les Illes, Andalucía,

Canarias, etc. Incluso muchos parlamentarios de U.C.D. de estas regiones se verán obligados a responder

a las exigencias autonomistas de quienes les eligieron. Todo este apoyo moral -mutuo apoyo- no

existía en 1932 y, pese a ello, Catalunya obtuvo su autonomía.

A otro nivel, son aliados ideológicos de Catalunya los partidos del Estado Español por cuyos homólogos

ha votado Catalunya. Es claro que el mejor abogado que Catalunya encontrará fuera de sí misma debería

ser el que en términos británicos equivaldría a líder de la oposición de Su Majestad; es decir, Felipe

González.

Con todos estos posibles aliados los políticos catalanes deben propiciar la formación de un frente

parlamentario pro-autonomista, compuesto, a nivel de Estado Español, por segmentos tan varios y

numerosos como los apuntados. Y con esta mentalidad han de acudir al Congreso y al Senado desde el

primer día antes de que comience a redactarse y discutirse el primer artículo de la Constitución, aquel que

puede decir: "Los representantes del pueblo soberano reunidos en Cortes se constituyen en...".

Toda negociación entraña cortesía pero firmeza. Manifestar agradecimiento debilita en la negociación.

Hay que evitar caer en la trampa de creer que negociar equivale a negociar. Con el poder no hay que ser

razonable. De lo contrario, se entra en la dialéctica, del oponente y se hace difícil salirse del carril por él

establecido.

En todo este «estira i arronsa» de la negociación, los parlamentarios no pueden hablar en nombre propio,

sino en el de los que los eligieron. Tienen un mandato claro, el de la autonomía, y no pueden ceder. No

deben, por tanto, silenciar sus actividades ante quienes les dieron el escaño. La calle, «la força del ca-

rrer» exigirá información.

Terea Pàmies es consciente de que las promesas necesitan tener cumplimiento, cuando escribía el día 9:

"Vivim moments esperançadors, però f ora perillós de creure que un poble pot viure sempre d´esperança".

La sombra de las Municipales

Otras elecciones están cerca... Si para entonces no se ha producido «la devolución», ¿tendrá Catalunya

que recurrir -como en 1931- a unas elecciones Municipales para recuperar la Autonomía? ¿El mayoritario

voto republicanista de aquel entonces deberá traducirse ahora en un voto masivamente socialista?

Podría muy bien ocurrir que aquel viejo delirio unificador franquista de los años del «cerco», de «ni

blancos ni rojos, sino todos españoles», tenga a la hora de exigir la Autonomía -y solamente a esa hora,

por supuesto- una traducción verdadera en una masiva y unitaria presión en la calle en la que el poder

central no podría distinguir entre derechas e izquierdas, porque todos se sentirán catatanes.

En la primera fila de esa gigantesca manifestación -Paseo de Gracia abajo-, veríamos, reclamando la

devolución de la Autonomía, al marxista más radicalizado del brazo de la más encopetada marquesa

monárquica. ¿Nos falta tal vez ahora el Macià que vuelva a decirnos; Catalans!?. Lo que está en juego lo

ha advertido con serenidad Jordi Pujol: «España y la Monarquía necesitan resolver el problema catalán».

Mi análisis termina aquí.

«Los monárquicos que habían votado contra el Rey se frotaban las manos diciendo: «Buena rabieta tendrá

el Señor del Palacio de Oriente; la tenía bien merecida»... Este era el estado de espíritu que reinaba

en España la noche del domingo, cuando el resultado de las elecciones fue conocido.» Es un comentario

de Cambó fechado en 1931.

 

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