Autonomía universitaria     
 
 Ya.    17/03/1967.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

YA 17 de marzo de 1967 Editoriales

AUTONOMÍA UNIVERSITARIA

UN régimen de plena autonomía demandan, entre las conclusiones de sus jornadas de estudio en

Zaragoza, los profesores universitarios pertenecientes a la Asociación Católica Nacional de

Propagandistas con motivo de la tan anunciada reforma de la Universidad española.

Este criterio autonómico aspira a ser pleno y total. Es decir, se considera que la Universidad alcanza en

nuestro país la suficiente madurez para funcionar por sí misma, sin tutela más o menos directa del Estado,

en todos los aspectos fundamentales de su vida institucional. De este modo— y vale la pena presentar

esquemáticamente el cuadro de la autonomía — se postula, en primer término, la libre iniciativa para la

creación de universidades; a saber, la libertad de enseñanza. rectamente entendida, por cuya virtud

cualquier corporación privada responsable puede fundar centros universitarios. Se aspira, en segundo

lugar, a que esos centros públicos o privados determinen por si propios los limites de la docencia,

gozando de libertad didáctica para la elaboración de los planes de estudio y para la colación de los grados

académicos con valor profesional. Se pretende que no queden ligados al poder público en la esfera

administrativa, esto es, seleccionan y designan, a través de sus órganos rectores, al personal docente y al

encargado de sus gestiones funcionales. Manejan e invierten los fondos propios de cualquier procedencia

y formulan sus presupuestos, estipulando las tasas indispensables. Se gobiernan, en fin, por sí mismos,

eligiendo de su propio seno las autoridades académicas, cuya promoción o cese depende de la soberanía

de los claustros, que dejan de ser meros órganos asesores para constituirse democráticamente en autoridad

colectiva responsable.

Este panorama de ambiciones autonómicas no es nuevo en nuestro país. Fue ya intentado en el plan Silió

hace casi medio siglo. Se buscó entonces, como se busca ahora, romper el molde uniformista, eliminando

en mayor o menor grado la intervención del poder público en la ordenación de la vida universitaria y

procurando que un estímulo de noble emulación suscite iniciativas y éxitos diferenciales conducentes a

romper el marasmo e iniciar un amplío progreso.

MAS ¿ha llegado en verdad la hora de una evolución profunda en este sentido? ¿Está en realidad madura

la Universidad española para un ensayo autonómico de tal envergadura? Parece indudable que hay que

salir del estancamiento, cambiando por lo pronto el concepto de la Universidad como "alma mater"

docente. Se precisa una institución que pueda enseñar y educar a una juventud no minoritaria, como la

que ahora acude a las aulas. Se requiere un órgano creador de ciencia y de cultura que se abra más a la

sociedad, para que ésta, a su vez, se abra más a la vida universitaria y la ayude económicamente. Se

necesita, en suma, un ayuntamiento de maestros y escolares, no anacrónico ni vinculado a arcaicos

prejuicios, sino joven y a escala de los tiempos nuevos, con la agilidad y el dinamismo propios de la

renovación promovida en todos los órdenes de la cultura.

Hemos, pues, de pronunciarnos por el sistema autonómico. Bien entendido que a través de un proceso

prudente de debidos escalonamientos. Quizá el fracaso del ensayo de Silió fue motivado por la

brusquedad del cambio y la falta de preparación adecuada en los elementos participantes. Resulta así

aconsejable una implantación gradual de la autonomía, sobre la base de la estipulación bien meditada de

condiciones mínimas tanto en lo didáctico como en lo jurídico, en lo administrativo y en lo financiero.

Sólo de este modo, conciliando la audacia renovadora, congruente con la actitud exigida por el momento

actual, y la prudencia ineludible en el buen gobierno, puede alcanzarse la tan deseada revolución positiva

de nuestras trasnochadas instituciones universitarias.

 

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