Autor: Giménez Caballero, Ernesto. 
   ¿Una sublime o terrible España?     
 
 ABC.    15/06/1977.  Página: 09. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

"Pero «I síntoma más alucinante de Ir quizá España hacia una religiosidad

´´"sublime", (...) es

esta acogida a antiguos y nuevos combatientes marxistas (...), esto perdón para

ejecutores

sociales de sangre, robos y asaltos..."

jUNA SUBLIME O TERRIBLE ESPAÑA?

¿VAMOS hacia una sublime España? À y Como, en sublime, Roma se convirtió

at perder definitivamente *u Imperio y quedar arruinada, fragmentada y amenazada

de

bárbaros. Porque ha llegado !a hora vaticinada por Quevedo a España: «Que lo que

a lodos les

quitaste solate puedan a ti sola quitar todos. ¿Vamos a una nueva espiritualidad

en esta

despojada España?

Síntoma de tal espiritualidad: el que nuestros Reyes vayan rindiendo homenajes a

históricos

antagonistas. Como los arábigos, aquellos del Medievo. Y como, en el XIX, los

denominados

«Libertadores de América en la liquidación de nuestro americano Imperio.

Mientras se acerca ia

hora —¡oh Majestades!— también comprensiva y superadora. hacia secesionistas

europeos,

a> modo de un Guillermo de Nassau, y se termina todo recelo hacia los Países

Bajos.

Síntoma otro de esa sublimidad cuando un domingo de junio hace dos años un

antiguo capitán

y jefa de los Requetés de Álava, y luego en la IV de Navarra, Arríenlo María de

Oriol, exclamó:

[Esto es reconciliación!, tras depositar una corona, unas palabras y un

padrenuestro sobre la

cota 481 —Targa—, terrible baluarte enemigo contra la cota frontera nuestra, a

pocos metros la

427, en el llamado Cruce de Cuatro Caminos, donde el Tercio de Montserrat alzara

una cruz a

sus propios caldos («als que aquí moriren», batalla del Ebro, entre el 25 de

julio y 16 de

diciembre de 1938...) "Esto es reconciliación!» Y aun cuando a los dos anos esa

reconciliación

no «vitó que tal capitán fuera secuestrado, si sirvió para que ese secuestro se

resolviera como

de manera milagrosa.

Pero el síntoma más alucinante de ir quizá España hacia una religiosidad

sublime", sobre todo

timo» o sentimiento terreno, es esta acogida a antiguos y nuevos combatientes

marxistas, esta

amnistía u olvido para poetas y escritores que incitaran a nuestro exterminio,

este perdón para

recientes ejecutores sociales de sangre, robos y asaltos...

i Extraño país España! ¿Quién acertará a definirlo? Porque de los españoles se

ha dicho a lo

largo de toda su historia que aramos «barbari et eferatl homines. Feroces

bárbaros,

antagónicos entre sf, troceadores da su pais, no ya en dos, sino en plurales

Españas. Et mismo

Menéndez y Pelayo, siempre piadoso y comprensivo con nuestro genio, hubo de

reconocer que

«algo v mucho de bárbaros tenemos nosotros en la sangre. Y Menéndez Pidal

recordó a

Estrabón y a! Códice Ovetense de 883 para lo mismo: la violencia» Ibérica.

Pero ¿quién se acuerda hoy de eso? ¡Sí se ha olvidado ya el tremendo Documento

reciente

que fuera denominado la «Causa general» de nuestra última contienda con sus

martirios,

exterminios y sacrilegios? i Cómo se van a recordar ios de nuestras guerras del

XIX, la

Implacabilidad vengativa de nuestro honor en el XVII, la cruel ortodoxia del XVI

frente a

heterodoxos... Y aquellas expulsiones de judíos y moriscos!

¿Quién rememora ya ejecuciones como la de Portier; la de Riego, en un serón; la

del

Empecinado, en una jaula; los ahogados de La Coruña. por Méndez Vigo; la vesanía

del conde

de España; las ejecuciones de un Cabrera; los fusilamientos det cura Santa

Cruz...?

¿Quién se espanta hoy de aquei calderoniano Lope de Almeida, que hasta incendia

su casa en

secreta venganza frente a un secreto agravio, o aquel médico de su honra, que

sacrifica a una

inocente en sus celos furiosos? O aquel Veinticuatro de Córdoba que, además de

su esposa,

degüella a todos los criados que la guardaban?

Pues, ¿y en lo tocante a la ortodoxia frente a desviaciones erasmistas y

protestantes? ¿Quién

trae a ta memoria aquel Juan Díaz que estudiara en París griego y hebreo, para

mejor entender

¡as Escrituras, y se convierte al protestantismo asistiendo a la Dieta de

Ratisbona en 1546.

escandalizando a los españoles allí presentes y. entre ellos, a su hermano

Alfonso, quien hace

a un criado suyo y ante él mismo tajarle la cabeza con un hacha?

