Autor: Perea, Josu. 
   Nervacero seguirá     
 
 El País.    16/07/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

TRIBUNA LIBRE

Nervacero seguirá

IOSU PEREA

El sábado pasado, en cuanto el señor Abril Martorell terminó de exponer las increíbles condiciones que

exigía a los trabajadores de Nervacero para la concesión a la empresa del crédito gubernamental, tres

compañeros del comité, airados por la provocación que encierran aquellas condiciones, se levantaron de

la mesa y abandonaron la reunión. El señor vicepresidente no pudo reprimir entonces una frase que retrata

fielmente al personaje, al Gobierno del que forma parte y a la política que sigue contra los trabajadores:

«Algunos compañeros», dijo, «no parece que tengan mucha capacidad de carga».

Sí, para el señor Abril, y para el Gobierno del que forma parte, los trabajadores somos bestias de carga

que deben aceptar mansamente, y hasta con agradecimiento, las medidas ántiobreras que nos echan

encima.

Durante estos ocho meses hemos aprendido sobre las múltiples presiones que tratan de reducirnos a la

condición de bestias de carga.

Gobierno, patronal, partidos de la derecha vasca y estatal, algunos medios de información..., se han

esforzado por echar la culpa del descalabro financiero y económico de Nervacero á nuestros «altos

salarios». Han tratado de recubrirnos con la máscara de la insolidaridad con otros trabajadores y de

fomentar la insolidaridad de ellos para con nosotros; se ha hecho demagogia abusiva con nuestros salarios

y se han difundido cifras fantásticas. Los trabajadores manuales de Nervacero tenemos en la actualidad

salarios, que oscilan entre 65.000 y 70.000 pesetas brutas al mes, superiores a algunos del sector e

inferiores a otros. En 1978 tuvimos un aumento salarial alrededor del 22%; en 1979, alrededor del 16%;

desde noviembre de 1979 sólo hemos percibido 325.000 pesetas cada uno. Nuestros salarios no son los

culpables de la crisis de Nervacero y, si hoy alcanzan las cifras señaladas, mucha lucha nos ha costado.

A nuestro pretendido «radicalismo» también se le achacara la situación de la empresa. En realidad, si de

algo hemos pecado los trabajadores de Nervacero, ha sido de «moderación» y de ingenuidad. En

diciembre de 1979, guiados por la ilusión de que así conseguiríamos conservar los puestos de trabajo,

firmamos un acuerdo con la empresa comprometiéndonos á aceptar la instauración provisional del cuarto

turno, la limitación al 8% de los crecimientos salariales para 1980 y otras medidas perjudiciales para

nosotros. Se nos planteaba esto como exigencia para la obtención de créditos; pero tales créditos no

vinieron y poco a poco se nos iban exigiendo concesiones cada vez más draconianas, mientras seguíamos

en la calle y sin cobrar los salarios adeudados.

Ahora esa campaña de difamación y de desprestigio de los .trabajadores de Nervacero se recrudece.

La verdad es que nosotros nada tenemos que ver con la crisis de la empresa. Nervacero, señor Abril, sé ha

levantado con nuestro esfuerzo y a costa de nuestra explotación. Y, si Nervacero ha entrado en crisis, ello

se debe exclusivamente a una gestión empresarial dominada por el afán desmesurado de lucro y por la

improvisación; se debe también a ese tremendo negocio empresarial dé la acción concertada, con base en

los fondos de los contribuyentes, tan generosamente repartidos por la Administración a los empresarios

del sector.

Y ahora ustedes quieren pasarnos la factura.de algo con lo que nada tenemos que ver. Quieren «sanear» la

empresa y el sector —es decir, quieren colocarnos en situación de saneados beneficios empresariales— a

costa de despedir a los trabajadores y de rebajar nuestros salarios.

El señor Abril Martorell nos exige que admitamos cuantos despidos considere necesarios la dirección de

la empresa, la reducción de los salarios al nivel monetario de 1978, la implantación del cuarto turno, la

eliminación de las conquistas sociales, la paz social... Nos exige que nos comportemos cómo bestias de

carga, dóciles y sumisas: a cambio de ello habrá crédito extraordinario para la empresa.

Pues no. Los trabajadores de Nervacero no nos vamos a reducir a esa condición. Vamos a seguir de-

fendiendo nuestros derechos y, eso sí, con todo el «radicalismo» que haga falta.

Esfuércese usted, señor vicepresidente del Gobierno —y con usted todos los que maliciosamente o no le

secundan en esa tarea—, por tratar de sembrar la insolidaridad con Nervacero. Ese es su papel y está bien

que se vea claramente. Como está bien que se vea que ese es también el papel de un Gobierno

vascongado hermanado con los intereses capitalistas y enfrentado a los trabajadores.

Por mucho que se esfuercen, no van a conseguir su objetivo.

Nervacero les duele porque empieza á ser ejemplo. Nervacero es ejemplo de resistencia y de lucha contra

una política antiobrera que no encuentra otra solución frente a la crisis que el aumento del paro y el

empobrecimiento creciente de la población trabajadora. Nervacero les duele por eso.

Nervacero les duele porque anima a siderúrgicos y no siderúrgicos, a los obreros vascos, a los jornaleros

andaluces y a toda la clase obrera a rebelarse contra un Gobierno y contra unas instituciones que una y

otra vez se vuelven contra los trabajadores. Nervacero les duele porque, precisamente por ´ eso, es

profundamente solidario con sus hermanos de clase.

Sigan ustedes haciendo demagogia antisolidaria. Nuestra lucha, por sí sola, basta para echar abajo sus

intentos. Señor Abril: su Gobierno caerá y la lucha de Nervacero aún se mantendrá.

Editorial en página 6

losu Perea es militante de EMK y secretario del comité de empresa de Nervacero.

 

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