Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   ¿Por qué ese afán de convertir en ruinas todo lo que existe?  :   
 No deben echarse al cubo de la basura todas las pragmáticas anteriores sólo por el mero hecho de haber sido creadas en tiempo de Franco. 
 Ya.    05/06/1977.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

INFORM

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIA

¿POR QUE ESE AFAN DE CONVERTIR EN RUINAS TODO LO QUE EXISTE?

No deben echarse al cubo de la basura todas las pragmáticas anteriores sólo por el mero hecho de haber

sido creadas en tiempos de Franco

Querido director:

A mí me pasa aquí ¡o que * Bismarck con los renanos. Aun con las gentes que estoy ma* de acuerdo

discrepo en no pocas cosas, y coincido en no pocas aun con los que estoy más en desacuerdo. Tome

usted, por ejemplo, a los que ahora mismo, y ante el Congreso que ha de salir de las elecciones del dia 15,

abogan con tanto entusiasmo por qufí, relegando "ad calendas" la atenció» que exige,, la lucha contra la

inflación, el paro o tantos otros menesteres igualmente urgentes, los señores senadores y loa señores

diputados se pongan a discutir una Constitución nueva Je tó raya a la crus; o tome usted, por ejemplo, al

presidente Suárez.

Aunque no soy joven, yo no viví lo» tiempos de Cánovas V Sagasta. Excepto el que me hubieran podido

inspirar, sí hubiera sido de su tiempo, con loa dos grandes políticos de la restauración o, quizá después,

con Canalejas, no soy capan de imaginarme a político alguno español, desde la época de Carlos III, capas

de alentar en mí no sólo más respeto, sino mds adhesión, que los que en su corto Gobierno me ha

inspirado ya Adolfo Suárez.

Apruebo, apenas sin excepción, lo que el Gobierno de Su Majestad ha hecho en política internacional,

donde su habilidad y a» estilo han sido excepcionales y han transformado en respeto la hostilidad de

innumerables gentes y países. Apruebo su partencia y su sangre f ña frente al terrorismo, al que el mayor

beneficio que podría hacérsele e$ responder a tu provocación.

UNA INCOMPRÈS Si ULE ACTITU D

No hay apenas nada, en ftn, de cnanto ha hecho el Gobierno contra lo que yo pueda e/«var reproches

serios (aunque podría elevar algunos a cuenta de lo que na ha hecho), lo cual le distingue, en cuanto a mí

opinión, de ¡os gobierno» de la República y de los d« la dictadura. Pero, querido directorT yo ya he usado

de no poco del espacio qtig usted ton generosamente pone a mi disposición para dar rienda suelta a la

aprensión que me produjo la pora mí Incomprensible actitud de don Adolfo Suares colocando at margen

de la lucha electoral al Gobierno, lo que en *a historia de los avalares no tiene precedentes desde el pastor

qve quiso ser neutral entre tó* ovejas y el lobo. Esto primero.

Luego me he lamentado aguí hasta la saciedad de que el presidente Suárez pensara en no tomar «I mismo

parte en la lucha electoral obedeciendo al absurdo de que poner en la balanza sus éxitos pudiera no ser

equitativo para con los adversario». ¿Pero es que un je/e de Gobierno sólo puede tomar porte en las

elecciones ni antes ha fracasado*, me pregunté y le pregunté, querido director, a usted. ¿Qué clase de

lucha democrática es una lucha talt, agregué.

Ahora, y después que. afortunadamente, el préndente Suárez ha tomado la decisión de por lo menos

presentarse él mismo (aunque no puedan hacerlo lot ministros} a la» elecciones, oigo decir que, e»

cambio, no va a hacer pro par/a n ría de su candidatura ni hablar por televisión para defenderla.

La rasó» exffrimidtt por Mi que defienden tal abstención es que el prestigio, la haWtóid dialéctica y la

influencia a*l presidente son tan grandes, que ponerlos en juego resultaria discriminatorio p>trn aquellos

de sus adversarios que se presentan a las elecciones, pero no tiene» inflnenein. habilidad dio. léctica ni

prestigio, lo cual 9t quiere decir algo, quiere decir que ¡a democracia que pretendemos construir aquí e,t

una democracia de eunucos, a la que para que sea equitativa hay que empegar por privar de todo vigor y

méritó. ¿Eg t´.«í como se Quiere hacer uno España europea f

Supóngase usted que, porque habían ganado la guerra, Churchill no se hubiera presentado a las elecciones

del 25 de julio de 1945, o Roosevelt a las dt ocho meses antes.

