Autor: García Jiménez, Jesús. 
 Una nueva frontera. 
 La educación permanente en España     
 
 Informaciones.    21/05/1975.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

UNA NUEVA FRONTERA

La educación permanente en España

Por Jesús GARClA JIMÉNEZ

EL, problema de la educación permanente en España e o n s tituye, a mi modo de ver, e] problema

número uno de nuestro sistema educativo. Soló la educación permanente, es capaz de salvar del naufragio

total a los sistemas educativos. Durante varios siglos, éstos han sido un resumen ecléctico, mal digerido;

de teorías pedagógicas incompatibles.

Presionados desde la revolución industrial por las demandas, crecientemente complejas de la economía,

se han mostrado casi exclusivamente como aparatos abigarrados de capacitación para el trabajo y se han

visto aquejados por la ratina y la esclerosis burocrática. El derecho cerrado de la ((certificación

académica» y del «reconocimiento oficial», único que surtía efecto en la cotización real de la vida social,

habían introducido en la educación, de hecho, un fácil elemento de domesticación política del

pensamiento, la imaginación y las habilidades humanas. La segunda mitad del siglo XIX impuso la idea

de que la educación del hombre es una tarea, que se limita a su infancia y adolescencia. Se constituyó así

la base de una estructura de carácter autoritario, que se vio reforzada por la influencia que la Iglesia y el

Estado ejercieron sobre la enseñanza. Fruto de hecho de una acción de predominio social, el sistema

educativo, que impedía toda participación creativa y crítica y toda forma de autonomía en el desarrollo

cultural, aparecía como discontinuo y terminal. La escolaridad era considerada como un todo preparatorio

para la vida activa y, .por consiguiente, cuando ésta comenzaba, I o s estudios habían perdido su razón de

ser. El chico, con sus maletas más o menos cargadas de conocimientos (casi siempre menos que más),

tenía que apearse del tren y vivir la vida a trancas y barrancas, porque el equipaje, que la escuela le había

dado, tan pronto como abría sus maletas, comprendía que era inútil. Natural: la escuela no era la vida. Al

fin y al cabo, no era sino una preparación para ella.

La industrialización y la aceleración del cambio social nos han enseñado, sin embargo, que lo importante

es vivir, que sólo el que vive sabe y el que no, no sabe nada. Al apearnos, nos hemos encontrado con que

eí tren de la vida camina más deprisa que el tren dé la escuela. Todo equipaje se ha hecho inútil, vano

todo proyecto. No ha habido más remedio que allí, en el apeadero mismo, volver a montarse en el tren

cansino y repensar, el modo de saltar al tren de la vida. Esto, que la vida no es, pero se parece a un tren,

ya lo había visto el viejo Zenón de las «aporías». Pero lo que ahora importa no es filosofar, sino salvar el

tipo. Parece que algunos trenes, como el de España (dicho sea en descargo de la Renfe), avanzan más

desesperadamente hacia el futuro. Si la educación ha de servir para algo, es para saber saltar del viejo

mercancías de nuestros quebrantos e instalarnos en un nuevo tren en marcha con toda la vida por delante.

Subirse en él es cambiar nuestro concepto de la vida. Sabíamos que la vida era una experimentación para

los sabios y un ensayo para los artistas, pero no sabíamos que la vida debe ser eso siempre y para todos.

Vivir conscientemente la vida no es sino vivirla como un proyecto permanentemente mejorable, tensar el

arco, pisar mejor el traste, subir el bordón. Y esto no es «reformar» (voz horrible).

INNOVACIÓN

Algo enteramente nuevo debe ser creado. Una ley de «reforma» educativa suena a algo tan horrendo

como la «reparación» oe una sinfonía. Nuestra ley en este aspecto ha echado el resto. Es una ley de

«financiamíento y de reforma», una especie de «asociacionismo» de la educación. ¿Por qué tendremos

este obstinado empeño por la cacofonía oficial? No. Hoy cuentan las leyes de «innovación» educativa;

leyes para un público de «happening», que llama de tú a los catedráticos. Todo esto es lo que persigue la

educación permanente. Esta ley de educación de nuestros sudores (sudaron los que la aprobaron, sudan

ios que la" aplican y están sudando, sobre todo, los que la cumplen) habla, en efecto, de la educación

permanente.

(Pasa a la pág. siguiente.)

EN MATERiA DE EDUCACIÓN PERMANENTE

Cualquier disposición oficial sería inútil

(Viene de la pág. 1ª)

Me atrevería a decir que no solo habla de ella (artículos 9.°, 12, 43, 44, 45...), sino que la incluye como

uno de sns elementos característicos (artículos 16, 17, 18, 21, 22, 30, 40...). Pero aquí precisamente está el

problema. La educación permanente no puede ser un elemento más, por importante que parezca, para

lograr una reforma de nuestro sistema educativo; ha de ser un concepto innovador y globalizador, al

hilván del cual hay que reprensor lo educativo y hay que «innovar» su sistema. Este, que es el verdadero

punto neurálgico, es una carta que la ley se guarda.

Sin una estrategia de amplio espectro en la manga, pero que si no la suelta ya, Va a llegar tarde, porque el

juego se acaba. Estamos ante un asunto netamente político. El artículo 43, hablando de la «educación

permanente de los adultos» dice que el Ministerio de Educación y Ciencia «regulará las enseñanzas

cuando sea procedente».

Nuestra modesta opinión es que, resignándonos a esa pretensión un poco ingenua de que la educación

permanente pueda entrar en vigor mediante una «regulación de enseñanzas» por parte del Ministerio,

visto el sesgo de los acontecimientos, tal «regulación» sería ya muy procedente. T nos parece que sería

procedente, porque no creemos que el problema sea nada fácil y que una mera normativa de orden

académico vaya a dar todo su contundencia a esa carta, que está por jugarse en nuestra ley.

La educación permanente es un espíritu, un estilo, un nuevo «savoir faire-savoir penser». Y no será, por

tanto, el Ministerio quien lo inaugure, sino la total sociedad española. Pero nuestra sociedad se resiste a

hacer permeables sus estructuras. Las empresas no creen en la investigación, los ejecutivos no admiten

que pueda ser altamente rentable la inversión en formación de personal, si ello obliga a frenar el ritmo de

una producción inmediata, los investigadores temen que la mística de laboratorio pueda, contaminarse

con el humo de las fábricas, el profesor cuida la raya del pantalón y piensa que es una falta de respeto

hablar de fútbol con los alumnos y todos pensamos que a quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga.

En tal situación cualquier disposición oficial sería inútil. Falta primero una estrategia de amplio espectro,

encaminada a vetar cualquier intento gratuito de predominio administrativo y a abrir paso a una. política,

que venza la inercia de las instituciones, favorezca la cooperación de los espíritus, la integración de los

medios y haga del desarrollo cultural un objeto de «conciencia c o m unitaria», ejercida desde la

contribución de Jos sectores oficiales y privados. ¿Utópico, no? Sí, tan utópico como querer tomar el tren

de las cuatro, merendando tranquilamente en ia pradera.

 

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