Autor: Madariaga y Rojo, Salvador de. 
   Comunistas, marxistas, socialistas, leninistas y otros istas     
 
 ABC.     Páginas: 2. Párrafos: 22. 

PRIMERA PAGINA:

COMUNISTAS, MARXISTAS, SOCIALISTAS, LENINISTAS Y OTROS ISTAS

NO deja de tener sus bemoles que, cuando se sienten criticados, los comunistas

contestan firmándose

marxistas. Se argüirá como aquella galleguiña que mandaron sus amos a buscar

cola y volvió a casa con

un rabo de buey cola o rabo, todo e un. Pero esto es precisamente el busilis;

¿son o no son idénticos el

comunismo y el marxismo?

Mi observación inicial parece sugerir que no; que de serlo, no les importaría a

los comunistas criticados

defenderse como tales comunistas en vez de eclipsarse detrás de las espesas

barbas de Marx.

Pero, se volverá a argüir, Marx, con Engels, es el autor del famoso manifiesto

comunista, de modo que...

Subsiste una pregunta. ¿Por qué, si no hay diferencia, tiende el comunista a

defenderse como marxista?

Al fin y al cabo, en nuestra misma España, hay muchos marxistas fuera del

comunismo. Por algo será.

La diferencia, a la vista está. En tiempos de Marx, marxismo y comunismo todo

era uno, y aún sobre eso

algo habrá que decir dentro de un rato; pero hoy, cuando un comunista discute

con un marxista, la

diferencia es bien concreta: el comunista está por lo que se hace en Rusia; y el

marxista puede estarlo o

no.

La diferencia tiene un nombre exacto. Lo que se lleva en Moscova no es el

marxismo sino el marxismo-leninismo, que en tiempos de Stalin y aún después,

hasta las sensacionales revelaciones de Jruschef se

llamó marxismo-leninismo-estalinismo. De modo que el comunista que se niega a

aceptar la etiqueta revela (sin declararlo) que no es un mero marxista sino un

marxista leninista, lo cual, desde luego, oculta.

El problema, pues, parece ahora el separar el marxismo a secas del marxismo-

leninismo. ¿Y usted qué

sabe de marxismo?, me preguntan unos comunistas disfrazados de marxistas. Pues

muy poco. Tanto como

los marxistas, y el propio Marx, que, como es sabido, declaró una vez no ser

marxista. Hace años que

enseña este misterio un sabio marxista en la Escuela Normal Superior de París,

sin que

el conocimiento de lo que es de verdad el marxismo haya progresado gran cosa. Y

tan difícil es el tema

que hubo en Budapest largos años un filósofo marxista, llamado Lukacs que afirma

que yo era el último

estalinista que quedaba; que ya es afirmar.

NEGATIVAMENTE, sin embargo, algo se puede decir, si no para definir el marxismo,

al menos para dar

algún rasgo del uno y del otro que permita separar al marxismo del marxismo-

leninismo.

El marxismo predica que la emancipación de los obreros sólo puede venir de los

obreros mismos;

mientras que el leninismo, como Lenin lo declaró y practicó, creía que habla que

forzar los obreros a

libertarse a fuerza de puntapiés donde se suelen dar estos golpes.

Como si esto no bastara, el marxismo vino a ser, con Marx, la doctrina oficial

del socialismo

revolucionario; mientras que Lenin liquidó el socialismo revolucionarlo ruso

mediante el socorrido

sistema del tiro de revólver en la nuca.

En estas circunstancias, la tendencia de los comunistas, cuando se sienten

atacados como tales, a defenderse llamándose marxistas, callando precisamente el

leninismo asesino, adquiere un aspecto siniestro.

El marxismo quiso emancipar al obrero iluminándolo para que él mismo se

emancipara. El leninismo ha hecho retroceder la evolución del pueblo ruso a

tiempos tales que, en punto a libertad, son mucho peores que los peores del

zarismo. Estas causas, esta verdadera vergüenza de lo que el leninismo añade al

marxismo, es lo que hace que el comunista criticado se defienda como marxista;

porque, lo que es como comunista (es decir, como leninista) no tiene defensa

posible.

NO es otra la "causa de los demás subterfugios que el comunismo emplea para

engañar a la opinión Incauta (incluso a no pocos sinceros marxistas). Me

refiero a los comunistas disidentes y a ese invento nuevo que desean lanzar

ahora: el eurocomunismo.

Lo de los comunistas disidentes requiere aclaración: ¿son los de verdad o los de

mentirijillas? Los de verdad son Sajarof, Solzenitzin, Bucovsky y tantos otros

que se declararon en franca y valiente oposición

al Partido Comunista ruso y tuvieron que pagar su valentía con los calvarios que

ya conocemos. Los de mentirijillas son los Marcháis, Berlinguer, Carrillo y

tantos otros que quieren que creamos que no piensan

como el partido ruso. Se distinguen de los de verdad en que no están más que en

oposición aparente, mero ardid de guerra para mejor vencer. ¿Cómo vamos a creer

que estos sedicentes disidentes disientan de verdad cuando se tragaron el

asesinato de Nagy y Maleter en Budapest en 1956 y el rapto de

Checoslovaquia por Brezhnef y su fuerza aérea el 68? Por mucho que se quieran

pintar la máscara con los colores nacionales, sabemos que llevan máscara, y que

su supuesta disidencia es mero disfraz de guerra.

Por lo tanta no nos dejamos engañar.

El eurocomunismo es otro siniestro carnaval. Del europeismo de los comunistas

estamos ya enterados por

los repetidos rechazos que la idea de federar a Europa halló en Moscova desde el

primer día.

