Autor: Aparisi, Antonio. 
   Las estructuras de la Enseñanza Media     
 
 Pueblo.    12/06/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Las estructuras de la Enseñanza Media

DESTACÁBAMOS en nuestro artículo ante rior la llamada de atención que supone el considerar la baja

tasa de escolarización que ofrecen nuestras Enseñanzas Medias. Que en España esa juventud que se

mueve de los quince a los diecinueve años acusé solamente una tasa de escolarización del 27 por 100 es

grave y precisa encontrar remedios urgentes. Si de 100 muchachos, en la mejor edad de la vida, cuando

mayor partido se puede sacar a su formación futura, sólo 27 reciben enseñanzas, quiere ello decir que 73

acceden a la vida activa con tan pobre bagaje cultural —a lo sumo el de una corta enseñanza primaria

que, más que contribuir, han de frenar toda expansión económica y, lo más importante, la adecuada

promoción social.

Pero el problema, es todavía mas grave si prestamos atención a las estructuras de esa Enseñanza Media.

Utilizando la división que establece la Unesco, y que considera dos grandes grupos de enseñanzas, dentro

del nivel de las denominadas "medias": Enseñanza Media General (Bachillerato clásico) y Enseñanzas

Profesionales o Técnicas, nuestro actual censo de alumnos responde a los siguientes porcentajes:

Enseñanza Media General, 72,53 por 100; profesional y: técnica, 27,47 por 100. Total, 100 por

100.

En una tabla de diez países europeos estos porcentajes del 72 y 27 son tan desproporcionados que sólo

Grecia—la mas desproporcionada de la tabla—, con un 81,20 y 18,80 por 100, respectivamente, acusa el

problema con gravedad parecida a la nuestra. Las continuas recomendaciones de los organismos que

sintieron preocupación por estudiar la estructura dé las Enseñanzas Medias dieron su fruto, y así, vemos

cómo la tendencia de los últimos años ha consistido en incrementar los estudios profesionales y técnicos,

acomodándose al signo de nuestro tiempo. Alemania es país que figura a la cábeza en el porcentaje de

enseñanzas prófesionáles, pues mientras éstas le absorben el 63,33 por 100 de su censo escolar, ha

reducido al 36,67 por 100 las del Bachillerato clásico; Italia, Bélgica, Djnamarea, Rusia, .Holanda, etc.,

tienden a equilibrar. Mientras que Francia —que hace años se planteó el mismo prob1ema que nos

otros—sigue acusando un desnivel a favor del Bachillerato, clásico de corte humanístico y sus esfuerzos

son tenaces para acortar esas distancias, que estiman frenan su expansión. Si nos limitáramos a señalar

defectos y nos cruzáramos de brazos, nuestra postura seria negativa. Bueno es que el medico sepa

diagnosticar. Pero ¡ay del enfermo si, junto al médico qué diagnostica, no encuentra al que sabe aplicar

los remedios necesarios para la curación!... Y que un sistema que podría dar óptimos resultados, que

mejor prepararía el camino para conseguir ese aumento en la tasa de escolarización de las enseñanzas

medias de tipo profesional, puede ser la prolongación de la enseñanza obligatoria hasta los catorce

años, es medida que nadie pone en duda porque ahí radica, precisamente, lo que en el campo educativo

de la orientación profesional —último período escolar, primario—nos tendría que preparar esas

promociones de jóvenes trabajadores que hoy acceden a la vida laboral sin haber recibido los

conocimientos, elementales si se quiere, pero imprescindibles para ocupar puestos calificados que la

industria española está pidiendo a voz en grito.

Al señalar objetivos educaciónales para 1970 vimos que el incremento escolar en la Enseñanza Media

general —pasar de índice 100 en 1960 a índice 188 en 1970— supone aumentos del 88 por 100 Basta

conocer la curva de tendencia que estos estudios ofrecen en los últimos años, y no es aventurado suponer

que sin gran esfuerzo los objetivos podrán ser alcanzados, ya que la sociedad española está predispuesta a

incrementar estos estadios. Ahora bien, la enseñanza profesional y técnica, con un índice de

escolarización fijado en 100 para 1960, dijimos —estas conclusiones no son; nuestras, sino resultado del

curso-coloquio sobre "Planteamiento integral de la educación"— qué tendrá que alcanzar en estos dos

lustros el índice 1.133, lo que equivale a un aumento del 1.033 por 100. Si repetidas veces hemos

indicado que ya hoy en día para movernos en paridad con países europeos tendríamos que multiplicar por

cinco las actuales cifras de alumnado profesional y técnico, no nos puede sorprender que con objetivos a

diez años vista, el coeficiente corrector tenga que ser diez para que, de manera tan revolucionaria, cambie

la estructura o esquema de unas Enseñanzas Medias que se nos. han quedado demasiado estrechas.

Y tendríamos que considerrar un último aspecto que forzosamente juega papel decisivo en todo plan de

desarrollo, ya sea éste económico o cultural. Nos referimos a la financiación del plan, que en el campo

cultural han de realizarse cuantiosas inversíones, es afirmación en la que todos coincidimos. En el curso-

coloquio al que tantas veces hemos aludido se razonaba que el porcentaje que supone el gasto público en

educación política y cultural en España, en 1960, en relación con la renta nacional del mismo año es el

2,24 por 100, cifra inferior al porcentaje medio que dedican a gastos de educación los países de la zona de

la O. E. C. E. con el 3,21 por 100, y mas ínferior todavía al de la actual O. E. C. D., que es de 4 por 100.

Fijemos como término comparativo otros países que se salen de la órbita europea y que son significativos:

Canadá, con el 3,72 ; Rusia, con el 3,74; y Estados Unidos, con una cifra récord del 4,53 por 100.

Señalados los objetivos para 1970, aquella cifra de 1.771.573 alumnos en enseñanzas profesionales y

técnicas sólo podrá alcanzarse si en los planes financieros se asegura cobertura adecuada para los dos

conceptos de gastos siguientes:

Gastos corrientes, 6.800 mi llones.

Gastos de inversión, 55.100 millones.

Quizá a mucha gente le parezca exagerado hablar de miles de millones a invertir en educación. Nuestra

España de fines del pasado siglo y principios del actual no estaba acostumbrada a tratar los problemas

educativos con proyección ambiciosa y dimensión internacional; un estudio de nuestros presupuestos y de

las cifras que durante años se vinieron figurando para el Ministerio de Instrucción Pública justifican —o

mejor dicho, explican— los bajos índices de renta, productividad, etc., que con un esfuerzo loable se

intenta corregir.

Por dos vertientes distintas se ha llegado recientemente a cifrar estas inversiones futuras, en materia de

educación. Y cuando en los estudios del curso-coloquio se daban para enseñanzas profesionales y técnicas

las cifras que hemos dejado indicadas de 55.100 millones como gastos de inversión, obsérvese que en el

II Congreso Sindical, celebrado hace unos meses, para este mismo concepto se daban los 30.000 millones,

que no es cifra baja, si, en un concepto educacional de mayor amplitud, la Comisión del Congreso estimó

que a los 30.000 millones sería preciso añadir otros 42.000 para educación en general.

El tema es sugestivo; podrán ponerse objeciones, discutir criterios, analizar cifras y señalar cauces para

que este proceso de radical tránsformación de la enseñanza cubra sus objetivos, pero lo que si es

indudable es que en ésta última etapa se han realizado estudios que suponen una aportación que hemos de

calificar como altamente valiosa para el planteamiento del problema educacional en toda su amplitud.

Antonio APARISI

 

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