Y ¿aquellos moriscos del XVII. que hasta el humanísimo Cervantes llamara perros

sin fe>? Y

¿aquellos judíos como el padre del universal humanista valenciano Luis Vives,

quemado vivo, y

tos huesos de su madre, también hebrea, Blanquina March, desenterrados a los

veinte años y

purificados por el fuego?

Pues bien; ante esta tradición milenaria de intransigencias vindicativas,

inmisericordes, ¿será

posible que España se sublimice, perdone y abrace al adversario? ¿Tendrá

espiritualidad

suficiente para comprender que, perdido todo, todo, su imperio y su Unidad aún

pueda renacer

en Forma universal, iniciando la revolución que el mundo espera: esa de la

«Sublimidad»,

precisamente?

Y ante este vislumbre habría un nuevo dato —estremecedor— si actualizásemos una

remota

leyenda: La comparación de mérito*» ante Dios, donde lo humano se hace divino. Y

que

revelara Menéndez Pidal al indagar las fuentes de E! condenado por desconfiado,

de Tirso de

Molina.

Como tal vez sepáis, en ese drama teológico de Tirso, un bandolero, Enrico gana

el cielo con

más méritos que el ermitaño Paulo, porque, a pesar de sus fechorías, nunca dudó

de la piedad

de Cristo, como —ai fin— dudarla el eremita, condenándose. ^ Los orígenes de tal

drama se

remontaban B M a la India del Mahabharata, en que un cazador y carnicero,

profesiones allí

maldigas, vence en piedad al Braman Kausika, porque mientras éste, por salvarse

egoístamente, abandona a sus padres, míseros y ciegos, el carnicero honra a los

suyos de

rodillas y extasiado. Esta piadosa leyenda transmigrarla a las literaturas

hebrea, arábiga y

cristiana a través de la peivi y fa sasánida. Y ya en la Tebaida adoptó, en vez

del carnicero, un

libertino y ladrón, pero piadoso; fuente ya inmediata de nuestro «Condenado por

desconfiado».

(«No desconfíe ninguno / aunque grande pecador / de aquella misericordia / de

que más se

precia Dios.»)

Pero con resultar «sublime esta redención humana por la fe ¡aún quedaba otra muy

superior!

Increíble. Casi divina. Puesto que el propio San Pedro, bajado del cielo, fue,

el que la

descubriera. |Y «en tierras de Avila»! (Precisamente las del presidente Adolfo

Suárez, y no lo

cito en vano.) Y narrada a Menéndez Pidal por un viejecito abulense de Burgondo:

Erase el tiempo en que el Señor andaba pidiendo por la tierra con San Pedro,

"Seño!" .Maestro

¿Habrá en el mundo alguno que le quiera más que yo?" "Sí hay, Pedro. Vete,´ a

ese pueblo de

al lado y verás a un carnicero de mal humor y peores palabras." San Pedro fue,

le pidió limosna

y no le hizo caso. Pero al terminar su trabajo le dijo: "{Vente conmigo a casa!"

Y le llevó del

brazo. "Con usted, buen hombre, no tengo que guardar secreto." Y entró en un

cuarto donde

habla un hombre ya mayor y mal encarado. Lo lavó, lo aseó, lo mudó de ropa y,

sentándolo en

sus rodillas, le dio de come todo lo mejor que tenía. "Será su padre —pensó San

Pedro—. Y

entonces el carnipero le dijo al santo: "Este hombre mató a mi padre! Y te

buscaban para

ajusticiarle. Pero yo me lo traje a casa para tenerlo en lugar de! padre a quien

ya no podía

recobrar." San Pedro, aturdido, se despidió y se volvió a Jesús: "Señor, he

visto a un hombre

muy mato y muy bueno." Pero Jesús le respondió; "No la lengua, el corazón del

hombre es lo

que mira Dios."»

Pues bien: «¿Hay explicación más sublime ante el acato que hoy recibe un

Santiago Carrillo, el

que dicen que mató a muchos padres de hijos que hoy estrechan su mano?

¿Puede un pueblo presentar un ejemplo más insigne de sublimidad? ¿De sublimidad

española?

Porque si no fuera así, sino sucia política, ia España que viene no serla la

nueva Roma

evangélica que espera el mundo. Sino un país a extinguir, una muerta geografía,

aunque se la

utilizara económica y tecnológicamente como indumento de penetración en tierras

que antaño

fueran suyas. Una España terrible.

Porque si no fuese asi, sino política sucia, soto quedaría una última salvación

todavía. Como

aquella cuando los sarracenos de Almanzor, en 987, llegaron hasta e) Sepulcro de

Santiago y

arrasaron todo, menos a aquel penitente en oración que a falta de campanas,

robadas por la

morisma, hizo retumbar su voz y corazón por toda la Cristiandad. As! quizá

mañana, cuando

irrumpan nuevas hordas a pulverizar las tumbas heroicas de nuestros caídos en un

valle que se

haría de lágrimas, (quién sabe si otro alma allí arrodillada no encendería, con

la llama de su

voz, una nueva fe en lo que no puede perecer, sino resucitar: (España! Terrible

sublime

España.

Ernesto GIMÉNEZ CABALLERO

 

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