Supóngase usted que porque los que le hoMan elevado al poder no ero el pueblo alemán, sino log

genéreles vencedores, Adenauer no hubiera concurrido a las elecciones en la Alemania de después de la

guerra, y con ello no sólo es puesta en berlina la objeción de que, porque lo ha ¿¿signado el Rey, Suárez

tiene que mantenerse insípido y neutral, lo que nos lleva de la mano al tema de 1« Constitución,

Claro que loa Leyes Fundaméntale* otorgadas por Franco no son, ni nadn que se le parezco., «na

constitución ideal y muchaa ae sus cosas hay que reformarlas o suprimirlas, algunos urgentemente e

indispensablemente. Pero i lo qtte vamos a hacer aquí es, primero, convertir en ruina» lo qué hiso Franco

para levantar después, sobre las ruinas, un edificio ideal y utópico ?

¡Nadie se htt parado a pea«or aquí, Querido director, que los dos mds grandes éxitos constitucionales

despttés de la última guerra, que son el aleman y el japonés, ferm sido redactados y adoptados no por

Cortes (constituyente o no) de los respectivos pueblos, sino que la constitución japonesa la redactó y se la

otorgó a los japoneses eí general americano MacCarthur, y la alemana fue escrita y promulgada bajo la

égida de otros dos generales vencedores, Montgomery uno y Eisenhower el otro?

IR RECTIFICANDO

Poco a poco los alemanes ha» ido rectificando desde que recobraron la soberanía, algunas cosas, y los

japoneses otras, pero a ninguno de los dos pueblos se le ha ocurrido aunque lo hayon fceeho

gener»destrair lo que funciona bien, les extranjeros y vencedores, f No se rige Francia todavía por la

Constitución que le otor~ gó De Gaulle y no han declara.

do que la respetarán los propio» Mitterrand o Marchaiss 8i alguna vez llegan al poder f En Inglaterra aún

hoy forman parte fundamental de la Constitución las leyea dictadas por los normandos que invadieron el

país hace más de noyectentOft años, y a nndie se le ocurrió, puesto que funcionaban y eran buenas,

derogarla* «Bo porque tos había dictado un invasor, *>

f Sólo porque han tido creadas en tiempos de franco vamos aquí a echar al cubo de ía basura todas las

pragmáticas, sean buena» o malas, y a Utnzarnoy desnudos a invenid´´ otra constitución, empezando por

los cimientos y acabando por el tejado, que nos haga a todos los españoles "sabios. beneméritos y justos",

querido director, lo cual puede sec, desde luego, u n propósito m«o»Ñfico, pero que también, desde

luego, «o puede negarse que es «n riesgo inconmensurable* ¿Nunca nos cansaremos de hacer castillos en

el aire, querido director?

Sé que atreviéndome >i trenzar estas reflexiones no vny menos contra la corriente q«*f iba cuando, de.tde

estas mismas páginas, pretendía poner del revés al entusiasmo que llevaba, a tuntas gentes en e.ite pttís, a

asumir que Hitler teuia ya ganada la guerra y los alitidos la tenían perdida, primero; a sostener después

que era mucha la fuerza que les faltaba a los rusos íademás de faltarles toda la razón p«ru apoderarse de

Europa: que no había otra política internacional que la de las Naciones Unidas, más tarde, yr por último,

que nuestro porvenir económico está en él Mercado Común. ¿Qué le voy a hacer si es mi suerte bailar

siempre con la que a lo» españoles jes parece la más fea f

Si «os lanzamos n inventar Una constitución mientras so inhibe de la lucha democrática el único gran

político que se ha revelado hasta ahora y el lobo de la inflación acosa nuestras puertas, yo, la verdad.

vuelvo a dudar de que de éste pueda hacerse un País verdaderamente europeo, y mi naturalesa, dominada

por el deseo de informar, reventaría si «» ío dijera, como parte de la tarea que me he impuesto « mí

mismo para hacer meditar a los españoles unte las elecciones.

De itfttfd affrtisimft amigo y servidor>

Augusto ASSIA

 

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