Gradualmente los amos de Rusia fueron cambiando de opinión. La fórmula estaba

clara: el occidente

federa y el oriente lo come ya bien aderezado de federalismo.

Ya conocíamos los hábitos federalistas de Rusia. Consistían en someter a los

países por la fuerza del

ejército ruso y quedarse con su independencia, riqueza y porvenir con el

pretexto de federarlos. Si no cumplían con las órdenes de Moscova, ya sabemos lo

que decía Stalin; liquidar los Gobiernos regionales y llevar a los pueblos

enteros a Siberia.

LO que no nos dicen estos marxistas que nos hablan de «eurocomunismo» es si

están o no están conformes con lo que pasó en Budapest en 1956 y en Praga en

1968; y si saben o no qué quiere decir marxismo para Dubcek; y por qué se

tuvieron que llevar los rusos a las afueras de Praga la tumba de Palack, el

estudiante que se suicidó para" no ver a su patria reducida al rango de

colonia, y qué pasa con los socialistas en los países allende el telón de acero

y si están de acuerdo con el telón de acero y por qué no lo llaman eurotelón de

acero, ya que al fin y al cabo corta a Europa en dos desde el Mar del Norte

hasta el Mediterráneo — ah, y por qué se defienden como marxistas cuando los

critican como comunistas.

Por lo visto están acostumbrados a polemizar con palabras vacías que siempre se

pueden llenar de ideas también vacías para que no pesen más. Pero estos temas

tienen por base, densidad y peso, la libertad personal de cada europeo y la

libertad nacional del país a que pertenece y es absolutamente evidente, sin que

ni lo que es el marxismo o lo que significa el Premio Nobel de Neruda o la

familia del Moro Muza, que Rusia es el único paraíso de donde está prohibido

salir so pena de que le pegue un tiro a uno la policía y que media Europa está

avasallada en lo político y empobrecida en lo económico por la fuerza bruta del

Ejército ruso, de modo que un día Europa puede considerarse no sólo como

comunista disidente sino como adversaria mortal del comunismo, ya sea este

comunismo ortodoxo, oficial, disidente o «euro».

En una palabra, no se trata de quién sabe más del marxismo sino de

actitudes político-morales concretas: de si el que habla o escribe está de

acuerdo o rechaza como criminal la anexión por la fuerza bruta de media

docena de repúblicas europeas y la privación total de libertad infligida a sus

ciudadanos; de la construcción de un muro hermético que corta Europa en dos; de

la matanza de 10.000 oficiales polacos en Catín; del asesinato de Maleter y Nagy

en Hungría y de la invasión de Checoslovaquia el 68: de esto y de otros muchos

crímenes políticos es de lo que se trata. Los comunistas de cualquier «ismo» que

sean están o no están de acuerdo con una acción tan perseverantemente inhumana,

¿sí o no? De esto se trata.

TODA nomenclatura política implica inevitablemente un elemento de lo que

piadosamente podríamos llamar publicidad, señuelo para atraer incautos. (Por

ejemplo, la abundancia de la palabra popular en los títulos de los nuevos

partidos) . No vayamos, pues, a acusar a los comunistas de caer en un defecto

que es tan general. Con esta reserva que apunto de buen grado en su favor,

hay que recordar que en los partidos que aspiran a darse por favorables a la

clase obrera hay una rica gama de etiquetas: los socialistas no marxistas que

se suelen llamar social-demócratas por mote traducido (mal) del alemán; los

socialistas marxistas no comunistas, los comunistas marxistas-leninistas, que

son los de la obediencia rusa, los maoístas que, muerto Mao, Dios sabe cómo

se llamarán, y quizás algunos más que no recuerdo.

Si traigo a cuento esta lista es para hacer constar que si es verdad — como

alegan ahora muchos que se dicen comunistas disidentes— que el comunismo de los

países occidentales quiere afirmar su independencia de Moscova, no se comprende

muy bien por qué siguen llamándose comunistas. Con cambiarse el nombre y

llamarse socialistas estaría resuelto el problema. Pero mientras un partido se

siga llamando comunista, por muy disidente que se adjetive, el público

continuará considerándolo como instrumento más o menos disfrazado de la

Unión Soviética. Por otra parte, es necesario insistir en que, desde Lenin,

comunista quiere decir enemigo a muerte del socialismo; como lo prueba el hecho

de que en ningún país dominado por la Unión Soviética se tolera ningún otro

partido que el comunista y están, desde luego, expresamente prohibidos todos los

partidos socialistas.

Por lo tanto, nosotros, los meros observadores, tenemos derecho a dar por seguro

que el liberalismo aparente de los comunistas occidentales de hoy es mera

postura táctica para ver de conquistar el poder engañando a los electores; y

que, una vez logrado el poder, procederían a la liquidación del socialismo y de

los socialistas.

Salvador de Madariaga

Él eurocomunismo es otro siniestro carnaval. Del europeísmo da los comunistas

estamos ya enterados por los repetidos rechazos que la idea de federar a

Europa halló en Moscova desde al primer día. La fórmula estaba clara:

el Occidente federa y el Oriente lo come ya bien «toreado de federalismo»,

escriba el ilustre académico Salvador de Madariaga, que vuelve a esta

Primera Pagina con un terna ya abordado en un articulo de amplia repercusión:

«Toda nomenclatura política — dice en otro momento el escritor

liberal — implica inevitablemente un elemento de lo que piadosamente

podríamos llamar publicidad, señuelo para atraer incautos. (Por ejemplo, la

abundancia de la palabra popular en los títulos de los nuevos partidos}».

 

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