Autor: Moncada, Alberto. 
   La universidad como empresa     
 
 ABC.    24/09/1969.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

A B C. MIÉRCOLES 24 DE SEPTIEMBRE DE 1969.

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

LA UNIVERSIDAD COMO EMPRESA

La tesis principal de Servan Schreiber en su "Desafio americano" es que el éxito de la inversión U.S.A. en

Europa no se debe tanto a su potencia económica cuanto a su buena organización, Y los europeos, de

mejor o peor gana, estamos ahora en el proceso de imitación de esas técnicas organizativas, si no como

panacea del desarrollo, sí como su presupuesto y condicionante.

Las tesis europeas más conocidas que tratan de resolver el polifacético problema universitario—Ley

Faure, en Francia; "Repport Robbins", en Inglaterra, etc.—incluyen entre sus recetas una alusión a la

necesidad de dar un enfoque empresarial al gobierno y a la administración de las Universidades. En línea

similar está la actual política española de educación, expuesta üiiclalmente en eZ "Libro blanco" y ahora

concretada en el proyecto de nueva ley general de Educación y de Financiación de la Reforma Educativa.

Resulta de lo más interesante observar el formidable esfuerzo público y privado que el sistema educativo

americano lleva a cabo para resolver, entre otras muchas, la compleja tarea de conseguir que tengan

acceso al "compás" los cerca de siete millones de jóvenes americanos que forman hoy la población

universitaria en Estados Unidos. Leyendo sus libros, visitando los lugares y conversando con los

protagonistas se llega a la conclusión de que la, raíz del indudable éxito no está en el dinero, que

comparativamente también anda escaso, sino en el rigor con que los hombres de la .organización se

enfrentan con las cuestiones y tratan de darles solución en ese clima tan propicio a la escucha, al

intercambio de ideas, a la critica y al trabajo en equipo que es el mundo americano.

Al hacer esas "importaciones mentales", a las que uno es proclive cuando el problema también lo tiene en

casa, lo que más llama la atención es la resistencia del "establishment" académico europeo y, más

concretamente, del español, « distinguir entre la docencia y el gobierno universitario.

Da la impresión de que se acepta como verdad incontestable que porque una persona sabe Bioquímica,

Historia o Derecho civil y lo lleva enseñando unos años se encuentra ya en posesión de la habilidad

necesaria para manejar tata Universidad.

Una Universidad media, con seis u ocho mil alumnós, ochocientos profesores, cien empleados, cincuenta

hectáreas de edificios y un presupuesto de quinientos millones de pesetas, necesita ser dirigida por

personas que tengan condiciones y no sólo aficiones de administrador.

Como lo prueba el ejemplo americano, que un empresario se acostumbre al manejo de una empresa tan

peculiar como la universitaria, es mucho más fácil que convencer a un científico de que administrar no es

adjetivo, sino sustantivo.

Siguiendo el paralelismo, cabe decir que los problemas universitarios habituales, como son la cuestión

estudiantil, el régimen del profesorado, las cuestiones de orden, la buena distribución y ejecución de un

presupuesto siempre aso, la relación con la sociedad y los poderes públicos, etc., adquieren más serenidad

y un mejor cauce cuando a la cabeza de la institución hay hombres no académicos.

Conseguir esto es difícil. Hay países en que de momento es legalmente imposible. Aparte de que en el

tema está implicada la famosa cuestión de la autonomía universitaria, cuya naturaleza sigue aún siendo

borrosa.

De todas maneras, pienso que el asunto merece meditación y diálogo en un momento en que lo

universitario es tema cada vez más público y en que se empieza ya a estimular la conducta del

contribuyente, con el argumentó de que es preciso allegar recursos para la educación.

Recursos, sí, cuantos más mejor, pero bien administrados.—Alberto MONCADA.

 

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