Autor: Morcillo Herrera, Aquilino. 
   ¿Será posible la paz?     
 
 Hoja del Lunes.    30/05/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

30 >fo mayo >fo 1977 — PAGINA I

¿SERA POSIBLE LA PAZ?*

ESTAMOS an píe n o periodo electoral. Es como «i ettuviéfamos dentro de un túnel. Hasta »l 15 tfe junio

no podremos ver la luz. Yo oopffo en que esa luz pueda iluminar la realidad nacional en este momento

decisivo. Nos encontramos a la salida de una ti« las tres grandes ocasiones en que loe gobernantes

recibieron al país en blanco, sin hipotecas ni graves intereses creados. La primera, la de Fernando VIl al

final de la guerra de la Independencia, fue una gran ocasión perdida. La inestabilidad y la* constituciones

se suceden al compás de los vaivenes del péndulo político y un francés, Teófilo Gautier, viajero por

España, ve en una plaza el rótulo de Plaza de la Constitución. Y comenta; esto es una Constitución en

España: una pellada de yeso sobre granito. La segunda gran ocasión es la de la España que recibe

Cánovas. Comprende que la monarquía naciente no se puede apoyar sólo en él y busca la alternativa de

Sagasta para dar a España veinte años de paz en la calle, al través del caciquismo y por medio del

encasillado. El mal perdura al través de este siglo sin que la monarquía sepa abrirse a las nuevas fuerzas

sociales que empujan desde abajo y que en su avance piden un puesto al sol. La tercera gran ocasión es la

de Fraco al final de la guerra. El país estaba esquilmado. Pero en blanco. Larraz alza su voz para pedir

una leva sobre el capital con carácter fundador de un nuevo orden social. Nadie le hizo caso.

Politicamente los atisbos de apertura fueron pronto cerrados bajo siete llaves como el sepulcro del Cid. En

octubre de 1974 todavía altísimas autoridades .negaban hasta la existencia de las derechas y las

izquierdas. No se quiere sacar las consecuencias de las promesas contenidas en la Ley Orgánica y en la

Ley de Prensa. Y el fundador del régimen cierra los ojos con la ilusión de que todo estaba atado y bien

atado, cuando la realidad es que saltaban todos los nudos a las primeras de cambio. La visión política del

futuro había fallado por completo. Muchos errores se han cometido entonces y después. Pero no es el

momento de hacer historia sino de mirar hacia adelante.

El enigma que ahora tenemos planteado, en una situación gravísima en el orden económico, no es otro

que el de nuestra convivencia; el de saber si alguna vez podremos contrariar la constante pendular de

nuestra historia contemporánea. El mismo Azaña, poco antes de su muerte, ya dijo que lo que había

pasado en España se podría repetir, mientras los españoles no abandonaran su espíritu de violencia

apasionada. Debo decir que una vez más el pueblo brilla a una altura superior al de su clase política. Creo

que los españoles ignoran en este orden lo que tenemos que agradecer al Rey. De no haber sido por sus

golpes de timón en momentos decisivos no sabemos cómo podrían estar las cosas. Pero a él no se le

puede pedir más. Son los políticos quienes deben esforzarse para que no se pueda seguir diciendo aquello

de "¡qué buen vasallo si oviera buen señor!" Yo lo pondría en plural y hablaría de buenos señores.

Y esos buenos señores deben decirnos, con claridad, cómo resolverían los graves problemas políticos y

económicos de esta hora. No valen los programas teóricos. Nos tienen que decir lo que harían "aquí y

ahora" y "cómo". Eso es estar a la altura de las circunstancias. Lo demás es "palabrería

pura. Yo improvisé haca días en un programa televisado una frase que he visto que ha hecho fortuna. Dije

que no se pueden hacer programas políticos al estilo del que yo podría formular diciendo que el Gobierno

debía regalar a cada ciudadano un Mercedes y, además, que saldría por las calles a repartir pasteles. Esto

lo consideré algo peor que un engaño. Lo considera una estafa.

