Temas universitarios. 
 La dignidad y la función social del magisterio     
 
 ABC.    09/06/1964.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. MARTES 9 DE JUNIO DE 1964.

ABC

EDITOR1AI. PRENSA ESPAÑOLA

TEMAS UNIVERSITARIOS

Depósito legal: M • 13 • 1958

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LA DIGNIDAD Y LA FUNCIÓN SOCIAL DE MAGISTERIO

Hemos publicado en las semanas últimas varios editoriales sobre el tema gene,ral de 4a Universidad

española de hoy. En ellos hemos ido tocando diversos^ aspectos parciales, con un único propósito central

y .constructivo. Otros periódicos, , por su partej también han acogido en sus páginas artículos p

informaciones sobre idéntico tema. Señal inequívoca de la importancia y de la actualidad de éste.

Por nuestra parte—conscientes de los numerosos matices de tan compleja problemática-—, hemos sido

partidarios de abordarla sin generalizaciones—que con frecuencia son inexactas para lo particular—y por

eso le estamos dedicando numerosos comentarios. Es claro que lo hacemos sin ánimo preconcebido de

adulación ni mucho menos de acrimonia, ante tina institución como la Universidad, que es el eje

diamantino de la vida intelectual de un país. En nuestra actitud subyace desde el primer momento el

vibrante deseo de que la Universidad española esté a la altura de su gran misión, tanto frente al presente

como frente al futuro de nuestra Patria.

Hemos aludido a casos concretos—no determinados por nosotros—de asignaturas, cuyo porcentaje de

suspensos—o de inasistencias a clase de los titulares—desborda lo que a cualquiera puede parecerle

normal. ¿Es lo dicho aplicable a la colectividad entera? En manera alguna. En todas las profesiones se han

dado en un momento u otro casos desagradables. Es bien sabido que algunas colectividades profesionales

tienen previstas medidas administrativas de orden interior para desviaciones concretas, y eso, lejos >ie ir

en desprestigio del sector profesional correspondiente, le ayuda a pulir los quilates de su brillo en la

sociedad.

De la dignidad y de la alta función social que al profesor corresponde en la vida colectiva, hemos dicho

ya cosas bien explícitas en nuestros editoriales anteriores. Las subrayamos ahora con mucho gusto,

porque el propósito que a ABC le anima es de justicia y de bien común.

Es evidente que durante todo el siglo ´ultimo —la España contemporánea— la .Universidad ha producido

y albergado a un porcentaje altísimo de los españoles más ilustres, y de los que más han contribuido a

elevar el nivel científico, profesional, intelectual del país. Por lo que al momento presente respecta, es

patente también que la Universidad española —sin olvidar ninguna de sus deficiencias—tiene una "élite"

de profesores que están científicamente a la altura de las mejores Universidades del mundo.

Con referencia a la totalidad del conjunto, será justo asimismo subrayar que a una institución académica

no puede medírsela—no la ha medido nunca A B C— por la minoría de esos profesores que faltan a

clase, sino por la abnegación, el ejemplo y la dedicación —a veces en condiciones nada fáciles—de la que

tan ilustres ejemplos hay en la tradición universitaria de la España contemporánea.

Nos complace destacar que la función social de ejemplaridad que al maestro compete, y en la que estriba

su propia dignidad en cuanto tal, es tan cierta para los demás sectores sociales, que reflejar ante éstos los

problemas de aquélla es asunto que no pasa inadvertido.

Las formas de vida que durante el siglo pasado exteriorizaban la dignidad académica y su repercusión

social—un modo de vestir, de hablar, de dirigir las lecciones teóricas, dé desarrollar las solemnidades

académicas—., han dado paso en nuestra época a procedimientos menos engolados. La defensa de una

tesis doctoral, por ejemplo, en él paraninfo de la Universidad de Alcalá, o de la de Salamanca, debía ser

una fiesta universitaria rodeada de más etiqueta que el acto sencillo y casi trivial que hoy cumple misión

idéntica. Sin embargo, esto no es indicio de trivialización institucional, sino reflejo de un camino que han

seguido innumerables tradiciones formales.

En suma—y sin perjuicio de abordar más adelante algunos otros aspectos concretos de la praxis

universitaria de hoy—: hemos querido que este editorial sea testimonio expreso de justicia para las

numerosas individualidades a cuyo comportamiento no son aplicables las deficiencias señaladas, y

también declaración reiterada de respeto y estimación hacia la Universidad entera de España.

 

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