Estamos en una encrucijada histórica. Y en medio de una tormenta económica. Enfrentarse con la

posibilidad de hacer viable la convivencia nacional y evitar la bancarrota es obra de estadistas* no de

siemples políticos maní* obreros y personalistas. Han de tener sentido de la moderación y de la

realidad 1 con ideas claras no sólo sobre medidas coyunturales sino sobre la reforma de las

estructuras económicas y sociales que no pueden ser la obra de un día. Con tristeza oía la otra noche la

información que me daban de una reunión de políticos importantes de un partido de cuyo nombre no

quiero acordarme. Hablaban de que estas elecciones no eran su momento. Pero después, nada de acuerdos

para que se pudiera gobernar. Guerra a muerte, era su fórmula. Así se agravaría el desastre y las

elecciones siguientes serían suyas. Y quienes esto decían no eran del partido comunista. Hay otros con

menos sentido de lo que su patria les pide. Esos políticos están a más baja altura que las masas de que

hablaba Ortega y Gasset que, "preocupadas por su bienestar sor*al al mismo tiempo insolidarias de ese

bienestar**. "En los motivos que la escasez provoca, dice Ortega, suelen las masas populares buscar pan,

y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías." Más grave es el caso de que sean los dirigentes

quienes erijan esa conducta en programa político.

Por esto dije que para ver la luz que puede alumbrarnos necesitamos salir de este túnel electoral con

objeto de saber si hay un número suficiente de líderes capaces de recoger el reto de las generaciones

pasadas y de oír la voz presentida de las generaciones futuras que nos preguntan si volveremos a tropezar

en las mismas piedras o seremos, por el contrario, capaces de redención.

Se habla mucho de democracia. Hay quienes no se han dado cuenta de que la democracia exige unas

condiciones: compromiso político entre autoridad y libertad, compromiso social entre seguridad y

libertad, temperamento político fácil a la transacción, acabando con el fatídico "todo o nada", que

constituye un gran defecto de nuestra idiosincrasia nacional. Comprendo lo que decía Benavente: es más

fácil poner de acuerdo a todo el mundo que a una docena de españoles. Y las minorías rectoras tienen

ahora la piedra de toque para saber si están o no a la altura de lo que los tiempos exigen de ellas. Tanto en

el orden político, en el que hay que abrir cauce auténtico a la convivencia nacional, como en el gravísimo

problema económico, que no es sólo una amenaza futura, sino una realidad presente. Y esto no se

resuelve ni con extremismos ni con insolrdaridades. Yo conffo en que a la salida del túnel del tiempo en

que nos hallamos nadie tenga qu» volver a escribir que "no fue posible la paz".

AQUILINO MORCILLO HERRERA, actual consejero delegado de Redacción O* EDICA, 8. A., nace

en Granada el 27 de octubre de 1918. Es uno de loe periodista* espa* ñoles con mayor prestigio y más

Influencia en la profesión. Muestro de periodista» en toda la noble acepción de la palabra. Cursa el

bachillerato en el Instituto de Granada y obtiene por oposición el premio extraordinario en ei examen de

reválida, Estudia Derecho en la Facultad granadina, y su tesis doctoral sobre 1a prensa y el Estado e*

galardonada por la Facultad de Derecho de Madrid con el premio extraordinario en el doctorado.

Redactor, redactorjefe y director de "Ideal", de Granada—cargo que ocupa durante quince año*—, pasó

en 1953 a dirigir "Ya", de Madrid, en cuyo nuevo puesto demostró las formidable* condiciones de gran

director de periódicos. En 1074 fue elegida para ocupar la vacante de don.Alberto Martín Artajo como

consejero-delegado de redao* clon de la empresa. Fue profesor de Derecho de la Información en la

Escuela Oficial de Periodismo y en la Escuela de Periodismo de la Iglesia. Premio Balme* a la direo*

clon de diarios y f rao cruz del Mérito Civil.

* La aparición de loa origínalas solicitados de esta antología breve, de este "quién ea quién" en el pe*

riodismo eepañol actual, será por riguroso orden de llegada hasta nosotros, Naturalmente, HOJA. DEL

LUNES respeta y acoge las Ideas d« «u« ilustres co labor actores, aunque es obligado añadir qu« el

periódico no «e iolidariza necesariamente coa ella*.

 

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